La no cabida

Caber, pertenecer, ser parte. Es natural del proceso de identidad la constitución de grupos sociales con afinidades selectivas. En los fundamentos sociales, la familia y otro tipo de instituciones son los primeros vínculos del individuo con el entorno de la otredad, múltiple y diversa. El proceso de individuación es dualista: interior y exterior. Es preciso para cada persona construir un mundo colectivity 1.2PZ345emotivo, simbólico, informativo, personal, pero también vincularse, anudarse y relacionarse con el mundo exterior. El descubrimiento de las capacidades sociales, es una condición sine qua non para el sano desenvolvimiento humano. La inserción social implica el conocimiento de normas, convenciones, patrones de conducta, sistemas simbólicos y mecanismos coercitivos que moldean el comportamiento. Caber en un universo social, grupal, inmiscuirse en la colectividad, es un principio de salud en el comportamiento. No hacerlo es un síntoma de una tendencia posiblemente patológica. Sin el otro, por quien conocemos nuestro nombre y sabemos de nosotros, no estamos en condiciones de explorarnos y de conocernos. No es el mito del individuo del liberalismo capitalista, ese del sueño americano, el que se monta encima de un egoísmo contundentemente consumista, sino el mito del individuo global, postliberalcapitalista. Las posibilidades de vinculación social, especialmente las comunitarias, incluyen intercambios recíprocos, actividades mutualistas, unidad en fines y medios para alcanzar metas comunes. De ahí que la anulación social del individuo, de sus preferencias y de sus sistemas emocionales y simbólicos, sea un mecanismo de abducción a corrientes aglomeradoras que supeditan la acción personal a un conjunto de prácticas enajenantes. El fanatismo en sus diversas modalidades, deportivo, religioso, político, estético, etcétera, es uno de los mecanismos de nulidad social, de anulación individual. El no caber en el mundo, el no pertenecer a algo, el carecer de elementos para construir y desarrollar una identidad, bajo un modelo dialéctico entre la tradición y la modernidad inherente a toda actividad humana, remite a estados de conciencia faltos de integridad, de sabiduría y de conciencia. La anulación del otro, como objeto y fin de un proceso enajenante y enajenador, es una meta cultural de nuestros tiempos.

fanatic moveLas formas en las que se expresa la anulación del sujeto, individuo o persona, dentro del colectivo, pueden enmarcarse en posturas tales como la patología social o las conductas antisociales y/criminales; el deseo del grupo, micro o macro estructurado, de eliminar las pulsiones individuales, por ejemplo el caso del complot contra el genio por parte de los otros pertenecientes al gremio; el impulso constituido de fuerzas supra individuales, con fines que son ajenos a los beneficios mediatos e inmediatos de los miembros, como el caso de los fanatismos; la implementación de modos de conducta ambiguos y ambivalentes por las instancias que regulan la sociedad; o en el mejor de los casos las dificultades del individuo por trascender su ego y romper con los cercos que le impone avizorarse en el otro. Si el reflejo, desde el mito de Narciso, es un elemento constructivo, en el caso antiguo por mortal y cuestionable, en el moderno como instancia comunicativa, reflejar-se es pertecener-se, ser parte. Un tú es un yo y un yo es un tú. Lo colectivo moviliza los terrenos de las voluntades en unión. El recrudecimiento de los mecanismos y procesos de anulación del individuo y sus grupos, es un claro síntoma de la descomposición del tejido social en tres direcciones: la falta de inventiva moral, mental y comunicativa en el desdoblamiento del ego y sus potencialidades, más que en el desdoblamiento egoísta y sus deficiencias; el abigarrado y excesivo, además de creciente, universo de los estímulos culturales, tecnológicos y entretenedores que implican una saturación determinista, reduccionista y simplificadora de la experiencia humana, como procedimientos de aplanamiento ideológico, emocional y conductual; la reiterada presencia de disputas y antagonismos históricos heredados que implican un resurgimiento total de creencias, valores, conductas, premisas, lógicas y actos vinculados a problemáticas insolubles que remiten a una ceguera tanto de las cúpulas, llámese institucionales, políticas o empresariales, como de la población, llámese ciudadanos, pueblos o colectivos.

La no cabida, la no pertenencia, el presente como un exilio del ser, más que una enfermedad es un síntoma de nuestros tiempos.

Technocracy man

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