La estrategia de la brutalidad

IMG_20150703_162801Es parte de los linderos presentes, gota a gota los cuerpos de ideas y los conjuntos de signos desgastan la silueta de la historia. No es el panteón de la antigüedad el que rige secretamente todos los presentes porque en el fondo existe el misterio de los archivos digitalizados. Espera, el designio de una fuente que se agotó, como desierto con los inmensos libros de por medio, con los frágiles instantes de vidas demoronadas por la grandeza, la fama, la estrepitosa marcha del crecer. Aquí estaba el sitio para colocar un sociografema que no fuera otra cosa que una personalidad escueta, pero no, es mucho peor que elegir entre el oxímoron y el neologismo: al finalizar la jornada no quedan registros de los cantos, ni de las partituras escondidas de gramáticos dieciochescos. No, ninguna palabra puede suplir la ausencia del ser, ninguna palabra suple la nihilo cognitio que evoca una superación personal ramplona: non tropo lingua. Así los días, las noches, es mucho menos que la metafísica de la olla de los frijoles, es también el asedio de una semiosis fractálica imposible: el primer átomo de desgracia hasta el cuerpo celeste de mayor envergadura que contiene el siniestro Apocalipsis. Totalidad la estructura, ausencia también el cristalino manto de la tradición modernista y la égida remota de este discurso ramplón. Tosferina intelectual, mentalismo, futilidad, cansada la vista de no leer, de no saber imaginar, de no intuir, de no chocar con el borde siniestro de los sexos abigarrados, de los espíritus narcotizados, de las erotizaciones que concluyen el analfabetismo global. Trepidar los ojos por las rendijas de letras que no tienen futuro, mis letras, mis nombres, mis

Matías Goeritz, exposición, julio de 2015.

Matías Goeritz, exposición, julio de 2015.

inventos, este rumor de nombres inconexos, de presencias inconexas, de autores y obras inconexas, de todo lo inconexo que soy y he sido, que seré.

Atisbo de una plática con amigos que saben de historia, de antropología, de la sociedad contemporánea. Pérdida del sentido y su horizonte, estropeada la falacia argumentativa y los añicos torcedura de la indigencia académica. No, es mucho menos que un acto comprehensivo, mucho menos que la posibilidad explicativa de la enciclopedia Británica, es quizá las lecturas no hechas de Bertrand Russell, el cinismo ramplón de conocer dos textos de Camus, la miseria de la filosofía que no heredé de Marx, los papeles ocultos de una tradición jamás conocida. No es entonces el mantener un desfase rotundo con el entorno del conocimiento o de la literatura o de la cultura. Es otra cosa, es poder decir, hice pornopoiesis, construí mitos de una civilización con un nombre hermoso, fui un alma rota en el vendaval mortuorio de Carlos Monsiváis, estoy en esa estática plenitud de no ser nadie, nihilo cognitio, nada que conocer.

Ego muralizado con Matias Goeritz, julio 2015

Ego muralizado con Matias Goeritz, julio 2015

 

 

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