Morirás feliz y con metástasis

Tu juventud fue una composición versificada

con torrentes de humo

cantos de amargura y cafeína.

¿La tortura tuya? Un ángel que te ignoró.

Besaste los nombres de la ciudadela del rencor

y te dijeron: no guardes canciones. En vano tu mística

humanidad y fragancia rancia como de burdel, de orfanato,

realmente de caminatas psicóticas en Tokio y alaridos frugales

desde la ventana que encerraba tu fuerza y tu poder. Encierro: tú.

La tonada gris de tu respiración

fue un manso depósito de represión,

cual ruido de trance psicodélico:

cabalgaste los barrios bajos de la ceniza,

los rincones de la humillación y la renuncia a la libertad,

cabalgaste los ductos de un tiempo interior a

todas las vidas pasadas de tus genes, como un apache

en las llanuras de Arizona o como un migrante europeo

por las llanuras acuáticas del Atlántico. ¿Qué más dio

desperdiciar amistades, horas, amor, con la tinta nauseabunda

que mirabas dentro de las flores que tanto significaban?

Lance tu cuerpo el arrojo fatal y su advertencia biológica:

cáncer es tu destino

el signo de tu estirpe

la constancia vigente de tu suicidio historizado.

Morirás feliz y con metástasis

añorando los tiempos tuyos

cuando cazaban bisontes y no había armas de fuego

como añorarás los árboles de maple y el invierno crudo

como el rito de paso de la infancia a la juventud.

Cansada tu casa habitación del alquitrán,

tu hogar, que fue el recinto del odio morado

por la falda morada de tu evasora,

transformará la fuente de vida en una negrura

de pulmones monoxidados, negros,

renegridos como tu cinta negra, pero sin letras amarillas.

Y notarás que tu esperanza

de llegar a ella, no sólo a su falda

sino a sus besos,

se habrá trocado en metástasis

y notarás que ella,

que su recuerdo de falda morada

bailadora

sensual

morena,

su recuerdo de ojos inmensos como la luz,

hermosos como el amanecer,

serán también la tumba de tu presente

de todas tus vidas -la de gitano, la de apache

la de español, la de mexicano, la de sonámbulo-

y todas tus vidas, todos tus genes, todas las señas

de tu muerte prematura

serán la crónica miserable de su imagen

momificada contra el impulso vital.

Y ella será todos los cigarrillos fumados:

los cubanos, los griegos, los americanos, los mexicanos,

los argentinos, los japoneses, los coreanos: todos al unísono.

Al concluir tu aliento, con el grito de su nombre

que fue siempre un misterio en tu camino,

serás feliz con tu garganta podrida y sabrás que ella

la que cambio el rumbo definitivo de tu existencia

te alcanzará en la eternidad con el humo del amor entre sus dedos.

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