Rómulo Pardo Urías escribe

Declaratoria frente al humanismo digital

pasos1.2La inmensidad global implica una contundente batalla personal, el abismo recio de la mutiplicidad cómplice de la fabricación humana. Creo en el humanismo digital como una forma de renovación en todos los sentidos: inclusive el intento de tener este blog, ya de por sí una propuesta amplia y ambiciosa, quizá por eso nulificada, es también el intento por mantener un registro desde la particularidad. En la medida en la que puedo tender vínculos, o no, con ese exterior inabarcable e inmenso que es lo global, en la medida en la que voy manejando mi método de improvisación, en la medida en la que me convierto en un ente expositor y expositivo, consigo perfilar inquietudes desde la viscosidad indómita de vivencias traducidas en actos creativos.

Creo en el humanismo digital, mucho más allá de formas institucionales, académicas, organizativas, formales, hoy que vivimos, además, una renovación de los métodos inhumanos, salvajes, de la desigualdad, de la miseria, de la esclavitud, del sin sentido, monedas todas del banco de lo cotidiano. Aunque mis experiencias no encuentran una desahogo calmo, quizá por ello menos armónico de lo que podría ser, el impulso de registro abarca dimensiones que se cuestionan la humanidad vigente en el siglo XXI. ¿Cuestiones de qué tipo? la existencia, como hecho y causa, son una de esas líneas de cuestionamiento. Otra, también y a partir de la distorsión, la realidad, que metaforizo muy mal. Además de eso, la presencia de la evasión: informativa, mediática, televisiva, cinematográfica, musical. Una especie de aislamiento y mutismo es fraguado en mi esfuerzo como extremo opuesto al perfil1inmenso ruido y sonido de los multitudinario. Y el humanismo digital, mucho más que un emblema o rótulo, mucho más que una categoría, implica una indagación, por momentos egoísta en apariencia, de apertura dudosa, de recorridos caducos, de formulaciones desvencijadas. Catarsis exponencial de la incomprensión (del mundo, del amor, de la sociedad, de la mujer, de la humanidad), esto que escribo, esto que soy cuando me muestro en este espacio, ángulo disforme de una totalidad parcialmente desenfocada, es una mecánica enraizada en un acomplejamiento innecesario, en una artificialidad innecesaria, como una especie de exabrupto a mitad de una conferencia solemne. ¿El objetivo? Acaso vislumbrar las torceduras de pasajes imposibles. ¿Tiene eco el torcido devenir que explota la fantasmagoría existencial? Exactamente la transformación en humano, la mía al menos, radica en surcar esa fantasmagoría, transitar los nudos simbólicos, verbales, filosóficos, de un programa indefinido, con antecedentes poco claros y vigentes. En ese proceso de transformación, sin la pretensión de cambiar el mundo sino con la de pensarlo en otros términos (construirlo desde donde nadie lo construye hoy), el esfuerzo por plasmarme humano y parte de la digitalidad, por ser un algo que cree en ese humanismo digital, es una tarea constante que amerita, quizá, honor o desprecio, rechazo o aceptación, totalidad o nulidad, atención o distracción.

Gracias por estar del otro lado de la pantalla.

 

Romulaizer Pardo

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