Desde la alopecia emocional e intelectual

muralidad1.2.3No es sólo un problema de definiciones, no es ni siquiera la inquieta y versátil lubricidad del logos occidental. No es una interpretación esquemática del simbolismo histórico ni la prófuga instancia de una mitología cultural. Es mucho más que un re-nombrar lo re-aparecido, mucho más que distinguir el cauteloso afán tecnocrático en sus conservadurismos. No es simplemente el fracaso de las alternativas (sociales, culturales, políticas, económicas) ni los rincones en los que se fraguan los instantes proyectados del sometimiento. No es si quiera la proliferación masiva de las huellas humanas ni tampoco la dimensión catalizadora de la saturación global. No es ningún juicio a priorístico ni tampoco una deducción derivada de la observación empírica. No es si quiera el intento, trunco y mutilado, de una ingeniería social que pudiera erguirse como solvente de la podredumbre del tejido social. Es, también, mucho más que un lenguaje entorpecido por los garigoleos retóricos o las reinvenciones epistemológicas. Parece como diría Baudrillard que ya todo ha pasado y en ese juzgar desde el paso dado, la forma esquiva es una vorágine de pensamientos truncos. Pero no hay esperanzas más que las colectivas, no hay, por si fuera poco, una dirección salvaguarda de los vestigios de la humanidad: no hablemos de la privatización del agua o los recursos naturales, no mencionemos a la infancia como sujeto histórico de la esclavitud contemporánea (esclavitud mediática, laboral, sexual, icónica, lúdica), no consideremos tampoco los regímenes depredadores del entorno (humano, natural, psicosocial) ni nos restrinjamos a la escueta valoración de las élites gubernamentales globales (que resguardan proyectos dualistas por su condición de beneficio y daño). Es más, ni siquiera creamos que nosotros, este demos global, pueda figurar en los terrenos fértiles de la propaganda aceptada. Es muralidad1.1.2como la metáfora que usó Marx sobre las abejas y el trabajo, pero ahora, ya con las versiones neomalthusianas (que deben existir pero que desconozco): la naturaleza convertida en un ente distorsionado por la enajenación histórica humana no responde más a conductas y patrones verificables fuera de su contenido necropático. Necropatía o sea una emoción de la muerte, un sentir lo moribundo, lo que se apaga, contra un ethos vital, un actuar siguiendo las normas de lo vivo. Por ello, mucho más tétrico aún, el resurgir religioso, el fanatismo exacerbado, lo que Fromm llamará el miedo a la libertad, a pensar por uno mismo, a ser uno mismo, a vivirse y asumirse uno mismo, es el simple acto evasivo que no parece estar presente. Evasión constante (narcótica, televisiva, deportiva, artística), ejercicio procastinador derivado como facto improductivo: el hecho de lo pasado remueve la conciencia de que ya no hay nada adelante y por lo tanto el presente es una eternidad vacua en la que no hay más que interacciones (para algunos, hallazgos de una otredad inmensa y saturada, la otredad global). No sin desprender el exiguo remanente de este discurso, proclamador de la esterilidad como totalidad circunfleja del ahora, la teatralidad esférica de un otro desconocido, no ya desde la jerarquización civilizatoria frente al salvajismo, es una artilugio mental que construye una despilfarradora fotografía del abismado terreno del no sé quiénes son los demás, del egopatismo egopático de la egopatía: el sentir el yo en sus dimensiones expandidas, la experimentación sesgada de un infinito mar de significados revueltos en el camino de la identidad constructiva, de la personalidad ampliada, del ego como núcleo semántico, bajo disfraz o no, que recoge, igualmente de forma renovada, la clásica versión oficialista de los elegidos y el resto del mundo. Finalmente, el hecho es marcado por la voz presente de los sin historia y por la hegemonía, totalizante, de los grandes nombres. Si los grandes proyectos concluyeron, diría yo sólo en apariencia, no concluyó la nómina de los grandes personajes. Todo esto es parte de la digitalización de histórica del cosmos humano, si no estás en internet (sea como sea) no existes.

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