Blogging poetico

Razón Campbells

No puede creerse el hecho de que todo lo humano sea cultural. Si una forma de determinismo nos insufla la propagación de los hechos culturales es que estamos perdidos. No existe una determinación, ni primera ni última, de la cultura en los hechos humanos. La esquemática instancia cultural antropológica y sociológica nos permite entender que mucho más allá del binomio naturaleza/cultura se abren un sin fin de campos culturales. Sin  embargo, no hay que olvidar que en su acepción alemana la cultura representa una síntesis histórica y que su finalidad no contiene los algoritmos de su legitimación. Es decir que lo cultural en un sentido clásico e ilustrado encuentra su lógica en el control y la dominación de la naturaleza. Pero ese miedo civilizatorio de la animalidad, para Freud el inconsciente, se ciñe al abismo de imposibilidad real de nuestros días. La denuncia postmoderna al fracaso ilustrado no debía quedarse en un relativismo como el que se extendió en el terreno cultural. Si los ejes y paradigmas etnocéntricos han construido históricamente las formas simbólicas, pragmáticas, teóricas, interpretativas y explicativas de la experiencia, el ensanchado abismo del relativismo cultural no rompe tales fórmulas unívocas ni sesga todo un cúmulo de paradigmas dogmáticos que rompen la unidad de la diversa experiencia humana. Aunque tal unidad no puede traducirse en una reducción así como tampoco la discursividad pluralista es, necesariamente, una garantía de apertura inteligente.
Los atisbos hasta aquí expuestos no responden, tampoco, a ningún retorno al dogmatismo pre-postmodernista ni mucho menos pretenden argumentar una sociología de la cultura de corte nihilista. Lo cierto es que la constancia de lo efímero en nuestros días pone en entre dicho toda posible acaparación y centralismo ideológico e intelectual. Más allá de un retoricismo circunstancial, la expansividad del lenguaje en un recurso declinatorio permite comprender que la competencia cultural estriba en una asimilación comunicativa del entorno social y el devenir ecohistórico. La ecenomia del conocimiento moderno no es más que el origen y el salvo conducto del relativismo cultural. Cabría pensar en el elemento transgeneracional de ka cultura y en la segmentación cronológica de las edades sincrónicas al presente de la digitalidad vigente donde el presente es milenios de humanidad acumulada.

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