Sinopsis de la obra El Olvidado Imperio Natdzhadarayama de Rómulo Pardo Urías

En un territorio distante acontece un evento que convulsionará los cimientos de una sociedad. El Imperio Natdzhadarayama es gobernado por la familia Natdzhadarayamamita cuya principal labor es promover actos tumultuosos y de festejos, generar políticas pragmáticas dinámicas para evitar la acumulación originaria y gobernar los territorios que se extienden desde la cordillera Lee Wu Hong hasta la ciudad de Mineí.

La emperatriz se encuentra realizando un viaje diplomático y en su camino se detiene en un sitio donde habrá un festejo. Ella interrumpe el evento de celebración de forma abrupta, desencadenando así el inicio de los últimos días imperiales. En esta ceremonia participaría un carnicero que a raíz de los sucesos se ve envuelto en una serie de aventuras que le conducen a la formación de un ejército muy peculiar con el fin de descubrir y conquistar los confines territoriales del Imperio.

Paralelamente un investigador del siglo XXX presenta sus opiniones, juicios y documentos, en los que explica y detalla los motivos y circunstancias de la desaparición del Imperio Natdzhadarayama a partir de la conjugación de los factores internos de la caída imperial y los relativos a una invasión interplanetaria. Él nos conducirá por su vida y su formación, sus primeras lecturas, la muerte de su madre, su ingreso a los estudios de historia interplanetaria y los momentos que marcan su trayectoria como investigador y académico de la civilización Natdzhadarayamamita.

En un ir y venir en el tiempo, las aventuras del carnicero están marcadas por una misteriosa mujer que lo sigue ciegamente y que se vuelve la inteligencia de su ejército, aunque la fortuna le depara a este villano y su agrupación un desenlace sorpresivo.

Finalmente, por circunstancias adversas la emperatriz no puede continuar su viaje diplomático. Así mismo se encuentra en un estado frágil de salud. Por este motivo deberá resguardarse de incógnito en un poblado, sitio donde permanecerá sin ser identificada y vivirá en la clandestinidad hasta que una sorpresa la haga huir del lugar y saber que algo terrible ha ocurrido en el Imperio Natdzhadarayama.

Trailer de preventa de mi primera novela El Olvidado Imperio Natdzhadarayama

Estimados lectores, estoy haciendo una preventa de mi primera novela, próxima a editarse, El Olvidado Imperio Natdzhadarayama. Les dejo el trailer por si gustan verlo y contribuir a esta causa. Para más información pueden escribir a codicebabel@gmail.com

 

Si un día

Lo piensas, constantemente, te detienes. Intentas argumentar a favor o en contra. Nada consigues. Es ridículo creerlo, esa obsesión truculenta, ese instinto refrenado, eso ego capturado. Cada mañana te levantas, haces tus ejercicios matutinos, desayunas ligero, evitas el café, te duchas, tomas tu bicicleta, vas a trabajar. Al medio día, en el lunch, notas que a Gabriela le gustas tanto como a Magda, pero evitas ser directa. Tarde o temprano tendrás que darles el sí, quizá a una o a las dos. Como toda ejecutiva llevas falda y traje sastre. Has olvidado lo que es el sexo y desde que conociste a Natalia, esa que te abrió las piernas y te chupo los pezones, no paras de imaginar lo que sería una Gabriela o una Magda en tu poder.

Una tarde, ya de horas extras, Magda pasa a tu oficina. Lleva el botón de la camisa desabotonado. Te comenta que quiero mostrarte los avances de un proyecto. Tú pensabas en irte ya, sobre todo para no volver de noche con tu bicicleta. Adelante, puedes pasar, contestas. Entonces Gabriela sale de tu oficina y te comenta, volveré en un momento. De pronto, zaz, tu pesadilla erótica vuelta realidad. Ahí están Magda y Gabriela para presentarte los avances del proyecto. ¿Dudas acaso que no quieran coger contigo? A ver chicas, ¿es más extenso el proyecto?, les preguntas después de media hora. Estás húmeda, pero sobre todo contenido. No puedes olvidar los pechos de Natalia en tu boca, pero haces un esfuerzo por no parecer erotizada. ¿Podríamos ir a cenar a alguna parte? Replica Gabriela. Todo confabula. Está bien, tómense el día de mañana, cenamos hoy juntas y me muestran sus avances, volveré a casa en taxi. Todo en orden.

Acabas de subirte al tercer taxi de la noche. En la parte trasera Gabriela, Magda y tú. De pronto las copas ya son notorias. Muy buen proyecto chicas, excelente propuesta, pero falta algo. Entonces aprovechas el silencio, el suspenso generado. Les voy a dar una orden y si la cumplen seguimos si no las veo el viernes. Ese miércoles habías postergado tu regreso al gym después de una lesión y ahora estabas fogosa y atrevida. Desabróchense los tres botones de arriba  y muéstrenme sus pechos. Gabriela no lo piensa, incluso toma tu mano, que vas en medio de las dos, y te la pone en su seno. Magda se acerca y te dice: llevo meses queriendo besarte. Todo va bien. El conductor del taxi de pronto voltea por el retrovisor y no da crédito. Todo está en orden. Son 160 pesos. Pagas el taxi y las tres bajan en tu casa. Adorable tu gata las recibe en el visitador, se adentran en el pasillo y entonces das rienda suelta a tus instintos. Todos tus años de represión afloran en un trío inmensamente erótico, divertido y sensual. Hasta que olvidas todo y te precipitas: escuchen chicas, yo las amo, yo las adoro, no perderán su trabajo. Y Gabriela te ve con complicidad, y Magda te ve con complicidad, y tú ahí, masturbándolas. Pasan las acrobacias y los esfuerzos. Finalmente eres feliz, aunque mañana tú si vayas a trabajar y Gabriela y Magda no.

Vicios de mi lenguaje

El de estafar al verso

con métricas inexistentes

por si las rimas no tuvieran

un eco gris de ritmo vulgar.

Repetir pleonásmicamente

palabras, acometer y romper

los argumentos estéticos,

como verbalización vulgar, decadente,

principio finito de tristes cacofonías.

Escupir a la hoja en blanco,

que es esta pantalla, para aplaudir

mis mediocres prosas… galimatías sonoro

sin excusar mis faltas ortográficas.

¿Cómo puedo creer saber algo

si dentro de mi no existen los del canon?

Por si eso fuera poco mi cabeza,

este escusado mental,

compone artificios que saben peor

que un ostión crudo. Mierda… olvido siempre

que es mucho menos la disciplina que el tacto

porque mi sentido consonántico, esperpéntico,

silábico, esta descompuesto por ideaciones

intransigentes con el aliento del sujeto lírico.

Pamplinas. ¿A quién le importan mis caprichos?

Oración

No busqué a Dios

busqué a sus hijos

y encontré miseria

encontré corrupción

encontré excusas

pretextos de papel y tinta.

No busqué tampoco en las letras

sino en las ideas y los pensamientos.

Dios no estuvo aquí

cuando los imbéciles decían su nombre,

cuando lo usaban de excusado,

cuando fingían la bondad

y por detrás quemaban niños y mujeres.

No, a Dios no busqué porque lo hubiera encontrado.

Busqué en sus hijos. De ahí nacieron mis infiernos.

Viejo

El repique de los años

construyó un muro

de aceite y resina,

muro ténue pero firme,

como tormenta y nubarrones.

La vida es constancia decidida

pero los arrecifes del amor

yerguen una pócima exacta.

Encubierta la madrugada de la infancia

somos primitivas imágenes de otras

personas, sembramos y cultivamos

momentos y notas de despedida

porque en el fondo nutrimos nuestra voz

con simplezas: un helado un domingo,

alimentar a las palomas en el parque,

escuchar nuestra canción favorita,

contar un cuento a un niño. Y todos somos

como una fuente de agua tibia

donde nos bañamos cuando tenemos

tristezas y decepciones. ¿O es acaso

que el silencio navega nuestro interior

para dotarnos de sueños irrealizables

que cumplimos cuando amamos locamente?

No existen ni álgebra emotiva

ni química del fracaso,

quizá sí un residuo

de nombrarnos, sabernos, tocarnos,

como las huellas en la playa de la existencia.

Así conquistamos nuestros pasos

para incendiar nuestro último aliento

con las flores perennes de la vida.

 

Y yo

Mi país se pudre

y yo escribo,

ni contra algo

ni para alguien,

escribo.

Una dialéctica rota

llamada modernización

rompe a mi país,

y yo fumo, porque deseo morir

joven, porque no creo en el futuro,

ninguno para mi ni para otros.

Mi país, mi mundo, mi realidad,

se pudre, enmohecida entre

sanguinolentos charcos de almas,

y yo camino esquizofrénico,

trozo y despojo de un siglo XX,

porción devaluada del presente.

Mi planeta se inunda de residuos

y yo pienso que la existencia

nunca fue hecha para ser feliz

y que la vida no es una sonrisa.

Escribo mientras otros son asesinados,

pienso para no ser oído, para no ser

escuchado, camino, con mi condición

psiquiátrica, luchando, y yo noto,

distingo, que vivo fuera del tiempo

socialmente construido. Toda ruindad

mi fantasía expurga, pero soy sólo

una basura que respira CO2

con el fin de un día

no poder pagar la quimioterapia.

El número después del 42

La lógica implícita a toda búsqueda urbana parte de un conocimiento más o menos cercano de la realidad empírica de la ciudad. En sí, todos sabemos muy bien de qué forma debemos conducirnos en un lugar que desconocemos. Inclusive pensar en extraviarse en un sitio extraño es uno de los principales temores cuando vamos  viaje. Lo que cuenta es el instinto de supervivencia.

Caminaba aquella tarde por un barrio de Ámsterdam. Tomaría un tren que me llevaría hasta Berlín. Estaba todo listo. Eran las 18:49 horas y me esperaba un viaje en clase turista. Eso me hacía pensar en la notoriedad de mi acento mexicano y peor aún, considerar que debía hacer algo con mi bolsa de chiles de árbol que introduje clandestinamente en mi viaje a Europa. Todo iba bien. Tenía cerca de 4 horas para despedirme de la ciudad de los burdeles, la marihuana y los canales. A mi parecer había sido grato estar ahí, conocer el museo de Ana Frank y el de Vicent Van Gogh, andar en el recorrido por los canales, visitar Madurodam, tomar cerveza, ir a las coffee shop, pasar con dos o tres chicas en los burdeles y conocer la vida nocturna. Todo había sido bastante acorde con mis intenciones iniciales de empezar mi viaje europeo por el sitio de los diques. En una de esas noches conocí a una chica llamada Katherine que vivía en un barrio cercano a la estación de trenes. Me dirigí directamente a buscarla a Grote Wittenburgerstraat #42, con la firme intención de comer algo con ella en un Pub cercano y de tomar una cerveza. De esa forma estaría cerca de la estación de trenes y podría al menos pasar un último momento grato. Pero falta la sorpresa más áspera de la tarde. Cuando me dirigía al sitio un par de junkys me asaltaron. Murmuran algunas cosas entre sí, me despojaron de mis pertenencias, incluido mi pasaporte y boleto para viajar, dejándome conmocionado y con un fuerte dolor de estómago después de algunos golpes que me propinaron. Por fortuna no había salido con todo y había dejado en mi maleta del hotel mis tarjetas bancarias. Pero se habían llevado mi pasaporte y mi boleto, lo cual era bastante grave. Sorprendido y sin saber qué hacer decidí proseguir en mi búsqueda de Katherine. Llegué a su casa, toque su timbre y aguardé una respuesta. Katherine abrió, me saludo sorprendida y en un inglés pulcro me invitó a pasar. Le conté que había sido asaltado y que había perdido mi boleto y mi pasaporte, que tendría que suspender mi viaje y hablar a la embajada mexicana. Ella se mostró dispuesta y solícita a ayudarme. Pero tendría que pasar otras tres o cuatro noches en Ámsterdam indudablemente. Entonces Katherine me dijo que podía quedarme con ella. Todo fue muy de prisa así que en vez de ir a cenar y por las cervezas nos fuimos por mis cosas al hotel. Me sentiría más seguro, pensé, y podría hacer todo con más calma. Lo que no esperaba, tampoco, era que ella intentará comprometerme a pagarle con sexo mi estancia. Titubee por un momento pero no parecía algo tan malo. Sería divertido pensé.

Después de el cambio a su casa todo fue una vuelta tras otra. Entre cervezas, marihuana y posiciones sexuales, Katherine y yo pasábamos la noche. Comimos algo de salmón frito, papás y espárragos con mantequilla. Ella calló dormida y cuando estaba a punto de hacerlo también escuche en la pared del departamento de al lado un rumor que crecía crepitante. Wat ben je aan het doen? decía una de las voces en un holandés que para mi era accesible. Geef mij hier dat paspoort replicó la otra voz. Todo era muy extraño, especialmente por el aumento de volumen en la discusión. € 800 niets mis dijo un tercero. Todos parecían hombres. Decidí,en lugar de conciliar mi sueño, acercarme al balcón y ver si podía saber algo más de este trío. Sospechaba que se trataba de los junkys rateros y quería estar seguro para hablar a la policía. Sin embargo, Katherine se despertó bruscamente. Le dije que había escuchado a unas personas hablar en holandés en el departamento de al lado hablar de un pasaporte y de 800 euros. Creía, proseguí, que se trataba de los junkys que me habían robado aquella tarde. Katherine me abrazo por encima de los hombros, me estrechó a su cuerpo y me dijo: no pongas mucha atención, ellos saben que estás aquí. Su declaración fue un golpe a mis intentos de denuncia. Estaba perdido. ¿Seguramente eres su cómplice? le dije. Ella asintió pero agregó: son mis cómplices porque te necesitaba junto a mi. Me pareció sorprendente, aún más. Le pregunté si me devolverían mis cosas. Respondió que ahora no habría forma de que yo escapara de sus manos. La confabulación había surtido efecto y mi vida parecía perdida. Te usaré algunos meses, me dijo, y luego venderé tus órganos. Violentamente me la sacudí de los hombros, la aventé a la cama y comencé a vestirme. Eso era una pesadilla, que podría ponerse más grotesca y atroz. Pero cuando me había vestido los sujetos de al lado ya estaban en el departamento. Me amordazaron y ataron a la cama, me inyectaron algo, creo que fue heroína, y Katherine comenzó a desnudarme de nuevo. Tuve una erección y de inmediato ella comenzó a utilizarme como su juguete. Estaba aturdido y quería escapar, pero no tenía alternativa. Tuvieron que pasar 8 semanas para que la policía me encontrará, tirado, en un basurero, cerca de Distelweg. Habían logrado atrapar a Katherine y sus amigos. En la embajada me trataron de maravilla. Los hombres eso eran bisexuales y a mi me esperaban 5 años de terapia psicológica. Nunca regresé a Europa y doy gracias de no haber perdido más que un ojo y uno de mis riñones.

Holding any meaningless wind?

Who cares about the infinity

or the deep blue sky?

No one climb the mountain

to reach the pure oxygen

and we are not animals,

we are trashed hearts.

Behind our meaning

is lost our sense.

Who try to be immortal again?

And the day, that pick up our destiny,

fly around our family and girlfriend

to make us seen the latest trick of security whisper:

again we leave our hearts to fill in by pressure

the last tense of climbing our souls and we lose

every single memory about life,

and living things are all to holly source

of luxury and success and this writing of nothingness.

So why are we touching some crystals screens now?

When every single piece of earth breaths again

we will not shall climb the surface of love.

El signo inverso

Entró el golpe

de luz

ardor

por la persiana

de la soledad.

Abrió los ojos

a la ternura

como lengua

experta de lenguajes antiguos

para enaltecernos.

Signo inverso

la complacencia de sabernos

trozos de corazones zurcidos.

Trompeta en reposo

Cae el dorado
manto de silencio
al frente del salón
derretido por el auditorio.

Micro tendinitis verbal

Os conmino, intrigante, a adjudicaros el inicio mismo de la caótica afrenta. Si os atrevéis galopad al circundante foso donde, encima de la cortina mustia, podéis oir el tronar de los mutantes historizados. No es acomplejéis mucho, en cambio, si el viento os acuchilla con ternura, pero si veis un instante entumecido contra el cairel de la eternidad, fumadlo, soplad en su interior, incluso derramad la sangre misma de los insípidos brocolís. Esperad un poco que amaine el calor veraniego y pensad en un viaje por Sudamáerica para visitar las casas de Pablo Neruda. No os sorprendáis demás, toda lengua es un conjunto finito de posibilidades infinitas, es mucho más que el estructuralismo de Jakobson o Barthes o Greimas o peor aún, el estructuralismo mismo de Saussure. Cantad al mar la angustia del ostión, os pido, sean ostiones dentro de su jaula de luz, olvidaros del exterior, concretaros en la marcha de un maratón cinematográfico de Pier Paolo Pasolini. Si acaso una vez creéis que os pido demasiado, aguantad la tempestad y el palo de los clásicos españoles, soportad la lectura de La Bruyere, arremeted a La Fontaine, conquistad a Boileau, pero olvidaros, os solicito, de la cruz de Jesus porque no hay nada peor que pensar en los cuchillos romanos o mejor aún, ahuyentad el espíritu cínico de vuestras mesas y tomad los modales de moda como instrumentaciones plagiarias del desconsuelo. Os pido si hacéis fritagan invitadme, convidadme, dadme un poco de aceite quemado, que sea de maíz y con omega 3. Os pido, no desfallezcáis contra el soporífero flagelo de las películas 3D. ¿Es mucho pediros que reclaméis un espacio para mi en el pináculo de vuestras pantallas?

Asomos

Corto es el andamio, el lenguaje

de las cuevas interiores.

La chispa entonces es toda

inquietud veraniega: ancestros

mutilación y ojos que ven recuadros.

Ansiaste un techo para tus ideas

¿cómo fue que hundiste tus babas

en el lecho del espíritu de las letras?

No distinguimos al hombre del mono

ni a la mujer del espanto

porque vivimos un tramo de cielo

enmohecido, como terciopelo quemado

por todos los corazones rotos,

igual que todas las vajillas rotas o quizá

el anteojo roto que me impide verte.

Encima del libro manido, de su lenguaje,

no es hora de pensar o argüir

un destino firme y despiadado,

porque los otoños navegaron

hasta el intersticio mismo de tu alma,

surcaron tus alientos las ríspidas formas

de un sueño indómito y rancio, como psicosis

de química corrupta y adulterada. Rasgo de ti

un algo de esta tarde, de este nombre,

de la habitación misma donde reposan

las mariposas, las soledades, las infancias,

incluso donde el caracol es el pigmeo

náufrago de la lluvia y yo conduzco

al atónito signo de tu alfabeto. Acaso

el desierto sea más cómplice tuyo

que la insignia propia del dolor

que traigo, entumecido, colapsado,

por no saber leer en tu canto

otra cosa que el insípido roer del día.

¿Cómo sabías que los lunares del sol

mantuvieron viva la hoguera eterna

para que un día asaras mis poemas

y quemaras los versos más siniestros

de un hábito torcido y torpe, crueldad

desde nuestro lenguaje mortuorio?

No es asir los años ni conquistar huracanes

la clave ignota del fracaso, quizá lo sea

perder una pocilga a cambio de un peñique.

 

El proceso de digitalización de lo humano: una jaula de luces

Pensar incluso que el iluminismo, su racionalismo instrumental y su teleología civilizadora puedan haber sido parte del conglomerado, atinado o no, de la modernidad, no implica asumir, como lo hago yo, que en las digitalidades lo permeable consista en un ethos antagónico de la concreción natural. Por encima de cada rincón, de cada dato, de cada información almacenada en internet hay una cúspide de esfuerzos por dotar, en un sentido metafísico trascendental, al mundo con una forma plástica: la posibilidad intrínseca de adquisición global y saturada de prácticamente cualquier cosa. Y la luz, que en el XVIII fuera una metáfora atinada, hoy es más bien el fetiche del mercado. Si no estás en internet (educación, comercio, gobierno, turismo, cultura, libros, arte, vídeos, música, cine, etcétera) no estás en el mundo. Y es bastante loable la decisión de algunos de no figurar, de no aparecer. ¿Es loable también el proceso de digitalización en tanto cautiverio a la metafísica luminosa del hacer humano? No está por demás mantener el impulso productivo de una álgebra comercial globalista, tendenciosa, en fin, acorde con los tradicionales sistemas de dominación. Tampoco es posible, frente a las intentonas críticas antisistema encabezadas por la neorebelión hacker, asumir que el mundo en el siglo XXI sea un lugar seguro para vivir. El equilibrio de las fuerzas, distinto de una actuación termodinámica de los conglomerados histórico-sociales, sus oscilaciones y sus hábitos (de consumo, de producción, de recreación, etcétera) están inmensamente permeados por el auge luminista. El esplendor de nuestras luces del XXI, raquíticas por la digitalización de la barbarie que lo acompaña, es el esplendor de unas pocas generaciones que inventaron y creyeron dotar de algo importante el universo humano. Quizá desconozcamos los más avanzados sistemas científicos y tecnológicos de nuestro presente y en diversas medidas la tecnología comercial nos induce, como película de ciencia ficción en los años 60, a construir un imaginario de las digitalidades en donde no existe un hálito de compasión. Al final, la digitalización de lo humano responde al impulso opuesto a la libertad creativa, se trata de la expresión multifacética del terror al vacío y de la longitud propia de la frustración ante lo inconmensurable del cosmos. Entonces lo infinito, como adversario común de una finitud cierta, y en ocasiones existencialista, traduce el abigarrado terror psíquico al silencio, a la evasión, a la ignorancia, a lo desconocido, abriendo, en su multiplicidad, los canales propios de un conductismo polimórfico, acuoso, insostenible por su carácter de innovación ad infinitum. La jaula de la humanidad digitalizada construye el simulacro de un hábitat no hostil que pasará la factura a las futuras generaciones.

Todorov quote

“Ninguna  mala interpretación ha  pesado tanto tiempo en el pensamiento de Rousseau que aquella por la cual se le atribuye el proyecto de desterrar las artes y las ciencias de la urbe. Esto no serviría  para nada, afirma por el contrario Rousseau en sus respuestas, pues el mal ya está hecho; más grave aún, tal expulsión no dejaría de tener un efecto negativo, pues se agregaría la barbarie a la corrupción: aunque procedan de la degradación del hombre, en la situación actual las ciencias y las artes son barreras contra una degradación mayor”

Tzvetan Todorov, Frágil felicidad, Barcelona: Gedisa, 1997, p. 22.

Canto de un baile no correspondido

Encontré el ritmo de

la balada gris

que fuiste en mi baile

contra la muchedumbre.

Por unas monedas vendí mi aliento

compré ron barato y fui

al cementerio a llorar.

Porque un nube me dijo al oído

que era un fracaso

sentir y no amar, en cambio

gritaba a los vientos

un nombre-desfiguro,

llamé todo psicosis,

perdí a mis amigos,

lloré porque tenía un átomo

de angustia llamado juicio enfermo.

Desde mi memoria musical o la nulidad del sonido en mí

Mi primer gran mentor de la vida fue mi maestro de Tae Kwon Do. Con él aprendí mucha disciplina y a dar karatasos. Pero también aprendí música. Me obsequió, aún en tiempos de caseteras y walkman, unos casettes con distintas canciones. Importante para mi fue conocer por ejemplo a David Bowie gracias a él, pero también otros cosas com o Judas Priest o Yes. Actualmente he perdido mi contacto con casi cualquier expresión musical. Casi por completo el silencio atmosférico se ha apoderado de mis días, de mi presente.

Con pocas personas compartí música, con muy pocas. Incluso llegué a escuchar la discografía casi completa de Pink Floyd antes de que se fuera tan alto, como lugar común, después de Big Brother. Y lo abandoné, hace tiempo, igual que a Talking Heads, con un disco doble bastante bueno en vivo que era de mi hermano Emiliano y que terminamos digitalizando uno amigo y yo.

También me perdí en los remilgos y excéntricos flujos del rock argentino, para mal, digo yo, porque ni siquiera puedo apreciar, ahora, lo que me motivaba a escuchar esa música. Es decir que he perdido mi tacto musical, mi gusto. No puedo negar entonces que en otros escenarios y ambientes he aprendido de música: como las sesiones de ópera a las que frecuentemente asistía apenas unos años atrás donde aprendí y escuché de cerca a Mozart.

Todo me condujo a un aislamiento snob, fresa, a una caducidad notoria. ¿Pero escuchar música es mi muerte mental y emocional gradual? Probablemente. En 2008 grabé un disco y algunas de esas canciones están en mi nube de souncloud. Nada serio. Decían que era bueno con la guitarra, que tenía estilo. Para mi la música es una cosa ya prácticamente extinta, mucho después que el cine. Muero día a día, en un cosmos de letras sin música. Y no puedo decir que sea un poeta interesante, porque no distingo la musicalidad del lenguaje. Totalmente en discordia con el presente no escuché completo ni a Bjork ni a Radio Head ni a Tool ni a todas esas bandas de han marcado el gusto del presente. No, yo en todo caso compré unos discos viejos de Fito Páez y de Soda Stereo hace unos años y no los escucho más.

Me extravié hace muchos años también en un rave escuchando a Alien Project. Todo fue un fracaso auditivo, todo fue aburrimiento, todo fue: quedarse en un viaje de LSD y desarrollar esquizofrenia. Y han pasado 14 años desde entonces y en verdad no sé qué coño suena en el mundo. Me volví sordo, del alma.

A mi maestro de Tae Kwon Do lo decepcioné hace muchos años, cuando tuve mis primeros problemas con Drogas. No lo he vuelto a ver. Es cabrón cuando la vida te orilla a dejar de escuchar música, cuando te vuelves objeto de un ostracismo auto inducido. Al final vivir avergonzado y arrepentido de tus hechos te conduce directo a la desecación del espíritu.