Rómulo Pardo Urías escribe

La voz alta de un bloqueo

No importa en estos tiempos pensar, no importa la intuición de nuevas formas, no importa palpar conceptos ni construir sistemas. Ya no interesa el afán epistemológico de la modernidad. No importa si creo que estamos en una burbuja derivada de los simbolismos pretéritos. Nada de eso. Ni siquiera pensar teóricamente es importante. Ya todo parece un regreso al pasado inmediato. Ni si quiera puedo leer a los autores de moda, ni siquiera puedo encontrar un sistema interpretativo propio. Estoy atorado, bloqueado, emocional e intelectualmente. La voracidad de la obsolescencia, que lo vuelve todo caduco de inmediato, escribe sus reglas en mi alma y mi voz. Una vez pensé en un argumento filosófico que me salvaría la vida, la desobjetivación del materialismo histórico. Y pensé también en la hypermodernidad y pensé en un sistema dialéctico, capaz de explicar la virtualidad global. Puras pérdidas de tiempo. Puras falacias. Puras y simples figuras retóricas. Leí a Aristóteles y no valoré más el sentido clásico, no valoré más después de leer a Heródoto, no comprendí lo clásico, no, me extravíe. Y así, quizá desde mi falta de compromiso social, desde mis excentricidades lectoras, así, desde el hecho de leer autores que representan el más álgido conservadurismo, así, me fui dejando caer en este abismo torpe, en este sin sentido, en este simbolismo anacrónico. Y ahora, a mitad de un proceso de investigación, me encuentro fuera de sitio, empolvado, encapsulado en una torre de marfil.

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