Huellas satelitales de una juventud derruida

tokio bayHace 17 años salí por primera vez de México. Embarcado en una adolescencia que traslucía las melodías de la banda argentina Sui Generis, emprendí un viaje familiar europeo a un evento global: el mundial de soccer FIFA 1998. Primeras incursiones en un ambiente de culturas múltiples que no fuera un mero espejismo. Caminé por Barcelona, por Amsterdam, por Montpellier, caminé por una Europa en renovación, hoy quizá lejana. El viaje fue mucho más divertido de lo que creí, aunque no pude recorrer museos ni visitar sitios de interés cultural. ¿Dónde quedan las huellas de los lugares que conocemos? ¿Quedan registrados en nosotros nada más? Escribo desde la Ciudad de México, nostálgico de una juventud que se quebró, pero también consciente de un presente nutrido, firme y renovado. Viajar es una situación particularmente engrandecedora. Apenas este fin de semana estuve en Malinalco visitando a un amigo. Platicamos, comimos rico, paseamos, anduvimos nuestra otredad mutua. En fin, no todo puede ser el recuerdo de tiempos mejores o de tiempos pasados. ¿Cómo es estar desde fuera y desde lejos en una ciudad que ya no es la que conociste? ¿Para qué mostrar los senderos de recorridos que no tienen un sentido vital en el ahora? Mero hedonismo, mera rememoración.

Cuando creces sin guías muy claras es notorio que el extravío, que desde fuera se percibe, sea un defecto de la trayectoria que continua tu desvío. Pero no es posible ser enteramente consciente de todos y cada uno de los actos propios ni ajenos. No es posible tampoco sucumbir al inconsciente colectivo de manera superflua. Pero no es una sesión de psicoanálisis ni un esbozo autobiográfico este intento. Recordar que un vez me toco estar en Holanda es casi un acto de rejuvenecimiento. No sé por qué no pude ir al museo de Van Gogh pero si se que los canales de Amsterdam me parecieron crucialmente hermosos. No es que ahora note como el sino del progreso occidental destruyó la Ciudad de México, incomparable Tenochtitlan que tenía el mejor sistema de canales del siglo XVI. Quizá simulo los ecos torcidos de las excrecencias del capitalismo global mexicano, quizá es un remilgoso atuendo mío, de mi alma, el que se esconde detrás de las figuras satelitales que aquí convoco.

No lograr transitar por los rituales de paso de tu generación es también una amsterdam baymanera de negar el síntoma propio de los tiempos: escalar otras montañas, leer otros autores, citar otros libros, escuchar otra música, visitar otros lugares, sin que
haya algo nuevo detrás del sol. Tampoco caer ensimismado en la égida nacionalista que gobierna los estilos fanáticos de nuestros tiempos, ni en la credulidad religiosa o en la parafernalia tecnócrata. No, es mucho más que pensar que cuando escuchaba a Mozart en la adolescencia no sabía que existía el romanticismo, el barroco, el neoclasicismo, el humanismo, el existencialismo, el postmodernismo, el marxismo, el anarquismo, el surrealismo, el ultraísmo, el dadaísmo, el cubismo, nada que pudiera representar una aglutinación simbólico estética. Ni había leído a Sánchez Vázquez ni sabía del asesinato de Carranza ni tampoco entendía los motivos de la hispanofilia y la hispanofobia en mi país. Y cuando ví el monumento a Colón en Barcelona, cuando caminé por sus playas llenas de colillas de cigarros y mujeres con el pecho desnudo, cuando estuve en Ibiza y nos metimos a una playa nudista, cuando me ofrecían que me acostara con un prosti para que me volviera hombrecito, no sabía que el sexo fuera un potencialidad vital ni que también pudiera convertirse en una entidad destructiva, neurótica, maniaca, obsesiva. No sabía los nombres de las actrices pornográficas o las modelos de play boy que veía en antena satelital, igual que estas imágenes mapeadas, cartografías de una memoria, la mía, tenue en este ventrilocuismo fugaz: mi yo desdoblando imágenes de otro yo que ya no existe. No sabía que Led Zeppelin tuviera discos tan buenos y más bien buscaba hacerme de la discografía de Charly García y Fito Páez. Barcelona_Spain

En ese entonces quizá leía El Mundo de Sofía de Gardner y también componía canciones de amor a una mujercita hermosa, morena, radiante e inocente, dentro de todo, la dueña de mis versos, de mis días y mis sueños, de mis palabras y de mis actos, hoy una mujer casada ya olvido de mi presente. Por todas partes, en el bullicio de la vida y la existencia, el agro global del ser, eso que nos mantiene atados a una circunstancia y a un esqueleto emotivo, eso que abre o cierra puertas con decisiones, eso que es estar un día aquí y otro en el otro extremo del mundo. Como ir a Japón, a otro evento global, 4 años después. Conocer y andar Tokio, también con canales, también una ciudad que ha ganado terreno al mar. Deambular occidentalmente por la plaza oriental tokienes, nipona, conocer y ver rostros y sentir como en esa inmensa diferencia estriba una otredad que no es accesoria sino descripción fiel de la diversidad humana. Recorrer Ginza, luces, tiendas, comida, ruido, y dentro del ruido el orden po00265_cjaponés, la coordinación urbana perfecta, trazos geométricos exactos de los pasos de cebra, toda una multitud organizada para vivir en rascacielos.  Los canales, sorprendentes de forma distinta que los de Amsterdam, dos ciudades en una época del año como es el tránsito de la primavera al otoño; la lluvia que afloja la visión y agudiza la humedad, que profundiza en los caminos de una cercana experiencia con la neblina y la llovizna, la vivida en Xalapa, la serranía, el píe de monte en el oriente mexicano. Totalidades-globalidades-personalidades- atmósfera que se reticula con la ambientación de la memoria, el eco de los pasos y los días, de las noches donde fueron lavados calzoncillos en los baños de hoteles y leídos libros como Mono y Esencia de Huxley. Queda en cinta, preñada, la historia crónica de episodios personales: el ligue trunco de una japonesa, el beso a otra a cambio de un collar y un abanico japonés, la comida, el sushi, las sopas chinas, los vasos de cerveza, la Sapporo, KAMPAY.

¿Cómo reside el espíritu en el cuerpo cuando es atacado por fuera y por dentro? Reside acaso si una flama de optimismo queda sujeta a la inclinación de los eventos, ese horizonte donde podemos ser una persona, un amigo, un cliente, un amante, un escucha, un alguien que a otro moviliza y sacude, un otro que dialoga y pregunta, un otro para otro y para otra, marca de registros vitales, emotivos, literarios, poéticos, artísticos, sin el peso solemne de la antigüedad falsificadora. Cantos de ballenas, cantos de lobos, cantos de aviones que aterrizan y en su aterrizaje pasan por la colonia Alamos, cerca de Tlalpán, por la zona roja donde se ponen las prostis y las chicas trans. Escueta semejanza que hace Gruzinski de Tenochtitlán con Venecia. Tenochtitlán fue la ciudad más grande del mundo en el siglo XVI, la más organizada, la más pulimentada obra de ingeniería prehispánica, el esplendor, por ser síntesis de una larga trayectoria, de los procesos de urbanización mesoamericanos. Pamplinas, también en México, los mexicanos, somos etn1366815826_17_tokio_jap__n-1000x658océntricas. No existen figuras retóricas para el corazón, eso es una rotunda falacia. El auge de mi sentimentalismo, de mi perspicacia falta de congruencia, es una semilla que busca lectores, propios y extraños.  Los costados de mi presente están como soportando una falta de sensibilidad que no es favorable a mi destino, pero también soportan una especie de sensibilidad amortiguadora de los fracasos. Contiendas siempre en mi interior, entre el deber ser y el parecer y el ser, entre la culpa, la virtud y el vicio. Al final un último evento global fueron las olimpiadas de Atenas, último viaje con la familia, último cruzar el Atlántico, leyendo a Ruy Sánchez y a Paolo Freire. Un recorrido por el origen de los tacos al pastor mexicanos, en el giro griego, zat zi ki, queso feta, cigarrillos finos en caja de cartón, rotulados. La elegancia que debe surgir el leer Tabaco de Dimiter Dimov. El afán de mostrarme en el universo tangencialmente, oblicuamente, extraviado en esta selva informativa que es la digitalidad.

atenas bay

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.