El arco de la tormenta eres tú

Apoplejía de los árboles

es la tarde con las montañas de telón,

amor desenfrenado sin ropa a mitad del lago

-en ese botecito de remos donde nos desnudamos-

y el viento siempre silbando nuestra infidelidad.

¿Amor de unicel o de celofan? Ni flores ni chocolates.

La sintonía es nuestra farsa allí donde remolcamos

el ropaje de los años turbios que nos separaron.

¿Objeto del deseo? Amores con cicatrices ya de viejas

podredumbre de lo inverso: tu juventud y mí vejes.

Nuestra vejes y mí juventud, tu vejes y mí juvenil pérdida

de dirección y prudencia. Todo atardece y las montañas lo saben.

El río ya quedó atrás cuando nosotros somos tormenta.

Lacia la calma se esparce y el golpe de placer

-el bote se mece por nuestras acrobacias-

es la tinta de tus gritos y mi sudor: fantasma

el maridaje de nuestros alientos quebrados

por los años que fuimos madre e hijo sin serlo

y por los días que nos hirieron

y por el amor imposible que hoy realizamos.

Todo es gris en las nubes y la tormenta somos nosotros

que conocemos nuestras edades y nos lamemos el dolor

para hervir nuestro deseo y columpiarnos

-el bote queda tranquilo después del orgasmo mutuo-

en el interdicto que rompemos al besarnos,

al amarnos,

al chuparnos,

al buscarnos,

al tenernos,

al romper los códigos

y ser tormenta de un amor ya viejo

que era imposible igual que nuestro beso.

Encima de todo la tormenta que somos

-el bote es ya un rayo de sol que se extingue-

correr de las personas que nos unieron

que nos separaron

que nos juzgaron

que nos invitaron a ser esta tormenta que somos

este vaivén a mitad del lago desnudo como nosotros

-en el bote no tenemos más cobija que nuestro abrazo-

presenciando el seto que en la costa es apopléjico.

Nosotros carecemos de quietud porque somos lo prohibido.

Pero tú eres el arco de la tormenta

y nosotros somos la flecha de un Cupido

cansado de decirnos: ustedes no deben amarse.

Dicotómica

Lo que pasa es que no existe el olvido. Ni mi memoria es lo suficientemente fuerte ni prolongada ni tampoco es posible mantener el acto evasivo de la realidad. Si la función de la escritura es la memoria, su virtualidad es una configuración para iniciados. ¿En qué pensaban los griegos cuando hablaban de gramática? ¿En qué los latinos cuando hablaban de literatura? ¿En qué es posible descifrar los garabatos de un acertijo alfabético que no rompe el surco semántico de la inmediatez? La memoria tampoco existe, ni la pertinencia dicotómica entre la omisión y el recuerdo. Por eso se trata de rituales cuando se trata de repeticiones. Por eso las normas y los reglamentos de la organización colectiva. Contra los vientos novedosos la cima de las auroras históricas y las eras desprestigiadas de la humanidad.no es tan simple imaginar el muro de los lamentos sincrónicos

¿Falacia? ¿Constricción? Perpetración atómica entreverada: símbolos colapsados y el ojo vidriado por una lágrima. Rotundo fracaso, memoria-olvido. La historicidad es proclive a los años luz de distancia que oscilan entre las galaxias próximas a los desencuentros extrasensoriales. ¿Extrasensorial? La vainilla natural, el cultivo de tabaco, plantaciones de caucho, no sé, invento cada vez un escrúpulo sociológico interrumpido. Desistir de las canciones y los amigos, abrir una trayectoria entrecortada a la repisa de los años. Esquemática torre de libros viejos, esquemática de una heredada estructuralidad falaz, estructuralismo francés, colonialismo intelectual, academicismo de principios del siglo XXI, demasiada ciencia ficción rusa, escasez de un proyecto desobjetivador del materialismo histórico: antagonismos generacionales. Cimarronaje ideológico, astucia de maquinista del trenes del siglo XIX, galope de indio sioux con rifle al costado, imaginario de Lewis Henry Morgan y el evolucionismo de Herbert Spencer. Platos sucios en el fregadero. Escribir, mucho más que un impulso por enaltecer un efigie del tiempo. Redactar, colapso de terquedad hostil. Fatalidad sincrónica de la diacronía universal. Univesalismo y tendenciosa fenomenología del acento castellano. Longitudes recorridas entre los signos arbitrarios del otro vuelto ninguno, diosas prehelénicas sucuben a lo presente y el cuerpo de Adonis es una escultura falsa de David. No es para menos, siempre que se olvidan los autores y las corrientes. Está demás mencionar a la quebrada línea de escuelas faltas de sentido: Fernández Retamar lo había impugnado en los setentas pero mucho más allá de la grandeza poética del genio uruguayo, mucho más allá de la prosa gentil de London o de las pesquisas durkheimnianas sobre la religión, mucho más allá del atisbo longitudinal del presente colgado al retrete de fin de siglo, hay una especie de aroma que se impregna en todos los días que es siempre desigual pero no confunde el atardecer con el oscuro pasaje de Avellaneda en Buenos Aires.

lugar común del intelectual del siglo XXOlvido-memoria distancia dicotómica. Pocilga tenue el ocaso cansino de autores que se vuelven canon. Eso es. Y pensar que a la distancia todo es siempre la misma reproducción social de la que imaginé hablaba Lévi-Strauss aunque no pudiera afirmar nada menos que el testimonial progreso de la decadencia. Arbitrariedad: diremos que no escribimos en ninguna parte y que no publicamos en ningún lado, es más, no nos diremos escritores. Porque ¿a caso el hecho de encontrar la ruta de investigación de tres siglos de crítica e historia literarias son avales de un pensamiento congruente con el presente? Entonces, a la intemperie de lo institucional, el naufragio no es tan grave.

Nice

We don’t have endless pain

we have endless lies

and we ride the time

hoping to be nice

but we aren’t in love and we know

something is wrong with us.

Nice we say every single day

nice to be with

nice to hear it

nice to taste it

nice to feel it,

but we are not yet invited

to the glamour table, our sight

hide either blod or terror

and we care about each other

not too much

because is nice

to be wondering

who will kill

the other love.

 

Esa alegría de estar rota (*Segunda experiencia “La Poesía no muerde” *)

Romulaizer Pardo:

Algo que publican los amigos de la poesía no muerde en su blog. Ha sido grandioso poder contribuir con ellos. Lo comparto con alegría y gratitud. Saludos a las y los lectores de este sitio oxidado.

Originalmente publicado en LA POESÍA NO MUERDE:

LaRataGRis, Raúl Sánchez

LaRataGRis, Raúl Sánchez

Esa alegría de estar rota y llegar a ningún lado

Encima de todo llegué tarde

al club, noche de lluvia encima de mí,

encima esa nube de cigarrillos y cervezas.

Contra la ira de la multitud, mi sonrisa,

aunque contra mí el rompecabezas urbano

en el tejido contra mis ideas mi cráneo

yo, encima contra la rubia de la barra y sus tetas.

Estridencia, rock y algo de dulce fastidio

ante la estupidez de tus razones

mi razón constante y ante el hueco de mi cabeza,

que eres tú pero no lo sabes, la costra de mi rebeldía

ante todo esta calle del club donde te pierdo

porque ante el abismo de hastío, ese que me dejas,

una tocada y una noche y una ligera sorpresa, mi sonrisa,

que aborda ante el escenario un bajo. Lo enchufé

tarde también, pero toqué y sonreí y te olvidé. Pero…

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Octavio Paz quote

“Para recrear la discontinuidad, el arco iris se disgrega (origen del cromatismo, que es una forma atenuada de la continuidad natural); el veneno niega por su función su naturaleza (es una sustancia mortífera que da vida); y la comadreja se transforma, en ciertos mitos exaltados y siniestros tintes sexuales, de homólogo de la enfermedad y la ‘mujer fatal’ en nodriza e introductora de la agricultura”

Octavio Paz, Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de esopo, Joaquín Mortiz, 1969, p. 47

No siempre la vida te da otra oportunidad

Mi país está en guerra, humeante, descontento, dividido. Circunda aquí una especie de dolor que avasalla todo. Algunos deciden luchar de distintas formas, otros mantienen el status quo, otros viven al día o ni siquiera eso. Estado de crisis mucho menos que derrota de nuestro legado generacional: opresión sistemática, iniquidad en la distribución de la riqueza y las oportunidades de crecimiento y desarrollo social e individual, explotación desaforada en todos los niveles, falsificación cotidiana de resultados gubernamentales y de la realidad vigente, legitimidad del criminalismo como vía vital, legado todo esto del siglo XX nacional mexicano. No soy un analista político ni tengo conocimientos suficientes para demostrar mi particular punto de vista. No leo los periódicos. No soy luchador social. No soy parte de ningún partido político. No profeso ninguna religión. No creo en utopía alguna ni en la posibilidad de realización de un proyecto humanista de sociedad. Mi esperanza no está fincada, si hay alguna en mí, en la alternativa de modificar un ente podrido como es México, México y sus mexicanos, yo entre ellos. La podredumbre social asume el deplorable ethos nuestro, expresado en fanatismos, racismos, clasismos, sexismos, dogmatismos, anacronismos y muchas otras formas de enjuiciamiento dudoso que son la argumentación evidente de la retrovolución histórica nacional. Retrovolución que implica el desarrollo neoliberalista y el desfase de su proyecto y de los sujetos que lo encabezan con respecto a una población global que parece cada vez más anónima, famélica y objeto directo de sometimiento.

México y los mexicanos estamos podridos: creemos que por tener deportistas destacados a nivel internacional nuestro país es otro, creemos que por tener instituciones educativas, cada vez más de orden privado, con cierto reconocimiento nuestro país es otro, creemos que por participar de las migajas del proyecto de modernidad occidental nuestro país es otro, creemos que por reconocer nuestra diversidad cultural, étnica y lingüística más que nada, nuestro país es otro, creemos que por tener intelectual, académicos y escritores premiados en el extranjero nuestro país es otro. Sin ir más lejos, creemos que por alzarnos violentamente nuestro país es otro o que por ver televisión satelital nuestro país es otro o mejor aún creemos que por que el hombre más rico del mundo es mexicano nuestro país es otro. ¿Debería ser otro? No hay duda de que la riqueza del territorio denominado México es inmensa. No hay duda de que los pobladores de este país, al menos los que desean vivir (con un mínimo de dignidad, tranquilidad y armonía), no son parte del proyecto nacional. No es gratuita la farsa de la democracia panista ni es gratuito el modelo de enduedamiento económico. Es más, y eso que yo no fui ni soy parte de los protestantes ni inconformes (no del todo), preguntemos a los mexicanos si se atreven a ver en su sociedad algo más que alcoholismo, machismo y charrismo. Preguntemos a los dirigentes políticos si creen que nososotros, los que nos quedamos aquí después que ellos han saqueado y se marchan a vivir a otros países, qué se siente ver los campos de maíz sin cultivar o a los niños indígenas pidiendo monedas en los cruceros de las grandes ciudades o qué pasa con el equipo medico que es robado por los propios médicos de los hospitales públicos para montar sus clínicas privadas. Preguntemos a ellos si en la situación de sobrevivencia que los que nos quedamos aquí vivimos, ellos podrían pensar. ¿No actuarían ellos en defensa de los suyos? Pamplinas. Se mandan matar unos a los otros, se cubren unos a los otros. Y los que nos quedamos aquí, que no podemos armarnos ni podemos quemar casetas ni tampoco tomar aeropuertos ni mucho pretendernos anarquistas o guerrilleros porque estamos haciendo la vida desde un sitio en el cual sabemos movernos, nosotros que nos quedamos aquí y no viajamos a costa del erario público, que vemos cómo las verdulerías incrementan sus precios, que notamos cómo vivimos en una carencia, que no por ser menos “directos” en la lucha tenemos también nuestros puntos de discordia pero que decidimos persisitir en una forma de sobrevivencia civil, más que en una confrontación que quizá nos lleve a la muerte (biológica, social o moral), insisto, nosotros, aquí (y quizá este plural no deba ser sino yo), nos levantamos en este lugar que llamaron México pero que no existe. Preguntemos a los anarquistas y los guerrilleros donde quedaron sus antecesores. Preguntemos a los artistas si dejan de cobrar su sueldo, si por oponerse al Estado no pagan impuestos ni dejan de comer en restaurantes o de tener seguidores. Preguntemos a los maestros quien fue Ignacio Zaragoza y a los alumnos démosles a leer a José C. Valades. Preguntemos a los comprometidos sociales, a los empresarios, qué pasa con sus vidas cuando esta podredumbre social en la que vivimos los alcanza. México y los mexicanos estamos podridos. Nuestros ghetos diversos no rompen ni conforman un México posible. Porque esos ghetos de la podredumbre nacional son construcciones históricas de la sociedad del siglo XX todo encarnado en la vigencia de lo heredado.

Mi frustración política, ideológica, pragmática, simbólica, afectiva, social, individual, artística, religiosa, incluso mi frustración nacional, no pueden leerse desde una galopante esfera del desfase polisaturado. Mi frustración, mucho más que emocional y psicológica, real, estriba en un problema de referencias: si México existe y los mexicanos existimos, ¿cómo llegamos a estar podridos?

En el año 2000 comencé a “experimentar” con substancia prohibidas por ser parte de un grupo social donde es bien visto, incluso deseable, usarlas. Gradualmente me interné en un infierno de drogadicción. Estuve 10 años ahí. Quedé solo, exceptuando a pocas personas, más bien cercanas y familiares. Pero de los compañeros con los que fume marihuana o me metí cocaína, de los “amigos” con los que subí a cortar hongos alucinógenos o con los que fui al desierto a comer peyote, de esas personas con las que me encerré a viajar en LSD escuchando música electrónica, actualmente aquí, junto a mi, no hay nadie. Desde que se vio que las substancias me hacían daño, me ponían mal, muchos se fueron de mi vida. A raíz de estas vivencias juveniles desarrollé esquizofrenia. Vivo medicado. Todas esas personas no vieron trunca su vida. Prosiguieron. Yo no pude, no aguante. Terminé metido en tables dances y burdeles. Absolutamente solo. Perdidamente solo. Extraviado y solo. Fui un hijo de la chingada con mi familia. Despilfarré dinero. Lastime a mujeres que me quieran para tener una vida en el futuro conmigo. Deje inconclusas 2 carreras universitarias. Intenté ser poeta. Comencé a trabajar y ganar mi propio dinero. Traté de suicidarme. Estuve internado en una clínica psiquiátrica. Me perdí el funeral de personas queridas. Me escondí en cuartos para gritar a la calle babosadas. Sufrí ataques paranóicos, delirios y alucinaciones. Aprendí a vivir en cautiverio, encerrado, aprendí y entendí que no soy libre, que perdí mi libertad. Y despierto al mundo y a la realidad y todo es tan convulso o más pero semejante a mi estado convulso de la primera década del siglo XXI.

Estoy tratando de hacer una vida nueva. Dejé las drogas. Escribo, aunque a veces soy políticamente incorrecto. Tengo trabajo remunerado. He encontrado a personas lindas, amigables y solidarias que me acompañan. Estoy tratando de terminar una tercera carrera universitaria. No tengo novia ni pareja sentimental. Me he reconciliado con la mayor parte de mi familia. tengo 3 libros escritos por mí en un cajón. Y estoy consciente de que la vida no siempre te da otra oportunidad.