Rómulo Pardo Urías escribe

La saturación como valor predominante en el infierno global

Más allá de cifras oficiales la multitud global y sus haceres, su devenir, su registro de actividad, bajo ese panel de control llamado comunicación, puede cifrarse en el hecho de la saturación. La saturación incluye una amplitud espectral que rompe los linderos de lo abarcable para abrir rutas de accesos parciales. Cúmulos y bloques completos de eventos, hechos, personas, expresiones, noticias, pasan de largo en un evidente sesgo interminable. Lo local, lo regional, lo nacional, lo trasnacional, epicentros dislocados como galletas remojadas en una tasa de café, han perdido su valor de uso para brindar un valor de cambio infértil y esteril siempre que la sincronicidad de los hechos se ha roto para dar píe a una diacronicidad instantánea e insoluble. Y cuando hablo de lo diacrónico y lo sincrónico no sólo pienso en la noción estructuralista, aunque predomina. Es decir, lo sincrónico como eso que ocurre en un tiempo detenido, en un momento concreto. Y lo diacrónico como lo que se mueve en el tiempo. Por ende, lo fijo, lo presente, ya no es capturable o registrable, sino que se ha convertido en una diacronía, en un devenir, microregistrado. La posible fenomenología del tiempo en el infierno global, y es un infierno por lo abigarrado del amarillismo y el morbo, deberá considerar los accidentes de la micro narrativa y del macro proyecto donde son ejecutadas las escenas diarias del actuar infinitesimal humano.

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