Lenguaje de Babel

Acometo la estancia del conocimiento

universal

pierdo ahí toda potencia

porque naufrago

lento

entre idiomas y palabras.

Descubro cotidianamente

el nombre de lo inexistente

me nombro hartazgo y despilfarro

pero soy un amasijo de hombres y signos.

Con un simbolismo estéril

-esterilidad de mi raíz heterodoxa-

falacias son mi estirpe

la consigna mustia

como todos esos nombres apilados

esos rostros desconocidos

esos fantasmas que escribieron

lugares y extensiones de tiempos ajenos

al presente que es un fastidio pictórico.

Sólo soy un ignorante que traduce su estupidez

al alfabeto cirílico de una familia patricia,

escribano del desgaste con la existencia a cuestas

igual que las tintas turbias de conchas

escriben en la playa la figura de lo efímero.

Habita en mí el lenguaje de Babel

pero disforme por las marejadas

de huellas indecisas

de caminos no andados

de alientos no entendidos

de imágenes sorpresivas.

Soy la palabra que ronda

los rincones del conocimiento

pero sin tacto ni caricia

sino con la violenta figura

de la oscuridad. Cortina mi presencia

corte rotundo de tiniebla, complot

personalizado, eco ondulatorio

que sigue las pistas de un caos infértil.

Galope de una ráfaga de silencio

sólo soy un ignorante

que descubre inútiles piezas

de lenguajes caducos en el terremoto

de la existencia humana.

 

 

 

 

Anuncios

Tenía la esperanza de que me buscaras

pero saltaron los años

sin tu presencia, sin ti. No apareciste nunca

en los parajes enarbolados de mis días tristes

pero sale el sol y soy un hombre.

Derrotada la memoria que eres

no me buscaste y no te importó

el sabor de mi boca o el tacto de mi pecho

al desembocar nuestro grito que nos unió.

No me buscaste y yo tampoco

contra el espejismo cierto de una noche

arrecife de muchedumbre bailando

y nosotros ahí, a mitad de un desencuentro de por vida.

Con la mirada flácida y decepcionada

no te ví ni escuche el canto de tus ojos

porque al final no éramos destino

o porque fuimos el destino de la tragedia.

Eres el silencio más grande de mi vida

porque fuiste los gritos y el escándalo

más abrupto de mi existencia.

Te habito cada primavera y excavo

la imagen de tu piel morena

contra el polvo de tu recuerdo.

Soy

Soy un mundo paralelo
también desgarre y mutismo o
contrabajo de la tristeza
contra luz de los años.
Paralelo mi existir
compone odas depresivas
contra atardeceres dudosos
encima de enmohecidas canciones
como libros en el sótano del desamor.
Paralela mi voz
especie extinta de un manto floral
vaso de ilusiones y dilución de inocencia.
Paralelo cual coordenada geográfica
medición de un espacio quebradizo
soy una copla que desvencija las estancias
dominicales en el pórtico del mar.

Desde la alopecia emocional e intelectual

muralidad1.2.3No es sólo un problema de definiciones, no es ni siquiera la inquieta y versátil lubricidad del logos occidental. No es una interpretación esquemática del simbolismo histórico ni la prófuga instancia de una mitología cultural. Es mucho más que un re-nombrar lo re-aparecido, mucho más que distinguir el cauteloso afán tecnocrático en sus conservadurismos. No es simplemente el fracaso de las alternativas (sociales, culturales, políticas, económicas) ni los rincones en los que se fraguan los instantes proyectados del sometimiento. No es si quiera la proliferación masiva de las huellas humanas ni tampoco la dimensión catalizadora de la saturación global. No es ningún juicio a priorístico ni tampoco una deducción derivada de la observación empírica. No es si quiera el intento, trunco y mutilado, de una ingeniería social que pudiera erguirse como solvente de la podredumbre del tejido social. Es, también, mucho más que un lenguaje entorpecido por los garigoleos retóricos o las reinvenciones epistemológicas. Parece como diría Baudrillard que ya todo ha pasado y en ese juzgar desde el paso dado, la forma esquiva es una vorágine de pensamientos truncos. Pero no hay esperanzas más que las colectivas, no hay, por si fuera poco, una dirección salvaguarda de los vestigios de la humanidad: no hablemos de la privatización del agua o los recursos naturales, no mencionemos a la infancia como sujeto histórico de la esclavitud contemporánea (esclavitud mediática, laboral, sexual, icónica, lúdica), no consideremos tampoco los regímenes depredadores del entorno (humano, natural, psicosocial) ni nos restrinjamos a la escueta valoración de las élites gubernamentales globales (que resguardan proyectos dualistas por su condición de beneficio y daño). Es más, ni siquiera creamos que nosotros, este demos global, pueda figurar en los terrenos fértiles de la propaganda aceptada. Es muralidad1.1.2como la metáfora que usó Marx sobre las abejas y el trabajo, pero ahora, ya con las versiones neomalthusianas (que deben existir pero que desconozco): la naturaleza convertida en un ente distorsionado por la enajenación histórica humana no responde más a conductas y patrones verificables fuera de su contenido necropático. Necropatía o sea una emoción de la muerte, un sentir lo moribundo, lo que se apaga, contra un ethos vital, un actuar siguiendo las normas de lo vivo. Por ello, mucho más tétrico aún, el resurgir religioso, el fanatismo exacerbado, lo que Fromm llamará el miedo a la libertad, a pensar por uno mismo, a ser uno mismo, a vivirse y asumirse uno mismo, es el simple acto evasivo que no parece estar presente. Evasión constante (narcótica, televisiva, deportiva, artística), ejercicio procastinador derivado como facto improductivo: el hecho de lo pasado remueve la conciencia de que ya no hay nada adelante y por lo tanto el presente es una eternidad vacua en la que no hay más que interacciones (para algunos, hallazgos de una otredad inmensa y saturada, la otredad global). No sin desprender el exiguo remanente de este discurso, proclamador de la esterilidad como totalidad circunfleja del ahora, la teatralidad esférica de un otro desconocido, no ya desde la jerarquización civilizatoria frente al salvajismo, es una artilugio mental que construye una despilfarradora fotografía del abismado terreno del no sé quiénes son los demás, del egopatismo egopático de la egopatía: el sentir el yo en sus dimensiones expandidas, la experimentación sesgada de un infinito mar de significados revueltos en el camino de la identidad constructiva, de la personalidad ampliada, del ego como núcleo semántico, bajo disfraz o no, que recoge, igualmente de forma renovada, la clásica versión oficialista de los elegidos y el resto del mundo. Finalmente, el hecho es marcado por la voz presente de los sin historia y por la hegemonía, totalizante, de los grandes nombres. Si los grandes proyectos concluyeron, diría yo sólo en apariencia, no concluyó la nómina de los grandes personajes. Todo esto es parte de la digitalización de histórica del cosmos humano, si no estás en internet (sea como sea) no existes.

muralidad1.2.1

 

Rima inservible

Del sin sentido

hay un remilgo

tacto abierto

tiempo perdido.

Golpe de viento

mutis, rugido,

años y cantos

luces de olvido.

Huracanado

mal instructivo

piezas quebradas

estos abismos

existenciales

como podridos

ojos y peces

en un estanque

de altruismo

vieja miseria

triste fastidio.

Rima inservible

torpe designio

galope mustio

carrizalillo

la contractura

de nuestro espíritu

volátil idea

del pesimismo.

Rancia la noche

fiebre y hastío

hartazgo inmenso

este camino

al sumidero

donde te escribo.

 

 

Antonio Caso quote

“¿Es posible explicarlo todo? Ya poseemos, de antemano, una parte de la respuesta, porque sabemos que explicar es identificar, ni más ni menos que identificar; pero no hemos averiguado si es posible identificarlo todo. De lo que no dudamos es de que, en tanto podamos identificar, explicaremos. Nos falta averiguar si el Universo, en sus múltiples y variadísimas manifestaciones, es capaz de someterse a una identificación radical. Meyerson opina que la historia entera de las ciencias nos demuestra con claridad lo reacio de la realidad para plegarse a nuestra exigencia de identificación. Esto es, podría el Universo no ser explicable en su conjunto, y ofrecernos algo en sí no identificable, o sea, irracional.

Antonio Caso, El materialismo y los hechos psicológicos, México, D.F., UNAM, 1985, p.141

Declaratoria frente al humanismo digital

pasos1.2La inmensidad global implica una contundente batalla personal, el abismo recio de la mutiplicidad cómplice de la fabricación humana. Creo en el humanismo digital como una forma de renovación en todos los sentidos: inclusive el intento de tener este blog, ya de por sí una propuesta amplia y ambiciosa, quizá por eso nulificada, es también el intento por mantener un registro desde la particularidad. En la medida en la que puedo tender vínculos, o no, con ese exterior inabarcable e inmenso que es lo global, en la medida en la que voy manejando mi método de improvisación, en la medida en la que me convierto en un ente expositor y expositivo, consigo perfilar inquietudes desde la viscosidad indómita de vivencias traducidas en actos creativos.

Creo en el humanismo digital, mucho más allá de formas institucionales, académicas, organizativas, formales, hoy que vivimos, además, una renovación de los métodos inhumanos, salvajes, de la desigualdad, de la miseria, de la esclavitud, del sin sentido, monedas todas del banco de lo cotidiano. Aunque mis experiencias no encuentran una desahogo calmo, quizá por ello menos armónico de lo que podría ser, el impulso de registro abarca dimensiones que se cuestionan la humanidad vigente en el siglo XXI. ¿Cuestiones de qué tipo? la existencia, como hecho y causa, son una de esas líneas de cuestionamiento. Otra, también y a partir de la distorsión, la realidad, que metaforizo muy mal. Además de eso, la presencia de la evasión: informativa, mediática, televisiva, cinematográfica, musical. Una especie de aislamiento y mutismo es fraguado en mi esfuerzo como extremo opuesto al perfil1inmenso ruido y sonido de los multitudinario. Y el humanismo digital, mucho más que un emblema o rótulo, mucho más que una categoría, implica una indagación, por momentos egoísta en apariencia, de apertura dudosa, de recorridos caducos, de formulaciones desvencijadas. Catarsis exponencial de la incomprensión (del mundo, del amor, de la sociedad, de la mujer, de la humanidad), esto que escribo, esto que soy cuando me muestro en este espacio, ángulo disforme de una totalidad parcialmente desenfocada, es una mecánica enraizada en un acomplejamiento innecesario, en una artificialidad innecesaria, como una especie de exabrupto a mitad de una conferencia solemne. ¿El objetivo? Acaso vislumbrar las torceduras de pasajes imposibles. ¿Tiene eco el torcido devenir que explota la fantasmagoría existencial? Exactamente la transformación en humano, la mía al menos, radica en surcar esa fantasmagoría, transitar los nudos simbólicos, verbales, filosóficos, de un programa indefinido, con antecedentes poco claros y vigentes. En ese proceso de transformación, sin la pretensión de cambiar el mundo sino con la de pensarlo en otros términos (construirlo desde donde nadie lo construye hoy), el esfuerzo por plasmarme humano y parte de la digitalidad, por ser un algo que cree en ese humanismo digital, es una tarea constante que amerita, quizá, honor o desprecio, rechazo o aceptación, totalidad o nulidad, atención o distracción.

Gracias por estar del otro lado de la pantalla.

 

Romulaizer Pardo

Primavera 春 Frühling весна

Mujer orquídea

tú eres

la luz

 

女性オーキッド
あなたがいる

 

Frauen Orchid
du bist
das licht

 

Женщины Орхидея
ты
свет

 

A veces

A veces los caminos nos separan,

con un dolor inmenso lo sabemos.

A veces somos aire

de otros tiempos

y otra gente nos aguarda

en silencio. A veces no sabemos

si perdemos o ganamos

separados por los caminos vividos,

torcemos nuestro rumbo y encontramos

despedidas y ausencias que calan el alma.

A veces simplemente olvidamos

que la vida es un océano de desencuentros,

que también a veces encontramos

en el misterio presente un algo y un alguien

que nos hace afortunados.

A veces intentamos evitar ese dolor

de sabernos partidos por vivencias más armónicas

que hoy ya son una memoria anterior.

A veces solamente notamos que los años

han pasado y que el cielo nos separó.