Espera en museo

image

Ciudad de México 31 de julio de 2015 en el café del museo Rufino Tamayo. Nunca ganaré un concurso literario.

Recorrido de los astrales terrenos individuales

Lenta la mordida de los años
cortó el hilo de la paz.
La boca reseca y el pelo cano
de las trifulcas amorosas,
de los libros leídos y las pisadas
grises de la finitud indómita.
La terraza de la angustia
escribió con el látigo de la dulzura
los atisbos de una crónica fugaz:
un beso que era un recuerdo y fue
la cicatriz inocente de la ciudad
transida como agua de fuente en museo.
A la izquierda del palco de la melancolía quedaron las revisiones de cintas y papeles.
Que tibia la adolescencia cuando se goza, que fría la soledad cuando se sufre, que rápida la caída cuando se idealiza.
Era el sueño de vivir un arrecife
de constelaciones simbólicas. Su dureza era un trayecto mental
de obras y autores
que derruyeron el edificio de la consciencia. Totalidad secuestrada ¿la luna llena recitando una espacialidad conquistada? Toda la línea ecuatorial fue una metáfora orbital
de los desastres descritos por el desconsuelo.
Arriba de los estantes del fracaso
la imaginación ubica un hálito de ternura: una costra de personajes
oscila entre la cordura y el tenue
resplandor de falacias doctrinales.
El ciclo  de la tristeza queda resuelto
con los agujeros negros de pasividades infértiles. Una noche
un hombre muere y todas las aves
inician su migración a tierras más cálidas. Los vestigios del amor
arremeten contra la fecunda hora del porvenir.

Venality seduction

So deep

inner silence

between noise shaped

by the memory line.

Deep

the love shining

broken and tightened

the tears of past,

time awakening to the

solipsism thinking,

mindfully silence, again.

Trashed anatomy

pornographic bodies

and this venality seduction

again, always forgetting language

building the anarchy sky of chaotic names.

Deep

again

the silence

and nothing is better

than the lonelyness of full

sense of light.

Extraviarse fácilmente en la aglomeración cronohumana de la digitalidad vigente

Uno puede mantenerse fuera del universo del presentismo actual que engloba una entidad metafísica inabarcable. Lo noticioso no existe ya como categoría axiomática sino como vacuidad social dentro de un sistema de reproducción socioambiental transgeneracional. Si pensamos que podemos naufragar en el conocimiento, más aún en la cronohumanidad o la finitud temporal de los vestigios y huellas humanas. Si el tema de la ignorancia es una controversia hereditaria, la validez del conocimiento no reside en anular lo ignorado o evadirlo sino en definir sus límites y senderos. Extraviarse en la metafísica de la digitalidad es también una metáfora del extraviarse en el presente universalizado del conocimiento históricamente acumulado. Si las tendencias actuales enfatizan lo posterior, lo post, lo pasado algo, esto anula las dimensiones temporales al dotar de sentido unidades semántico-culturales que distan de la absorción ideológica de las modalidades univocas del presentismo de una re-modernización hyperpática. Aunque los esfuerzos generacionales impliquen la transmisión de valores tradicionales, la era re-modernizante de la digitalidad implica rupturas des-objetivantes de cualquier intento de canon, y en esa disolución lo acanónico se convierte en una tradición heterodoxa dudosa. De ahí que en esta totalidad virtualista extaviarse sea una herramienta de producción simbólica o de anulación social.

Neomicro I

Ayer era la luz
hoy es el camino
ayer fue la tormenta
hoy un nuevo amanecer.
Ayer las lágrimas sedientas
hoy respirar el alma natural.

No verso

Este
no
verso
es
preso
de
uno
y
sólo
ha
sido
el
preso
de
frases
no
dichas.
Es
falsa
su
poiesis.

Sin olvidar que no supe más de ti pero tal vez no me hayas amado

¿Tu nombre fue la lapida de mi luz
o fuiste lentamente un fantasma?
No tuve el valor
ni de buscarte
ni de quererte. Olvidé las enseñanzas
de mis ancestros por ti. Viví milenios
de dolores nostálgicos, por ti
tuve el valor de no seguir.
Rompiste con tu baile moreno
de fuego, miradas y deseo lujurioso
mi senda: ese pasillo donde la muerte
escribía con su aguja usando mi sangre, usando mi alma, usando mí luz y mi alma. Nunca como tú la usaste, esa noche, noche nuestra de nuestro baile y amor imposible.
¿Rompiste acaso el tendón de mi amor? Lo que rompiste fue mi juicio y razón.
Una oscura consecuencia despertaste
mi cobardía
agonía fulgente
traducción de anaqueles polvorientos y besos muertos, no dados.
Los días fueron acantilados tristes y espesos de la neblina del desamor.
¿Sólo bailamos, sólo me provocabas? A veces camino por la calle
hablando conmigo mismo, diciéndome ¿qué habría sido distinto si ella me hubiera amado?
Eres mi trauma vital preferido,
el surgimiento de todas mis complejidades,
la brújula de mis tragedias,
el trágico telón de mis quebrantos.
¿Me habrías amado con la desesperación que yo te perdí? ¿Habrías besado mi frente y cerrado tu mano sobre mi mano? ¿Habrías dicho que yo soy tu amor? La eternidad responde que
nos cruzamos y yo sucumbí ante ti.
Ni todas las putas de toda la historia, mía o de cualquier hombre común, podrían hacer del olvido
una medicina. Porque no es que te amara o que me embrujaras con tu té. Es algo más. Porque quizá me buscabas para destruirme.
Pero es la primavera tu estación. La nuestra. De nuestro baile. Y así la vida siguió y yo me pregunto:
¿si yo hubiere sido amado por ella ella me olvidaría tan pronto como lo hizo?
Estar así todos los tiempos estos que somos nadie
es saber que en tu nombre
estaba escrita mi sentencia.
Nunca podremos vivirnos
porque no nos importamos nunca
excepto quizás cuando me veías
en la penumbra
con esa ternura de miel en tus ojos
y yo quebraba mis caderas bailando
para que vieras que baila contigo
y para ti aunque no estuviéramos solos.
Todos estos años son esta escritura
y tú eres la ausencia
no mi madre
como creen mis lectores.
Tú y ella. Yo soy este ahora
un sin amar todos los ocasos
un sin refugio todas las tormentas
un sin cobija todos los inviernos
un simple soplo de amor inexistente.
No por todo lo dicho la eternidad cambiará. Eres el alfabeto de mi inexistencia: nosotros amándonos.

Micro S/N

Ahogado

como pez

fuera del agua

mi corazón

que gritaba.

Ejercico automatizado de despilfarro verbal Alpha 1.57.98

Imaginen: una chica y un chico, se besan, lentamente, en una película. Es más, se han olvidado de las palomitas. De pronto, en la pantalla, una esquela como parte de la narración, tétrico desenlace. ¿La película? Qué importa. Luego, afuera, los árboles verdes movidos por el viento, trinos de pájarillos, flores, verano. No. Otoño. Hojas secas, ramilletes de rosas, los novios, que se besan en el cine, no saben que afuera de él, la tarde siguiente, sus amantes tienen una cita. No es más que el eco de la ciudad. A raíz de la revisión de periódicos viejos, no consigo más que intuir que ya no sé escribir, ya no sé imaginar. Pero los novios, tiernos y poperos, arremeten contra sus labios y desquitan sus deseos reprimidos. Su inconsciente les dice: no puede enterarse de mi amante, su presencia les sugiere: vamos, no hay problema, ella/el es mi novia (o). Y de pronto, el tinaco de la casa del novio, hijo de familia, de clase media, seguidor de Limp Bizkit, estalla. Su casa se inunda. Todo su acervo de amantes desnudas, resguardas en su disco duro extraíble, queda bajo las aguas del tinaco. Vaya pérdida.
Los novios salen del cine y elle decide pedirle que no la acompañé a casa, que ella se puede ir por su cuenta, que la deje caminar por la arboleda. Se besan. ¿No son acaso los besos la forma de sellar un encuentro o una despedida? Entonces, salen del cine y ella se perfila hacia el andador. Él, sin intuir ni siquiera imaginar lo que pasó con sus “otras” en cueros que almacenaba, se topa sin remedio con Cindy. Ella lo ve, lo sigue, lo detiene, la agarra de la cabeza y lo besa. Él, entre dócil y renuente, después del beso le habla: -oye, mi novia está cerca, no mames, vete a la verga. Cindy, le guiña el ojo y le responde: ya lo sabía, el que se va a la verga eres tú, siempre me dejas mojada en la tienda. Mientras tanto la novia, ella, Elena, camina por la arboleda. De pronto se detiene, voltea hacia atrás para cerciorarse que su novio no está cerca, toma su celular, marca un número, aguarda. Se escucha: Ruben, corazón, estoy a la vuelta, llego en 15 minutos, ¿compraste los condones de sabores? Bueno, ahí llego.

Todo para él, Ricardo, lo es Elena. Pero mientras camina para alejarse de Cindy y tomar el camión a su casa, se da cuenta que tiene una erección. Maldita sea, piensa. Detiene el camión, que pasaba justo a tiempo, se sube, paga y busca un asiento. Se dirige hacia la parte de atrás. Casualmente, para Ricardo, el único lugar que hay es junto a una chava que parece modelo de Play boy.

Elena llega a casa de Ruben. Se detiene, respira, toca la puerta. Ruben abre, en bata al estilo de Mauricio Garcés: Pasa, Lena, te esperaba. El tono de voz de Ruben, niño rico que vive la vida de soltero licenciado recién graduado, es como un grave violoncelo. Elena, voraz, entra, toma las manos de Ruben y las pone en sus pechos apretándolos. Ruben impávido la toma por la cintura y ella lo cruza con las piernas. Suben a su habitación y empiezan sus menesteres. Elena, oh Elena, la más bella de la Universidad. En fin, todo vuelve a un cierto estado de normalidad después del coito.

Pero Ricardo, sentado junto a la modelo de Play Boy, se pregunta qué hace una chava “tan atractiva” en un pinche camión urbano. Pasan un tope y la bolsa de la chica, desconocida pero deliciosamente atractiva, cae al piso. Ricardo, con su agilidad de saltador de triple salto de longitud, se agacha, toma la bolsa y la devuelve a su dueña. ¿Su reacción? Gracias corazón. De nada, contesta Ricardo, y sin darse cuenta ya la tiene encima besándolo. No se hace el difícil. Prosigue la relación. ¿No sé cómo te llamas pero besas rico? No importa el nombre, sé besar con todas mis bocas, dice ella. Qué atrevida, dice Ricardo. No, jovencito, apenas comienzo, dice ella y remata, nos bajamos en la que sigue. Ricardo asume que es una oportunidad de oro. Se bajan, cruzan la calle, doblan la esquina, ella le dice, mira tengo que comprar condones de sabor, me encanta mamar. Ricardo, mueve afirmativamente la cabeza. No lo cree. Ella entra a una tienda donde, curiosamente, hay condones de sabores, sabor sandía. Además compró una botella de whisky Glendfidich, reserva 1944. Ricardo se pregunta, ya en el departamento de la chica, qué clase de tienda es esa y qué clase de chica es ella. Nada, cuando se da cuenta está desnudo, envainado con un condón sabor sandía y la desconocida haciendo su trabajo. Todo parece una maldita película pornográfica de los sueños de un adolescente de la década de los 90 del siglo XX. Pero no, Ricardo termina y piensa en Elena. La chica, coqueta y satisfecha le dice, eso era todo, me llamo Lorena. Malditas coincidencias.

Elena va al cine con Ricardo. Es una muestra internacional de Cine. Se vieron a las 3 de la tarde, fueron a comer, luego al motel, se besaron todo el tiempo. Llegaron al cine como a las 4. Entraron a la película, se besaron. La película terminó como a las 6. Era una producción francovietnamita sobre unos niños que encontraban un cargamento de napalm enterrado junto a un río en Laos. Nada del otro mundo, una simple tragedia euroasiática. Se despidieron con un beso. Se volverán a ver pasado mañana, en la escuela.

Parte presente

Los días,

oh corceles de viento,

circundando

la polución

de mi memoria,

trágica

como si Esquilo o Netzahualcoyotl

fueran los narradores

de mi presente.

 

Humberto Maturana quote

“Los seres humanos vivimos un mundo de explicaciones y descripciones en el lenguaje de nuestras experiencias cuando las ponemos de manifiesto en el lenguaje, e incluso nos matamos para defender nuestras explicaciones cuando estamos en desacuerdo respecto a ellas. Es más, ya que las explicaciones son reformulaciones de experiencias con elementos de experiencia en las coherencias operacionales de las experiencias, vivimos distintos mundos cuando ponemos de manifiesto en nuestra práctica de vivir distintas coherencias operacionales al adoptar en nuestro vivir diferentes sistemas de explicaciones. Esta no es una declaración vacía puesto que el lenguaje está constituido como un dominio de coordinaciones consensuales de acciones en los dominios de coherencias operacionales de los observadores, y si dos observadores aceptan explicaciones distintas, viven en distintas áreas de coherencias operacionales en sus dominios de experiencias. La vida nos sucede, la experiencia nos sucede, los mundos que vivimos nos suceden, cuando lo ponemos de manifiesto en nuestras explicaciones. Además, ya que cada sistema o mecanismo opera solamente si las coherencias operacionales que requiere son satisfechas, la vida y la experiencia nos suceden como nos suceden sólo en la medida en que las coherencias operacionales que las constituyen son satisfechas”.

Humberto Maturana R. La realidad: ¿objetiva o construida? I. Fundamentos biológicos de la realidad. Barcelona:Anthropos, Universidad Iberoamericana, ITESO, 1997. pp.98-99.

V despilfarros verbales

 

I

20 años

primavera

descolorida juventud

el sino de nuestro encuentro.

Flagelo incesante: tu recuerdo.

5 años.

 

II

No conoceré el saber tus labios

ni seré la felicidad de tus noches.

No brotarán en ti las lágrimas cuando muera

ni pondré en tu baño flores aromáticas.

No, sólo seré esta escritura degenerada,

esta perversión creciente, este desquicio

de desconocerte, de soñarte, de desearte

y no tenerte. Seré todos estos poemas

esta maldita pocilga fumadora, este atónito

demente. Nunca conoceré a tu madre,

ni te consolaré cuando te despidan del trabajo.

No veré a tus hijos ni verás mis desvelos

escribiendo sobre autores del siglo XVIII.

 

III

Nuestro baile fue la más osada acción de mi vida.

Qué baile, qué noche, qué fulgor de tus ojos

qué abrazo ajeno que no me correspondía y envidié.

No probarás mis guisos

ni sabrás mi receta para hacer ñoquis.

Olvido de la simpleza de la vida, jamás olvido de la tez morena

tuya, jamás olvido de tus pantorrillas,

jamás olvido tu falda morada.

Nunca estaremos juntos en una cama

viendo una película

ni negarás mi café cargado

ni leerás mis ensayos históricos

ni sabrás que nací un 6 de diciembre

ni que soy prematuro

ni que padezco esquizofrenia

ni mucho menos sabrás de nuestras vidas pasadas.

Somos lo imposible, el agua y el petróleo, lo que se toca

para destruirse y perderse, para olvidarse.

La eternidad ofuscó nuestro grito.

Gritamos y no pude seguir fingiendo, no pude ser el mismo.

¿A ti te pasó algo después de nosotros?

Nunca sabré qué efecto tuve en tu vida,

nunca conoceré tu tacto ni sabré si te gustan las fresas.

 

IV

Nunca me olvidaré de nuestra imposibilidad,

de nuestro desencuentro, nunca podré superarte, superarnos.

Qué manera de bailar, que cadenas de fuego tuyas. Ya incluso

hay algunos muertos de por medio, y no lloró, me resigno

a perderte como los aztecas perdieron su imperio.

La mierda de este país escribió en mi su condena, su repudio,

fui también un objeto público, profanado, desquiciado, perdido.

Y todas las primaveras, la misma noche del mismo día, te recuerdo.

Cada luna llena, que antes admiraba y decía me daba fortuna,

recuerdo tus ojos, tu cuerpo, tu voz, para maldecir mi destino.

No perdono porque no sé perdonar, porque soy una colmena

de infelicidad, una rotura que se ensancha, un abismo que se abre,

soy tu evasión, tu ignorancia de mí, tu ausencia, la vacuidad de nuestro nombre:

desamor. Confusión rotunda, maledicencia, soy

como un saco elegante: roto, descosido.

Sólo este agujero que emana todo el veneno ancestral y presente.

Yo fui un cobarde, todos los días,

todas las noches, cada luna llena,

fui un cobarde que se escondió,

como caracol en su concha.

No puedo dejarte ir porque no sabría vivir

sin el sufrimiento que me generas.

 

V

Y así estoy inmensamente cansado

con deseos de morir

inmensamente destruido;

ya la fuerza que me diste

desapareció,

ya vivo sin el ufano sabor de ese baile.

Todos los hombres somos iguales

pero hay algunos que son buenos.

Esto no es nada porque

yo soy nadie y tu eres todo el siglo presente

en un futuro radiante que yo no viviré.

Cantata de la deseperanza

Azul costra desamor

canción de tedio y vacío
lumen apócrifo, sonata mortuoria.
Esquirla: colindancia con la nostalgia
espera
la monotonía de las olas del mar.
Consciencia ausente falta de primavera
funerales de la alegría
tristezas acumuladas por los ayeres.
Invención que se arma contra el tendón
cardíaco, el ventanal de los días
escrito con el polvo de las migajas del amor.
Abismal efecto de los fracasos
como silencio vulnerado
por las escandalosas complicidades del futuro.
Acero de viento: aliento que se nombra orfandad.

ХронографБиопедия

I:К

Психическое узел формирования мой алкоголизм и детской порнографии были созерцая решающий фактор развития моей шизофренического состояния. Мой убежище от этого дуэта был писать, создание, музыка (композиция), излию дух Мой на интеллектуальные, художественные, творческой деятельности. Я жил ад Препарат, получаемый от смерти моей матери в 2000 году я пытался изучать два высших образования: социальной антропологии и испанского языка и литературы. В настоящее время я собирался закончить свой третий Unversitario попытку, на этот раз в истории. Я человек, который между отчаянием и настойчивости. Я эти переводы переводчика Google, чтобы экспериментировать с алфавитов и языков и переводить, хотя плохо, мой мир. Я был поэт, новеллист, эссеист, видео продюсер, музыкант, шеф-повар и в прошлом, что из моей юности, я был корейский каратэ черный пояс.
И живут разочарование, не имея партнера и потери в продажности. Я предполагаю, как отходы ХХ века.

 

Кантата безнадежности

Синий кора горе
Песня от скуки и пустоты
апокрифические люмен, надгробие Sonata.
Splinter: граница с ностальгией
ожидание
Однообразие волн.
Сознание отсутствует отсутствие весны
Радость похороны
Вчерашние накоплен печали.
Изобретение, оружие против сухожилия
сердце, окно дня
написано с пылью крохи любви.
Эффект ужасным неудачи
а молчание нарушил
скандальной соучастии в будущем.
Сталь Ветер: Дыхание сирота по имени.

Pastiche de idiomas

メキシコ文学 ポリグラフの利用

彼はかつて彼女を愛していた

私は言葉の間に逃しました

文献は話されないが、

すべての女性は異なっています

私はただのようだ

 

Es eso que me dicen las canciones tristes

los pormenores de la tragedia dicha

enunciación

es más que una fugaz conquista.

El corazón roto

perpetuamente

añorando

como escándalo en Tokio en el año 2002.

Todas las formas del amor son puntiagudas

para penetrar los caminos del corazón.

Ich bin nicht lieben

Ich bin Enttäuschungen

Eine Säure Reise verdreht

In einem elektronischen Musikparty

Sie war mein Engel Mörder

This is just a language pastiche

Я потерял надежду ее найти

Нелюбимая человек, который строит новую жизнь

Powered by Google translate

https://translate.google.com 

Mi siglo XVIII

I

 

Retrofobia-tecnofobia-modernofobia-logofobia-teofobia-sociofobia-aracnofobia

 

I.A

Terminología falazmente construida en este momento. Me encontré con el siglo XVIII hace muchos años. Mozart me fascinó, sobre todo con su Requiem. Sin la más remota consciencia, estoy extraviado en un dilema existencial: la vida no me alcanzará para profundizar del todo en el siglo XVIII, no al menos en el sentido de lograr abarcarlo como una totalidad académica. ¿Lo antiguo o lo moderno? De la revolución francesa de 1789 para atrás o para adelante. Mi tesis de licenciatura, de la tercera licenciatura que intentó y que por fin terminaré, parece, es sobre Ignacio de Luzán, un autor español del siglo XVIII. La ilustración francesa es otro tema, aún no explorado. Si empecé por lo último, es decir por Mozart, delinear un perfil de investigación sobre el siglo de las luces implica definir y establecer criterios de investigación. Considerar las posibilidades abiertas del estudio del siglo ilustrado es parte de mi problema existencial. He reunido una serie de trabajos, libros, artículos, etcétera, sobre el XVIII. ¿Generalidades? Ni siquiera puedo establecerlas con nitidez. Más allá de la anécdota positiva, frente a una causalidad que se resquebraja, mi mismidad se extiende por la negatividad del presentismo global. A esta forma aprehensiva, totalizante, le debo la posibilidad de acceder a las ediciones digitalizadas del trabajo más importante de Ignacio de Luzán: La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies en sus dos versiones editadas la primera en Zaragoza en 1737 y la segunda en Madrid en 1789. Y si existe un presentismo, una presentidad, tipo de axiomática sobre el tiempo que existe y transcurre pero es abarcable y capturable, me preguntaría por la presentidad (mis términos nunca dicen nada) del siglo XVIII. Me enfrasco por ello en la máscara intrusa de un gran proyecto, al estilo de los grandes meta-relatos de la modernidad, que no sería otra cosa más que una anomalía del sentido histórico que no comprendo: es decir, la peripecia que oscila del fracaso de las modernidades al esencialismo óntico del tiempo social de esas modernidades.

 

I.B

Longitudinalmente hablando la temporalidad del siglo XVIII desde la perspectiva causal de las transformaciones sería un primer plano de análisis. Además de construir un sistema interpretativo del último siglo del antiguo régimen, o sea de ver al enfermo en estado crónico de agonía, debería tener claro, quizá para esto me serviría leer a Maurice Godelier y sus postulados sobre los procesos de transición, debería considerar romper mi cerco de soberbia y asumir la imposibilidad hedonista, ociosa y fanática de estudiar el siglo de la ilustración. Quizá debería dejar de comprar libros viejos, reediciones, de buscar en Google Play, obras, autores, periódicos, digitalizados, debería quizá olvidar que los diccionarios de la Real Academia Española están disponibles en el Lexicon, también digitalizados. Debería asumir más bien mi pertenencia a la sociedad de la información y dejar de husmear en los pasajes, desde el puerto fonologocentrista de personalidades y hombres de letras de esa temporalidad, y renegar de mis abyectas simbologías y mis insípidos términos. ¿Y volver al problema existencial? Elegir una categoría y agotarla. No, tampoco es la posibilidad, frustrada para mi, de dilucidar el debate Lyotard-Habermas ni mucho menos de conseguir un trofeo académico. Es quizás la construcción de un itinerario de vida. ¿Cómo olvidar que la antropología clásica bebió del siglo XVIII, como hacer a un lado mis prejuicios personales para ingresar en la brecha cultural de un tiempo y otro? No lo sé. Aquí está la obra de Luzán:

Poética 1737 https://play.google.com/store/books/details/Ignacio_de_Luzán_La_poetica_ó_Reglas_de_la_poesia?id=ZWRLAAAAcAAJ

 

Poética 1789

https://play.google.com/store/books/details/Ignacio_de_Luzán_La_poética?id=4oICAAAAYAAJ

 

Memorias literarias de Paris 1751

https://play.google.com/store/books/details/Ignacio_de_Luzán_Memorias_literarias_de_Paris?id=zN4rAQAAMAAJ

 

II

Estaba estudiando letras hispánicas en la Universidad Veracruzana. Aprendía a ser poeta. Vinieron los problemas semánticos de lo poético, de la poesía y la poética: género literario, teoría literaria, dimensión estética del lenguaje. Ahora puedo decirlo con cierta simplicidad. En ese momento, me perdía en la biblioteca de Humanidades. Acaba de leer a Lyotard -¿aún no están hartos de él?- pero prefería a Habermas. Postmodernidad-modernidad dialéctica de una transición de siglo. Leo el título y veo ediciones de 1737 y 1789. ¿Qué es eso? ¿Qué es poética? El punto que me cautivó fue el asunto de las especies. Cuando estudiaba antropología pensaba en la existencia de especies culturales. No recuerdo bien, qué pasaba en mi por ese entonces, pero al leer el título luzaniano no pudo resistirme. Sacar el libro, fotocopiarlo. Y pum. Atolladero académico. Lo único que tenía de referencia sobre el siglo ilustrado era que ahí se originó la modernidad, la cual ahora ya no era válida, según Lyotard, sino que había sido trascendida a la postmodernidad.

II.A

Ignacio de Luzán me condujo por caminos digitales nuevos. Me involucré en el Lexicon de Real Academia Española y navegué por algunos lemas de los diccionarios de autoridades y el de 1789 digitalizados. Quería hacer una tesis. Ahora la hago en otro sentido. ¿Quién fue Ignacio de Luzán?

http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=8297

https://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_de_Luzán

 

III

tulipanes

 

 

IV.A: ÁLBUM DE PERSONAJES

donVoltaire

 

PERO BUENO. TODO FINALIZA EN UN SIMPLE EJERCICIO VISUAL.

donVico

 

 

 

 

NO PODEMOS OLVIDAR DE DAR CRÉDITO A LOS DISTINTOS SITIOS.

 

PERO ES IMPOSIBLE DECIR QUE ALGO BUENO SALGA DE TODO ESTO.donSmith

LA CERTIDUMBRE QUIZÁ SERÍA EXPLORAR LOS ATISBOS QUE PERMITIERON UNA CONSTRUCCIÓN MENOS FORTUITA.donBach

 

 

 

 

 

 

PERO NO PODEMOS SUBSTRAERMNOS DEL PRESENTE

QUE TODO ES UNA POSIBILIDAD ROTUNDA DEL NO SER

DEL NO ESPACIO

DEL NO TIEMPOdonFeijoo

 

AUNQUE QUIZÁS ES DEMASIADOdonEguiarayEguren

 

 

 

 

NO PODRÍAMOS PENSAR EN OTRA COSA QUE UNA ANTIENCICLOPEDIA GLOBALIZANTE TOTALIZADORA ESENCIALISTA

DonMunchhausen

 

 

PERDEMOS EL INSTINTO Y LA RAZÓN COMO SALVAJES FÓSILES

donMontesquieu

 

 

 

 

 

 

Y TODO ES UN LABERINTO IMPOSIBLE, INTANGIBLE, INMATERIAL.

donHegel

 

POR LAS SENDAS DEL CONOCIMIENTO ARTIFICIALIZADO

CONTRA LOS PRINCIPIOS DE UNA IMAGINACIÓN ARQUETÍPICAMENTE CONTUMAZ donJovellanos

 

 

 

 

NO ES MÁS QUE UN DESFILE SIMPLÓN, PERO TREMEBUNDO.

donHandel

 

 

 

POR CONSIGUIENTE

ES MÁS LO NO POSIBLE QUE LAS POSIBILIDADESdonRousseau

 

 

 

 

 

IZQUIERDA-DERECHA-LEFT-RIGHT

donGoethe

 

 

 

COMO CANCIÓN DE ARGONAUTA… EXTRAVIADO EN UN TIEMPO INDEFINIDO

donClavijero

 

 

 

 

EL BARCO ESTUVO CARGADO Y TODO UN SAQUEO PIRATA

donKant

 

 

PERO NO SE OLVIDEN DE LA TELEOLOGÍA

DonMozart

 

 

 

 

 

QUE LA CULTURA TAMBIÉN FUE CONCEPTUALIZADA EN EL SIGLO XVIII

donLuzan

 

 

 

 

 

 

 

 

FIN

 

 

 

 

 

 

Ella

Así llegó

nocturna

erótica

sensual

es más

sus chinos

eran perfectos

como de anuncio.

Así se fue

bailando

entre cadenas con bolas de fuego.

Y me dejo

así

torcido

como árbol chueco

hacia el rumbo de un abismo

llamado soledad.

Espirales de sentido

Pensamiento

azotea del patio racionalista

esfuma la pluma los síntomas

semiótica derivada

como álgebra mutacional

mutagénesis escritural.

Antagonismo monología

espíritu de los adornos románticos

suicido interior de la masividad

psique destronada del palacio del eros.

Venganza.

Añoranza la almohada donde habitan

versos de Rilke. Ungaretti y los primeros diarios

la guerra, no sabemos cómo son

las librerías en Budapest.

Tao de la verbalidad axiomática

¿axioma? longitud de cognición instantánea

como sopa maruchan: agua hervida por el tacto de mujer.

Péndulo alfabético, sistema sistema sistema

filosófico, añoranza podrida, éxito de best seller en el año 2060.

Totalidad esparcida por los rincones modernistas

postmodernidades de estertor anguloso

ángulo recto de la lógica paradójica

el arte de amar -Ovido y Erich Fromm-

todas las mañanas de sábado a la morena torneada.

Excelso, paradisiaco, abismo erótico: el maldito libro

el único que publicaste, nadie lo leyó, nadie lo lee, nadie,

nadie, nadie escribe, pero algo estaba dentro de ti.

Pálpitar arquetípico, sensorialidad, simbolismo,

tautología nacionalista de los refugiados norteamericanos.

Como torre de Babel: inconsciencia, lenguaje, mutismo,

asomo a la ventana de otros siglos. Nomenclatura histórica

espolvoreada por todo el departamento. Mudanza definitiva.

La deuda interior es como ver pornografía barata de los años 90.

Estábamos tan bien con Glenda hasta que Cortazar la inmortalizó.

Perenne subterfugio de olvidar los nombres torpedos del río de Heráclito.

Hace unos años me denominada indigente académico

Leo apenas los problemas de esencializar al momento de emprender algún estudio. También existen riesgos a la hora de generalizar. Las dificultades para establecer un método en vías de construir conocimiento, del tipo que sea, es uno de los retos disciplinares más auténticos. Me encuentro escribiendo una ponencia para un congreso de estudiantes de historia y no pude evitar aseverar que existe una epistemología de la modernidad industrial. Quizá desde mi lectura de Lyotard, ya ahora caduca, no puedo sino asumir que el giro interpretativo estaba de mi lado, para mal. No podría establecer nítidamente una certeza o un conjunto de certezas espitemológicas. Podría más bien mencionar las rutas de autores que he seguido, parcialmente. Digamos que en lo profundo he perdido el ímpetu y la temeridad intelectual. ¿Epistemología? Posibilidad de teoría del conocimiento. Pensé que escribí una novela epistemológico-pornográfica, de corte fantástico. Pero entender los mecanismos mediante los cuales se construye el conocimiento, no sólo desde los principios cartesianos del cogito ergo sum, ni tampoco desde el determinismo existencialista, implicaría para mi leer todo lo que he postergado. Dentro de lo que sí me he movido es dentro de la lógica de las ciencias sociales y las humanidades, más apto para las segundas que para las primeras. Recuerdo entonces el juego dicotómico de las ciencias del espíritu y las ciencias de la naturaleza de Dilthey. Sólo podría agregar que he intentado varias veces incursionar en Las palabras y las cosas de Michel Foucault, sin éxito alguno. ¿De dónde provienen entonces mis capacidades interpretativas? Quizá cuando estudiaba antropología y leí La descripción densa de Clifford Geertz logré interiorizar, en el sentido vigotskiano, la concepción semiótico-discursiva de la cultura. El curso lo daba Margarita Zárate en la Universidad Autónoma Metropolitana. Y ahora, después de 14 años, que estoy emprendiendo mi tesis de licenciatura y leo a Roger Chartier y a Robert Darnton o a Peter Burke, me doy cuenta de que mis logoestructuraitineriarios académicos han entorpecido mis posibilidades analíticas. Chartier, Darnton y Burke se la pasan hablando del giro lingüístico, de la historia cultural, que bebió de la antropología simbólica postmoderna norteamericana, especialmente de las posturas de Clifford Geertz y su texto mencionado anteriormente. Y en el intervalo entre Geertz y los historiadores culturales, nada menos que la lingüística estructural: Saussure, Greimas, Barthes, Todorov.

Pero no Foucault.

Las coordenadas longitudinales, geoambientales, de la intelectualidad del siglo XX, del escolasticismo de la espitheme de la modernidad industrial -recordando por completo el intento fallido de leer a Touraine y su Sociedad post-industrial– invoca nitidamente los acomplejamientos personales, las búsquedas mal hechas, los aprendizajes saboteados por episodios de psicotización drogadictiva, es más, el escueto y simplón acto esencialista y generalizador que moviliza mi método constructivo epistemológico humano. Es una muchedumbre de ausencias mis itinerario hasta ahora seguido. No olvido, sin embargo, que los más cerca que estuve de conocer y estudiar el presente, este presente global postdigital, fue cuando estudiaba antropología y me acercaba peligrosamente a la antropología simbólica.
Mis experiencias académicas hasta ahora, me han permitido notar que las distinciones nacionales, de las distintas escuelas del pensamiento, son contempladas, asumidas, ejercidas, practicadas, toleradas, sentenciadas, compartidas, escrutadas, distintivamente según cada disciplina. Y no es raro, además, pensar en el impulso del estado postrevolucionario mexicano y sus proyectos educativos durante el siglo XX, por lo menos hasta los gobiernos neoliberales iniciados por Miguel de la Madrid en 1982, siempre que se trata de un motor que impulsó la presencia, significación, transformación, consolidación y efervescencia de ciertas disciplinas, de ciertos conocimientos, para distintos proyectos sociales. Sin duda, las migajas de las escuelas intelectuales que he conocido, sobre todo la norteamericana de antropología cultural, la francesa de estructuralismo -sociológico,antropológico, literario y lingüístico, la alemana de psicoanálisis, la española de literatura e historia, y la latinoamericana -de literatura, historia y sociedad-, no han hecho más que ennegrecer mis facultades argumentativas, aunado a las duras y extendidas temporadas de consumo de Chaotism machinedrogas, sobre todo alucinógenas, que derivaron, prácticamente siempre, en brotes psicóticos: hongos alucinógenos, floripondio, peyote, ácido lisérgico, marihuana, alcohol en exceso y de distintos tipos, cocaína, crack, aire comprimido, insecticida, éxtasis (pocas veces), y quizá algunas otras substancias que he olvidado. Entre la claridad, la disciplina, y el desorden, el caos, ha transitado mi pensamiento. Entre la luz y la negrura, entre la paz y la guerra, entre la cima y la cresta, entre el cielo y la ultratumba, mi ideario, mis autores, mis predilecciones, mis filias y fobias, mis tendencias, mis arbitrariedades lectoras, intelectuales. Y omito la filosofía, rotundamente, porque al final de cuentas mi humanismo, postdigital, no desea ser más pretencioso de lo que en este escrito ha sido.

A una chica dolida en primavera

Si la primavera trae consigo

la desgracia desértica del desamor

y tus ojos sucumben a la lluvia del llanto

no esperes que el otoño cobije tu nostalgia.

Los años y las tempestades forjan una malla

de recuerdos y colapsos nerviosos,

como los deseos de ser besado, como desear estrechar

la mano tibia de un acompañante.

Si la primavera no trae consigo flores y esperanzas

sino el rugido torrente de la desilusión

aguarda que la luna llena escriba los tendones del olvido.

¿Es mucha la impaciencia del árbol y la vegetación

cuando florecen? Es mucho el desatino de no ser amada.

Mucho también el raquítico desprecio que parece eternidad.

Una noche o un día o una tarde o una mañana son espacios

todos donde el prado del destino moviliza

los actos ínfimos del azar: una tarde quizá un Cupido lea

tu soledad soleada y desemboque en tu playa, de tristeza

y desamparo emotivo, llamada mirada taciturna

y aparezca

un alguien amor,

un algo amoroso,

un por qué y un para qué contar ansiosa los segundos,

un viajero de ti, de tus rincones y tus secretos.

Si la primavera trae consigo alfileres de melancolía

y el dolor de una ausencia revuelca tus ideas

no esperes que la brisa del mar o la luz de las estrellas

atestigüen a tu favor cuando desees volver la página

del libro que eres, si eres una tragedia innecesaria.

Si la primavera llega, recuerda, que los cerezos

y las flores esculpen delicadeza

pero que la savia de tus sentimientos

no depende de un otro,

de otredad ninguna,

sino que está fluyendo

sin fin

sin tope

aunque duela esa ternura que se fue.

Recuerda que el atardecer

conmueve porque se marcha desgarrado

el sol hacia el aposento lunar.

 

Micro mitopoiesis del presente

¿Habéis escuchado el rugido de los segundos? Escritura como monumental historiografía jesuita, diálogo y sordera de la tempestad neoclásica, la sombra figurativa de los soles y las estrellas quedan cubiertas con chispas de chocolate pero ¿acaso sois los cómplices del códice espumoso de la memoria? No sabemos si os vimos o si os invocamos, porque cantamos después de que el alba pudiera ser el margen de la constricción existencial. No escupimos desde nuestro nihilismo panfletario un código fortuito sino que investimos los dorados ciclos del maíz en el firmamento, acaso con el latinismo infértil de los hijos extraviados del Anahuac. Si supierais que os decidimos sacrificar en nombre de unas garnachas y que al final de todo la cinematográfica presencia de vuestro inmolado testimonio no es más que una regla fija del sin sentido aforístico, ese aliento que nutre las cabalgatas apaches en el desierto de Arizona en el siglo XIX y todo lo demás que podemos describir de las tendencias constreñidas del simbolismo instantáneo: las dos orillas de los labios que se cierran y los párpados caídos y la lengua húmeda y los señuelos al cruzar la calle que son los niños con algodones de azúcar y globos y sonrisas. Pero sabemos que vosotros, que estáis inmersos en el alcantarillado público y las gestiones de la gran vía que transitará las consciencias globales, sois espumosos vasos comunicantes y que además planeáis un acto público: ergo sum, ergo si os place leed con minucia la atenta disculpa de los chóferes que transitan por Amsterdam y que también son musulmanes. Seréis la cuchilla que mida la argamasa del silencio.

Extraño 1

Habitó un olvido

con el pasaje de las mareas

figuración esbelta su rostro

carcomido por juicios desacomodados.

Lánguida su última semana

vivió un maremoto en Lima

comiendo ceviche

y leía, frente a la inmensa ola

desde un rascacielos, una oda

del siglo XVII, francesa traducida

del italiano. Pero desconocía a los jesuitas

porque supuso que sus ancestros fueron americanos

siempre el mismo odio histórico contra Europa,

siempre el occidente levantado y erguido como saqueo de otredad.

Estuvo en Berlín un otoño

bailando jazz, tocando swing, conquistando

cabareteras. Fumigó su tristeza con whisky y vino,

localizó con opio sus miserias, cruzo el canal de la Mancha

extravióse en Edimburgo, supo en Escocia

que su tía abuela había sido apache.

Era tanto lo que pasaba, esa última semana,

que sus uñas, negras de fumar,

fueron enciclopedias de todas sus frustraciones.