Espera en museo

image

Ciudad de México 31 de julio de 2015 en el café del museo Rufino Tamayo. Nunca ganaré un concurso literario.

Anuncios

Recorrido de los astrales terrenos individuales

Minientrada

Lenta la mordida de los años
cortó el hilo de la paz.
La boca reseca y el pelo cano
de las trifulcas amorosas,
de los libros leídos y las pisadas
grises de la finitud indómita.
La terraza de la angustia
escribió con el látigo de la dulzura
los atisbos de una crónica fugaz:
un beso que era un recuerdo y fue
la cicatriz inocente de la ciudad
transida como agua de fuente en museo.
A la izquierda del palco de la melancolía quedaron las revisiones de cintas y papeles.
Que tibia la adolescencia cuando se goza, que fría la soledad cuando se sufre, que rápida la caída cuando se idealiza.
Era el sueño de vivir un arrecife
de constelaciones simbólicas. Su dureza era un trayecto mental
de obras y autores
que derruyeron el edificio de la consciencia. Totalidad secuestrada ¿la luna llena recitando una espacialidad conquistada? Toda la línea ecuatorial fue una metáfora orbital
de los desastres descritos por el desconsuelo.
Arriba de los estantes del fracaso
la imaginación ubica un hálito de ternura: una costra de personajes
oscila entre la cordura y el tenue
resplandor de falacias doctrinales.
El ciclo  de la tristeza queda resuelto
con los agujeros negros de pasividades infértiles. Una noche
un hombre muere y todas las aves
inician su migración a tierras más cálidas. Los vestigios del amor
arremeten contra la fecunda hora del porvenir.

Venality seduction

Minientrada

So deep

inner silence

between noise shaped

by the memory line.

Deep

the love shining

broken and tightened

the tears of past,

time awakening to the

solipsism thinking,

mindfully silence, again.

Trashed anatomy

pornographic bodies

and this venality seduction

again, always forgetting language

building the anarchy sky of chaotic names.

Deep

again

the silence

and nothing is better

than the lonelyness of full

sense of light.

Extraviarse fácilmente en la aglomeración cronohumana de la digitalidad vigente

Uno puede mantenerse fuera del universo del presentismo actual que engloba una entidad metafísica inabarcable. Lo noticioso no existe ya como categoría axiomática sino como vacuidad social dentro de un sistema de reproducción socioambiental transgeneracional. Si pensamos que podemos naufragar en el conocimiento, más aún en la cronohumanidad o la finitud temporal de los vestigios y huellas humanas. Si el tema de la ignorancia es una controversia hereditaria, la validez del conocimiento no reside en anular lo ignorado o evadirlo sino en definir sus límites y senderos. Extraviarse en la metafísica de la digitalidad es también una metáfora del extraviarse en el presente universalizado del conocimiento históricamente acumulado. Si las tendencias actuales enfatizan lo posterior, lo post, lo pasado algo, esto anula las dimensiones temporales al dotar de sentido unidades semántico-culturales que distan de la absorción ideológica de las modalidades univocas del presentismo de una re-modernización hyperpática. Aunque los esfuerzos generacionales impliquen la transmisión de valores tradicionales, la era re-modernizante de la digitalidad implica rupturas des-objetivantes de cualquier intento de canon, y en esa disolución lo acanónico se convierte en una tradición heterodoxa dudosa. De ahí que en esta totalidad virtualista extaviarse sea una herramienta de producción simbólica o de anulación social.

Neomicro I

Ayer era la luz
hoy es el camino
ayer fue la tormenta
hoy un nuevo amanecer.
Ayer las lágrimas sedientas
hoy respirar el alma natural.

No verso

Este
no
verso
es
preso
de
uno
y
sólo
ha
sido
el
preso
de
frases
no
dichas.
Es
falsa
su
poiesis.

Sin olvidar que no supe más de ti pero tal vez no me hayas amado

¿Tu nombre fue la lapida de mi luz
o fuiste lentamente un fantasma?
No tuve el valor
ni de buscarte
ni de quererte. Olvidé las enseñanzas
de mis ancestros por ti. Viví milenios
de dolores nostálgicos, por ti
tuve el valor de no seguir.
Rompiste con tu baile moreno
de fuego, miradas y deseo lujurioso
mi senda: ese pasillo donde la muerte
escribía con su aguja usando mi sangre, usando mi alma, usando mí luz y mi alma. Nunca como tú la usaste, esa noche, noche nuestra de nuestro baile y amor imposible.
¿Rompiste acaso el tendón de mi amor? Lo que rompiste fue mi juicio y razón.
Una oscura consecuencia despertaste
mi cobardía
agonía fulgente
traducción de anaqueles polvorientos y besos muertos, no dados.
Los días fueron acantilados tristes y espesos de la neblina del desamor.
¿Sólo bailamos, sólo me provocabas? A veces camino por la calle
hablando conmigo mismo, diciéndome ¿qué habría sido distinto si ella me hubiera amado?
Eres mi trauma vital preferido,
el surgimiento de todas mis complejidades,
la brújula de mis tragedias,
el trágico telón de mis quebrantos.
¿Me habrías amado con la desesperación que yo te perdí? ¿Habrías besado mi frente y cerrado tu mano sobre mi mano? ¿Habrías dicho que yo soy tu amor? La eternidad responde que
nos cruzamos y yo sucumbí ante ti.
Ni todas las putas de toda la historia, mía o de cualquier hombre común, podrían hacer del olvido
una medicina. Porque no es que te amara o que me embrujaras con tu té. Es algo más. Porque quizá me buscabas para destruirme.
Pero es la primavera tu estación. La nuestra. De nuestro baile. Y así la vida siguió y yo me pregunto:
¿si yo hubiere sido amado por ella ella me olvidaría tan pronto como lo hizo?
Estar así todos los tiempos estos que somos nadie
es saber que en tu nombre
estaba escrita mi sentencia.
Nunca podremos vivirnos
porque no nos importamos nunca
excepto quizás cuando me veías
en la penumbra
con esa ternura de miel en tus ojos
y yo quebraba mis caderas bailando
para que vieras que baila contigo
y para ti aunque no estuviéramos solos.
Todos estos años son esta escritura
y tú eres la ausencia
no mi madre
como creen mis lectores.
Tú y ella. Yo soy este ahora
un sin amar todos los ocasos
un sin refugio todas las tormentas
un sin cobija todos los inviernos
un simple soplo de amor inexistente.
No por todo lo dicho la eternidad cambiará. Eres el alfabeto de mi inexistencia: nosotros amándonos.

Micro S/N

Minientrada

Ahogado

como pez

fuera del agua

mi corazón

que gritaba.

Ejercico automatizado de despilfarro verbal Alpha 1.57.98

Imaginen: una chica y un chico, se besan, lentamente, en una película. Es más, se han olvidado de las palomitas. De pronto, en la pantalla, una esquela como parte de la narración, tétrico desenlace. ¿La película? Qué importa. Luego, afuera, los árboles verdes movidos por el viento, trinos de pájarillos, flores, verano. No. Otoño. Hojas secas, ramilletes de rosas, los novios, que se besan en el cine, no saben que afuera de él, la tarde siguiente, sus amantes tienen una cita. No es más que el eco de la ciudad. A raíz de la revisión de periódicos viejos, no consigo más que intuir que ya no sé escribir, ya no sé imaginar. Pero los novios, tiernos y poperos, arremeten contra sus labios y desquitan sus deseos reprimidos. Su inconsciente les dice: no puede enterarse de mi amante, su presencia les sugiere: vamos, no hay problema, ella/el es mi novia (o). Y de pronto, el tinaco de la casa del novio, hijo de familia, de clase media, seguidor de Limp Bizkit, estalla. Su casa se inunda. Todo su acervo de amantes desnudas, resguardas en su disco duro extraíble, queda bajo las aguas del tinaco. Vaya pérdida.
Los novios salen del cine y elle decide pedirle que no la acompañé a casa, que ella se puede ir por su cuenta, que la deje caminar por la arboleda. Se besan. ¿No son acaso los besos la forma de sellar un encuentro o una despedida? Entonces, salen del cine y ella se perfila hacia el andador. Él, sin intuir ni siquiera imaginar lo que pasó con sus “otras” en cueros que almacenaba, se topa sin remedio con Cindy. Ella lo ve, lo sigue, lo detiene, la agarra de la cabeza y lo besa. Él, entre dócil y renuente, después del beso le habla: -oye, mi novia está cerca, no mames, vete a la verga. Cindy, le guiña el ojo y le responde: ya lo sabía, el que se va a la verga eres tú, siempre me dejas mojada en la tienda. Mientras tanto la novia, ella, Elena, camina por la arboleda. De pronto se detiene, voltea hacia atrás para cerciorarse que su novio no está cerca, toma su celular, marca un número, aguarda. Se escucha: Ruben, corazón, estoy a la vuelta, llego en 15 minutos, ¿compraste los condones de sabores? Bueno, ahí llego.

Todo para él, Ricardo, lo es Elena. Pero mientras camina para alejarse de Cindy y tomar el camión a su casa, se da cuenta que tiene una erección. Maldita sea, piensa. Detiene el camión, que pasaba justo a tiempo, se sube, paga y busca un asiento. Se dirige hacia la parte de atrás. Casualmente, para Ricardo, el único lugar que hay es junto a una chava que parece modelo de Play boy.

Elena llega a casa de Ruben. Se detiene, respira, toca la puerta. Ruben abre, en bata al estilo de Mauricio Garcés: Pasa, Lena, te esperaba. El tono de voz de Ruben, niño rico que vive la vida de soltero licenciado recién graduado, es como un grave violoncelo. Elena, voraz, entra, toma las manos de Ruben y las pone en sus pechos apretándolos. Ruben impávido la toma por la cintura y ella lo cruza con las piernas. Suben a su habitación y empiezan sus menesteres. Elena, oh Elena, la más bella de la Universidad. En fin, todo vuelve a un cierto estado de normalidad después del coito.

Pero Ricardo, sentado junto a la modelo de Play Boy, se pregunta qué hace una chava “tan atractiva” en un pinche camión urbano. Pasan un tope y la bolsa de la chica, desconocida pero deliciosamente atractiva, cae al piso. Ricardo, con su agilidad de saltador de triple salto de longitud, se agacha, toma la bolsa y la devuelve a su dueña. ¿Su reacción? Gracias corazón. De nada, contesta Ricardo, y sin darse cuenta ya la tiene encima besándolo. No se hace el difícil. Prosigue la relación. ¿No sé cómo te llamas pero besas rico? No importa el nombre, sé besar con todas mis bocas, dice ella. Qué atrevida, dice Ricardo. No, jovencito, apenas comienzo, dice ella y remata, nos bajamos en la que sigue. Ricardo asume que es una oportunidad de oro. Se bajan, cruzan la calle, doblan la esquina, ella le dice, mira tengo que comprar condones de sabor, me encanta mamar. Ricardo, mueve afirmativamente la cabeza. No lo cree. Ella entra a una tienda donde, curiosamente, hay condones de sabores, sabor sandía. Además compró una botella de whisky Glendfidich, reserva 1944. Ricardo se pregunta, ya en el departamento de la chica, qué clase de tienda es esa y qué clase de chica es ella. Nada, cuando se da cuenta está desnudo, envainado con un condón sabor sandía y la desconocida haciendo su trabajo. Todo parece una maldita película pornográfica de los sueños de un adolescente de la década de los 90 del siglo XX. Pero no, Ricardo termina y piensa en Elena. La chica, coqueta y satisfecha le dice, eso era todo, me llamo Lorena. Malditas coincidencias.

Elena va al cine con Ricardo. Es una muestra internacional de Cine. Se vieron a las 3 de la tarde, fueron a comer, luego al motel, se besaron todo el tiempo. Llegaron al cine como a las 4. Entraron a la película, se besaron. La película terminó como a las 6. Era una producción francovietnamita sobre unos niños que encontraban un cargamento de napalm enterrado junto a un río en Laos. Nada del otro mundo, una simple tragedia euroasiática. Se despidieron con un beso. Se volverán a ver pasado mañana, en la escuela.