Prosaismo desde una distemporaneidad postnacional postmoderna postpornográfica postcolonial postestructural postindustrial postinternética

Declaratoria de usurpación de un humanista digital

IMG_20131005_192105Digamos que algunos de nosotros crecimos con un ideal y meta sobre el mundo. Digamos que quizá crecimos con ese aroma residual de la modernidad. Digamos que cuando teníamos 10 años no podíamos entender que la situación introyectada, sólo por algunos, debía consistir en el camino recto al éxito y la responsabilidad. No todo el mundo ha leído a Lyotard ni le interesa. Quizá la mayoría prefiera leer best sellers, eso no está en duda. Ahora bien, si los postulados filosóficos del mundo actual son vistos a la luz del conservadurismo neoliberal, quizá entonces mucho más allá de la lúgubre atmósfera de desigualdad vigente, la condición humana, más allá de su naturalidad, pueda plantearse, además, mucho más allá de la crítica postmoderna, y moderna, a la ilustración. Pero los equívocos, la capacidad de errar del ser humano, su dimensión concreta llamada ignorancia, habla mucho más de la vigencia contundente algo constante, que del incierto y tormentoso anhelo de sapiencia absoluta. Y si con el estructuralismo se incluyó lo sistemático en el planteamiento del conocimiento humano, no por ello se cambiaron los roles determinados por la perspectiva temporal y espacial del conglomerado cultural. Las reglas del juego, no sólo del lenguaje sino de otros juegos también, que podría ser una ludens normativae, interpondrían en el esquema globalizante de la aprehensión factual de lo antroposófico un combinación inabarcable de fracturas y posturas, de influencias colapsadas en los territorios áridos de la terrorificidad y todas sus facetas. Si la modernidad planteaba la falta y ausencia de ignorancia, de error, la lucha contra el equívoco, planteaba por tanto ese ascenso contundente, derivado de las revoluciones tecnológicas, científicas y sociales, para dar paso a un ethos absoutamente omnipotente. Y muchos de los que somos residuos de esos tiempos de modernidades absolutistas nos encontramos de pronto con una doble inocencia traumática: el reconocimiento de una intencionalidad metafísicamente destructiva, opuesta por completo al racionalismo ilustrado, y el derribo de la lógica progresista en aras de una humanización infravalorativa por relativista. ¿Un rollo más de los que puedo aventarme con el vetusto armazón de autores del siglo XX? Por supuesto. Dicen por ahí que lo libresco puede afectar por completo el criterio de una persona, y me atrevo a decir que soy uno de los pocos seres humanos en el mundo que no ve televisión ni cine por estar absorto en el ethos anacrónico de la culturalidad escrita. ¿Caerán conmigo en este precipicio alfabético? El ángulo de incidencia es, por tanto, la capacidad de ignorar de la especie, no sólo en términos de una apología de la ignorancia (que implicaría realizar una filosofía de lo ignorado y lo ignorante) que podría reducirse a un foco tentativo de alcance e incrustación cultural: la ignorancia como prótesis evolutiva no sería entonces alcanzar ese progreso a ultranzas, aún vivo en tiempos neoliberales, ni pregonar la rotunda fórmula del éxito de la especie ni mucho menos intuir en las tonalidades catastróficas del presente un atisbo de parálisis paranoide. ¿Entonces? Yo ignoro, evado, me desinformo. La totalidad inabarcable del universo -los universos- me rebasa. Me declaro incompetente para actuar en el instante presente. Puedo ser la piltrafa del siglo XX más prosaícamente esculpida o un ejemplo a seguir cuando elucubro los caminos del pensamiento occidental del siglo XX. Bárbara síntesis, como Bárbara Mori. Mejor los marinos que llegaron a Japón en 1945 y Marina Orlova rusa convertida en gringa. Ni hablar, los diccionarios están por todas partes. No es gratuito este neoenciclopedismo, este rotundo afán neoilustrado que en realidad se atiene a las reglamentaciones y normativas, a esa ludens normativae, del vacío, de lo vacuo. Y no es gratuito por tanto que se yergan nuevamente las banderas de las religiones y los fanatismos en todos sus expresiones. No es gratuito que los objetos políticos se trasladen al mercantilizado arquetipo de la global Television es decir de la global marketing enterprise. Y todos ahí, consumidores de todo o de algo. ¿ignoro y soy ignorado? Axioma proclive a los resguardos de un autismo comunicativo, un aislamiento voluntario e insípido. Ignoro y soy ignorado, evado, en este país donde la evasión se consume y se vende. México 2014 podría ser el año de la memoria. Ramplona la hipocresía mediática, ramplona la obsolescencia académica, ramplona la intencionalidad utópico-humanista. Ramplón al fin el aire contaminado por radiaciones de Fukushima. Ramplona la transición monárquica española -e inglesa también. Ramplón el recordatorio insigne de la insignificación: lux videsn postmortem. Y si un hombre no sabe latín y balbuce latinismos, ¿recupera la condición de antiguo? Los troncos derribados en el Amazonas, la explotación energética, el esclavismo infantil y sexual, todas esas historias que ahora la UNESCO o la UNICEF o la OMG o cualquier otra institución global buscará erradicar hasta que a finales del siglo, con las nuevas generaciones que para nosotros ya son ahora viejas repeticiones, algo pase de nuevo. Los atardeceres en medio de maremotos, la cacería de la fauna, el deterioro de las condiciones vida, todo eso que hoy habita el presente también desaparecerá. Y como ahora que soy olvido de muchos, ignorancia de la mayoría, lo propio de este ajeno personaje será notar cómo su aliento se perdió una y otra vez en multitudes que juzgaron sus actos de mediocridad. IMG_20131005_195213Y así como la luna mantiene las mareas oceánicas en un flujo constante, que ya ahora con los cambios climáticos será un cierto flujo apocalíptico, de igual forma, recordando los cataclismas del video juego The legend of Zelda a link to the past, habrá un punto en dondo este ehtos vacuo será una licuadora de condensación profiláctica. ¿Pero es que acaso he dicho algo? Quizá desde la teoría generativa de Noam Chomsky no haya contenido, ni los semantemas están ordenados y el deshilvanod contenido sintáctico puede estar roto igual que la puntuación permanezca alejada de la una competencia lingüística de la lengua española apropiada y standar. Nada menos que los vestigios de esta ignorancia. Y los reinos empolvados de la tristeza no serán más prados estériles de mi racionalismo autosaboteador. Nada de eso. Quizá un día en los futuros constantes -hasta el fin del mito del eterno retorno- logre haber entre nosotros un perfil idóneo para tratar de ser algo menos que un humanista dislocado y algo más que un simple consumidor testimonial.

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