V despilfarros verbales

 

I

20 años

primavera

descolorida juventud

el sino de nuestro encuentro.

Flagelo incesante: tu recuerdo.

5 años.

 

II

No conoceré el saber tus labios

ni seré la felicidad de tus noches.

No brotarán en ti las lágrimas cuando muera

ni pondré en tu baño flores aromáticas.

No, sólo seré esta escritura degenerada,

esta perversión creciente, este desquicio

de desconocerte, de soñarte, de desearte

y no tenerte. Seré todos estos poemas

esta maldita pocilga fumadora, este atónito

demente. Nunca conoceré a tu madre,

ni te consolaré cuando te despidan del trabajo.

No veré a tus hijos ni verás mis desvelos

escribiendo sobre autores del siglo XVIII.

 

III

Nuestro baile fue la más osada acción de mi vida.

Qué baile, qué noche, qué fulgor de tus ojos

qué abrazo ajeno que no me correspondía y envidié.

No probarás mis guisos

ni sabrás mi receta para hacer ñoquis.

Olvido de la simpleza de la vida, jamás olvido de la tez morena

tuya, jamás olvido de tus pantorrillas,

jamás olvido tu falda morada.

Nunca estaremos juntos en una cama

viendo una película

ni negarás mi café cargado

ni leerás mis ensayos históricos

ni sabrás que nací un 6 de diciembre

ni que soy prematuro

ni que padezco esquizofrenia

ni mucho menos sabrás de nuestras vidas pasadas.

Somos lo imposible, el agua y el petróleo, lo que se toca

para destruirse y perderse, para olvidarse.

La eternidad ofuscó nuestro grito.

Gritamos y no pude seguir fingiendo, no pude ser el mismo.

¿A ti te pasó algo después de nosotros?

Nunca sabré qué efecto tuve en tu vida,

nunca conoceré tu tacto ni sabré si te gustan las fresas.

 

IV

Nunca me olvidaré de nuestra imposibilidad,

de nuestro desencuentro, nunca podré superarte, superarnos.

Qué manera de bailar, que cadenas de fuego tuyas. Ya incluso

hay algunos muertos de por medio, y no lloró, me resigno

a perderte como los aztecas perdieron su imperio.

La mierda de este país escribió en mi su condena, su repudio,

fui también un objeto público, profanado, desquiciado, perdido.

Y todas las primaveras, la misma noche del mismo día, te recuerdo.

Cada luna llena, que antes admiraba y decía me daba fortuna,

recuerdo tus ojos, tu cuerpo, tu voz, para maldecir mi destino.

No perdono porque no sé perdonar, porque soy una colmena

de infelicidad, una rotura que se ensancha, un abismo que se abre,

soy tu evasión, tu ignorancia de mí, tu ausencia, la vacuidad de nuestro nombre:

desamor. Confusión rotunda, maledicencia, soy

como un saco elegante: roto, descosido.

Sólo este agujero que emana todo el veneno ancestral y presente.

Yo fui un cobarde, todos los días,

todas las noches, cada luna llena,

fui un cobarde que se escondió,

como caracol en su concha.

No puedo dejarte ir porque no sabría vivir

sin el sufrimiento que me generas.

 

V

Y así estoy inmensamente cansado

con deseos de morir

inmensamente destruido;

ya la fuerza que me diste

desapareció,

ya vivo sin el ufano sabor de ese baile.

Todos los hombres somos iguales

pero hay algunos que son buenos.

Esto no es nada porque

yo soy nadie y tu eres todo el siglo presente

en un futuro radiante que yo no viviré.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s