Tapón mental

Vuelvo a este sitio con pocas cosas que decir. Soy un distorsionador, evidente. Construyo un apopléjico discurso entre tradiciones mezcladas. Pero ahora que estoy leyendo a Fernández de Lizardí y su Periquillo sarniento no puedo sino pensar en que soy un periquillo sarniento del siglo XXI, aunque el rótulo que yo elijo suene más elegante: indigente académico. No comprendo los terrenos creativos ni las dimensiones políticas del compromiso creador. No entiendo, porque carezco de conciencia histórica, a los grupos de jóvenes creadores. Es más, no puedo ni siquiera asimilarme a algún movimiento creativo contemporáneo. Quizá simplemente tengo un blog en wordpress. Pero soy un fósil, un fósil del siglo XXI. No construí una juventud sabiamente, me arriesgue de formas poco productivas, no sé relacionarme socialmente, no puedo conservar amistades, y vuelvo a este lugar, aquí, a esta distorsión.

Vivo arrepentido de todo lo que no he leído, pero más de todo lo que no hice: tener una vida deportiva exitosa cuando tuve la oportunidad de hacerlo, irme a estudiar antropología a Columbia en New York al salir de la prepa, ser antropólogo, no sé, mis fracasos son el eje que me vertebra.

Quizá debería saber perdonar, pero no lo sé hacer. Y en medio de todo mis lecturas entre sacadas de los estantes maternos, oh gran madre mía que ni siquiera puedo reconocer sin sentirme avergonzado por ser un mal hijo, nada más me hace concluir en el mismo punto del ciclo: no debía leer psicoanálisis para escribir literatura ni debía meterme drogas para testimoniar los trances putefractos de un siglo al otro. Y si el mundo, este mundo que es México, Veracruz, Xalapa, está podrido, este siglo XXI lo está mucho más y yo soy una partícula de normalidad putrefacta. Si como se reveló apenas los servidores públicos pagan escort, yo sería uno más de ellos. Yo sería un diputable, mi espíritu lo es. A diferencia de ellos yo tengo un salario modesto por el poco o mucho trabajo que hago, vivo de una que otra beca, recibí apenas un estímulo por mi rendimiento académico, voy a publicar un cuento en una antología de la ciudad de México, ando moviendo mis escritos, mandé a una convocatoria de publicación un libro de poemas, mande a concursar un libro de ensayos, políticamente incorrectos, y vuelvo a este sitio. Extraviada todos estos años, del 2002 al 2010, ocho, ochoa, como Dariana. Pero lo pérsico, lo persa, lo turbio del asunto es este recordar a los otros que ya no son yo: Mariana que estuvo en París, Rafael que vive en Buenos Aires, Luciano que está en San Francisco, Frida que también se fue a Francia, todos esos grandes emprendedores de mi generación. Y faltan muchos más. Y dentro de algunos años llegará otro presidente y seguirá el robo y la violencia en mi país. Y dentro de 4 años habrá mundial de foot ball. En dos olimpiadas. Todo seguirá igual que hasta hoy. Y mi apatía, egoista, no me permitirá si quiera pensar en salir de mis cuatro paredes.

Vuelvo aquí y me someto, ridiculamente, porque no soy libre, porque no creo en la libertad, porque hace muchos años llevo una cadena en mi oído derecho, la cadena de lo eternamente imposible.

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