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Ya estoy absurdamente ido

por el espejo que fui

contra el bestial nombre.

Esparso saltos de ruindad

en la atmósfera

porque a cambio de unas monedas

mi alma gime rota en una esquina

del universo.

Ya lejos de correr camino

transitando edades

con las mismas obsesiones

que a los 9 años

aunque siendo realista

nada es más:

decirle a la mujer que deseas

te amo.

¿Qué importa la cartografía antigua

si todo el tiempo es una pérdida

obsesa de senos capitalistas?

Ya más que correr camino

fumando a tientas mi futuro,

dijo un conocido más vale fumar

que ser fumado

yo digo

me esfumo del día aquí y ahora

fumé y no soy fumado

puedo beber humo tranquilamente.

Ptolomeo no es la fuente

de la imbecilidad

no, tampoco lo es

el imposible horizonte

cultural de Descartes.

Soy yo, aquí, con plumas

rojas enrojeciendo mi anima,

porque al final me iré de este asiento

y caerá en mi el idiograma del amor.

Otra vez, sí, siempre, Japón, aunque

no sea momento de esclarecer los ángulos

de la perpetuidad. Adiós, ya fumo, ya me voy,

más que correr camino, lejos de eso, aquí

estaba dispuesta la maquinaria de una irreverencia

fotográfica y mi sentido es ausencia

hoy, día de cuetes en un paraje del universo.

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Las dos sesiones de Flor de Fuego de 2007 para escucharlas en la barra lateral

Minientrada

En el año 2007 después de volver de Sudamérica una mañana me senté al piano e improvisé, entre otras piezas, las que constituyen mi conjunto titulado Flor de Fuego. Ahora las he puesto en la barra lateral para que puedan ser escuchadas. Son piezas largas de catarsis musical.

Espero consigan escucharlas e interesarse por ellas.

Saludos a la audiencia

Diablitos

Equivocación si es decir

equívoco si es aquí

equivocados de noche

los diablitos sus conversas

realizan en el abismo de sus secretos.

La bullanga de su picardía renueva

entonces la plática de su error

y su vasilón al hombre induce

de todas las faltas el hacer.

Los diablitos componen así

la melodía destructiva del horizonte.

Desrealidades

Desinvento horizontes desfigurados en una arroba decimal de silencio, flauta la queja de los mares contigo estar encima de las producciones moleculares. Absorto inyecto biomasa a los escondites del ser, compro axiomas en la bolsa de Wall Street, intuyo remansos de fuego, circunscribo átomos de memoria que son insípidas figuras en el banderín del tiempo. Arriba existía un cielo donde podíamos conquistar los espejos del alma, pero ahora navegamos suturados los abismos del tedioso instinto y resquebrajados manejamos también los días y las noches. Como una especie en peligro de extinción mi aliento canoso de rencor esparce por doquier una pizca sentimentalista y torpe, designio de un amor desvencijado, como olla de peltre oxidada, enterrada en un lote baldío.

Entonces como siempre llega el mago indicando el camino del flagelo inquisitorial porque los mentados jesuitas checos olvidaron también evangelizar a los raramuris de la sierra. Porque también el mago que nos impulsa a la mediocridad nos olvidó todo este tiempo. Sembramos los campos fértiles de las nuevas generaciones y caemos prófugos en un sin sentido que desdice lo que anhelamos. Torpeza estar aquí contra la poltrona de las décadas fugitivas y enquistar con alfabetos torcidos el instante que evanescente surca la deteriorada faz del iris.

Desfigurar también es involucrase levemente con la causa de los ignorados, como todo ese montículo de nota roja que siempre aparece en todas partes. Desproporcionalmente estamos extraviados en una monocromático sopor que nos dicta las frecuencias marchitas del lindero del caos. Emblemas más emblemas menos nos acomete la empresa que nos fabrica todo este deseo de consumir, de ensanchar, de engrandecer a los otros todo el tiempo. Despilfarro entonces esta verbalizad escueta, como marea del índico pero también como conquista portuguesa en Japón, o peor aún, esta hagiografía de un santoral derruido en su laicidad. Entonces, como si Descartes pudiera salvarnos, indicar los derroteros de la fiebre que nos arremete cada vez que soñamos la pesadilla.

La pesadilla también es ese desinventar desinformar desestructurar, también es que esto que no es exista contra el pelaje mismo del sin sentido, desdicho, corte y confección de una palpable irracionalidad que engulle la visión de los conquistadores conquistados. No es también el rememorar las marionetas nepalís ni tampoco es, quizá en el fondo sí, esta agobiante marca de los fuegos olímpicos griegos. No, no es demasiado tarde cuando ha sido demasiado pronto para olvidar. Un flujo de recuerdos, eso que es también la proyección, el insight, la predestinación de vivencias, que es la pesadilla nuestra de todos estos últimos 20 o 30 o 50 mil siglos, eso es también la obsesión marchita, la fijación que dicen es más que una oralidad mutiliada.

Oremos en esta playa desgarrada de personalidades despersonalizadas en el desquicio desapropiado del disforme disyuntivo discapaz desenigmático andar en esta jungla de imágenes.

 

Escondites

Náufrago en memorias arremolinadas

imposible olvidar el conflicto

de la etnografía y Onetti, imposible

evitar del lenguaje los atisbos: faltó

también la grandeza mexicana.

Como una esbelta estructura

derrumbada yace la costra

que fue mi juventud, totalidades

de abigarramiento, hoy elección

de letras y mutismo. Lectura, ahora,

mañana, menos tiempo, ahogo

esta precipitar las costillas al tendón

de Henry Miller, a la procacidad de los poetas

malditos, a Baudelaire en el Aeropuerto

de la ciudad de México, a Camus

inerme en la banqueta afuera de la Universidad.

 

Distancia también ese recordatorio

de lo no transitado, lo no dicho, lo sin nombre.

¿Qué de viejo queda

cuando la mayoría de edad

es un dobles de vida y años?

Doble marasmo… sí, esto que cae, que callo.

Otro puerto la vida

Dicen que hay futuro

para el talento

no lo hay. Hay procesos,

caminos, instantes. Dicen,

además, que somos átomos

de amor: ¿amamos? Somos

mitades quebradas, tejido

de historias y tedios, cicatrices

somos, hoy nombrados silencio.

¿Es esto un camino, esbelto y trigueño

de dulzura, como ese paraíso perdido

que nos arropa prístino de memoria?

Claudicamos al camino, al andar los

limites de la verdad ¿existe la esencia

del significado en este arrabal de años?

La vida es, somos en ella, también escondite

y estructura de las mareas —extravíos dentro

generaciones inombrables— cargando un epitafio

que es nuestro nombre, indecible, estupefacto

instinto en la ferocidad de un andamio pasajero.

También la vida es un puerto

un punto de llegada

una complicidad compartida

un asomarse a las narraciones

que de absortas migajas del ser

nos impelen a llegar, sí, a llegar

a un otro sitio donde resguardar

del descanso la fatiga de los hechos y los actos.

Coraza incrustada la memoria

Desde los horizontes del ser

las existencias componen

adelantos y fealdades.

Hubo una esperanza

de salir del instinto

y abrir la puerta

al desconsuelo… pero

la inocencia pierde,

de tiempo en tiempo,

su azul manto, su troquelada

imagen —existimos

si acaso las sombras imantan

nuestros años primeros y últimos—.

 

Separar la esbelta consciencia

de sus influjos y sales,

como del saber rincones

y abismos, es también derruir

de la canción eterna el silencio

y de los cielos frágiles

la lontananza invisible del amor.

¿Siempre es hoy también

un paso que abandona

en su devenir, entre la fortaleza

del misterio y la debilidad del instante,

imágenes desdobladas a través

de comunidades y sabores

a nostalgia perecedera? Nunca

es también mañana para el interior

que demarca hasta el hartazgo

la fábrica cierta de recuerdos.

Tenemos asombrosos aparatos

que inducen a creer en materialidades

efímeras, porque somos como bestias

ahuecadas en la tempestad de la vida

y escondemos en las hogueras

todas las posibles fotografías

inscritas en la escritura del tiempo.

Carecemos de asombro

hoy, como aquellos primeros

homínidos carecían de vocablos,

pero no sentenciamos la narración

de los árboles porque al final

mantenemos viva la ilusión

significada en el estandarte

de la luz y sus extraviantes rendijas.

Impaciencia

Ahí donde se intenta

los días plasman luces.

El vericueto del silencio

abstrae la savia del amor.

¿Alguna vez hubo fe

suficiente para los evadidos?

Todo es un tiempo en espiral

que derriba los escombros 

de las sociedades absolutas.

Quebrados los alientos

por la rendija de los soles

esparcimos voluntades

en este laberinto llamado eternidad.

Sombra de amor

Cae contra el estado de silencio

esta cortina, tu nombre, espejo

contra mí, fábula torpe, cae

la soledad con aroma a montaña.

 

Como cicatrices de infancia

tus labios revolcaron mi corazón

en este oleaje tuyo mitad yo,

cicatriz de niño y helado caído

al piso, pisada también la belleza

tu nombre, esquirla, constricción

imantada a una imposible realidad.

 

Cae contra la columna del dolor

este aliento tumefacto y radiante

en el punto igualado al sino del ser

una eternidad que aguarda la prontitud

de las estrellas. Primavera cero amar

en el escondite de las mil máscaras de Cupido.