Rómulo Pardo Urías escribe

Ein mexikanisch dichter und sein deutschen genealogischen ohne Fichte

El problema de la identidad de un autor moviliza fibras que atañen a un conglomerado simbólico y vivencial extenso, como múltiplicidad epitelial del tejido intelectual que compone una demarcación propia, única e individualizada. El trance de una esquemática biográfica autoreferencial, compuesta por una egopoiesis simbiótica de la cronología, partiendo de modalidades contextuales históricas, es mucho más que exigir al autor, al pensador, al creador, un simple producto de becas, ósea, la mera realización de un proyecto. El flujo vital por lo común es acompañado de influencias polisaturadas, diversificadas y en ocasiones anuladas por instancias que, en apariencia, son más relevantes. ¿Es una genealogía propia la que define los lindes y colindancias del autuoproyecto creador? ¿No es acaso la función de la bildung alemana, la areté y paideia griega, el símil rotundo de los esfuerzos conquistados en vías de ser “alguien en el mundo” sin perder por ello el rostro y la mirada en escuetos sensacionalismos de famas institucionales y proclives a la demarcación etnocéntrista, fanática y racista, es decir, exclusivista, de los nombres autorizados del pensamiento, la literatura o cualquier otra rama humana contemporánea? Noto que estoy equivocado el creer en le hipótesis de una remodernidad negativa, cuando en el impulso mismo de las pulsiones condicionantes postmodernas se localizan los gérmenes inherentes a este proceso de resemantización negativa, reconductualización desde y con la miseria, de esta re-estructuracion global de la psíque humana digitalizada en función de la raigambre derivada del terror. No es remordenidad la totalidad fanática presente o la exclusividad  normativa del mainstream o ni siquiera el estúpido semblante de la farándula juvenil global con más actos que fotografías en la red (¿será cierta esta hipótesis?). No es ahora el momento de discurrir sobre esta delicada y descompuesta teoría de una desestructuración longitudinal y transversal de la psíque moderna. Este esfuerzo es, quizá por eso, menos que un acto de reflexividad y más un vestigio cronosófico autoperformático: comprendiendo que me muevo alejado de los consensos, escribo esta diatriba como un impulso panfletario de reconocimiento (por ello de identidad) en vías de marcar un contraste insignificante, falto de profundidad y de constituirse en un horizonte cultural, ideológico, filosófico o político definido.

En 1995 me fue otorgado el regalo de una piedra angular para mi formación literaria, piedra y cimiento que debería rescatar de los cajones perdidos de mi biblioteca oculta. A continuación la escritura de una brevísima genealogía personal, inconexa, fútil, que habla de la desnutrición autoreferida de la tradición alemana en mi ideario.

meine duetsche genealogischen

Alpha I

Curiosa la memoria ejercida como un manantial de equívocos, en la medición sustancial de vivencias, anécdotas, formulaciones, acercamientos y momentos. Digamos que 20 años marcan una longitud vital suficiente para forzar un acto rememorativo, desde el tuétano mismo de los desquicios psicóticos, desde el torzón de alma, desde lo evanescente que es el hecho de la significación social de la escritura, la significación de lo escrito como origen de la historia, en una palabra, el escribir para no olvidar. 1995 a 2005 quizá sería lo más sensato de dimensionar, una década, un ciclo de vida con estancias divergentes: Xalapa-D.F.-Xalapa. Viajes también a los desiertos del noroeste mexicano, conferencias magistrales en congresos antropológicos, los primeros pulques y algunos vestigios del arranque de una drogadicción fortísima por destructiva, el abandono de las disciplinas deportivas y físicas de ocio por un acercamiento a la vida jardinera, por la siembra y la cosecha, por huertas, por la aspereza de manos después de trabajar la tierra. ¿Simbolismos fortuitos los callos de la mano por la ejecución de la guitarra y un sin número de canciones compuestas y cassettes grabados? ¿Amores, cervezas, cigarrillos? ¿Mercados? Coyoacán y Malinalco.

 

Beta II

Plantear un evento genealógico como este es un acto innecesario por inútil, por ramplón y raquítico. No son Los Sonetos a Orfeo u otro de sus poemas, ni siquiera la traducción de Villaurrutia de la Corneta Rilke editada por el Instituto Veracruzano de Cultura, es Rainer Maria Rilke, aliento figurativo de mi frustratio littere: olvidé que es favorable el cultivo de una urdimbre personal marcada por las preferencias, predilecciones, gustos, pasiones, movimientos. Derivo entonces los hechos, un cumpleaños, una época, el pasado como trampolín reinterpretativo. Vivo como esas tardes cuando me decía a mi mismo que debía leer en lugar de la multitud de cosas que hacía. Porque me taché siempre de perezoso, porque no me gustaba leer, porque al final prefería pensar por mí mismo, pero al leer encontré algunos universos interesantes. Leer por compromiso, cosa que ya no hago. Cartas a un joven poeta querer ser parte de esa inmersión en el género versificado. Recuerdo que terminé completamente convencido y alerta, deseoso de escribir. Y escribí un verso sobre unos senos… verso destinado al olvido. La dulzura de la adolescencia estriba entonces en las aventuras y los peligros superados. ¿Desear escribir? Escrbía, cada que podía, sin saber que además era posible publicar o dar a conocer lo que escribía. Lo hacía para mi. No en ese tener del diálogo entre el poeta inexperto que inicia y el maestro que impulsa, que arremete contra los temores e inseguridades del novato, para inculcarle un constancia ascendente.

Y seguir con el mundo y la vida, resplandecientes, infinitos de posibilidades, contracturado por mis representaciones represivas de mí mismo, con ímpetu y deseos de ser siempre alguien. Entonces los acertijos y las huellas que conectan a Rilke con Hesse, con esa obra de teatro que no escribí en la que un alumno se rebela contra su maestro, esa escenificación de una ruptura que vivía pero nunca escribía porque no sabía qué era un guión o peor aún no conocía de géneros literarios. Aún quizá no sepa del todo, no importa saber. La influencia de un hermano mayor, de una persona sensible en estas dos aristas de mi deutschen genealogischen. La gratitud y el apego, sano, en este segundo libro, leído ya un poco más grande: El juego de los abalorios. Adquirido en 2001 en su versión de la editorial Alianza, vendido después, años después, memoria como máscara que encubre los acertijos insuficientes del pasado. Hermann Hesse autor, la Alemania del siglo XX, el pensamiento alemán, los alemanes, tan cuestionados y mal vistos debido a las atrocidades de hitlerianas.

altarhesse

Gamma III

Cuando a uno le preguntan qué quiere ser en la vida, cuando llega el punto socialmente reconocido de aceptar una profesión o de validar moralmente una elección que proyectará un futuro establecido, es probable que no haya respuestas, o si las hay que sean tentativas. Terminar la prepa, año 2000, Xalapa, con planes del Distrito Federal. ¿No es saludable urgar en los rescoldos y pasajes de momentos agradables? ¿Es demasiada enfermedad, vanidad o soberbia, la aceptación de los intereses personales? La cosa fue mucho más allá de los libros de texto del pensamiento humanístico de la preparatoria donde se hablaba de la famosa escuela de Frankfurt. Fue también un acto azaroso, precipitado, movido por el deseo de averiguación de la libertad. Erich Fromm mantuvo también otro nexo familiar, con un tío hermano de mi madre, con Jesús, como figura de un imaginario familiar, destrozado por muchos frentes, nutrido en ese momento por el autógrafo de mi tío, físico y científico, que me hacía creer que leía algo que era suyo, algo que él, sin saberlo, me transmitía. El miedo a la libertad no fue más que el comienzo de los pocos libros de Fromm que leí, pero también fue un acto de maduración personal, un acto de confrontación del mundo ensamblado desde mi condición burguesa, grande o pequeña, para distinguir los rostros del clasismo mexicano. Fue leer un fragmento en mi antigua escuela de Tae Kwon Do, ya habiendo roto con mi maestro. Fue también el eco de mis primeros análisis “críticos” del presente (ya rebasado en ese cambio de milenio).

Delta IV

Jung después, en el umbral de mis pesadillas psicóticas, en la movilización destructiva del inconsciente colectivo en mí. Más que la premonición de un sueño donde mi madre, después de muerta, me visitaba y me decía que venía a ver cómo estaba, más allá de la pesadilla en donde aparecía la imagen de un hombre parecido de un policia judicial que terminaba por anular mis deseos, Jung y el evento de la figuración narrativa de un yo carente de sentido en tanto se trata de otra herencia materna. La dimensión social de la psíque, no ya como psicología social o identidad negativa, sino como efecto y causa de los impulsos espirituales de la actividad humana. En fin, Jung y sus ediciones argentinas en mi casa, en esos años de ociosa inactividad académica, de ser un nini, ni estudiar ni trabajar, de no atreverse a vivir por el terror de una psicosis derivada de la psicodelia electrónica de un rave en Milpa Alta.

Y para terminar, Júrgen Habermas, más que eso, sus ensayos sobre Nietzche. Pero son puras grandilocuencias, hoy olvidos, son ruinas de mi propia arqueología del no saber, son los arrecifes de 20 años. Es saber que un día mientras estudiaba antropología social un libro nuevo aparecía en mis manos, del puesto de un vendedor afuera de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa: Sobre Nietzche y otros ensayos. Tarde años en leerlo o eso creo, pero me atrapó su pensamiento. Filosofía alemana del siglo XX y XXI, Habermas como lugar común de las modas académicas de fin de siglo XX mexicano. Mucho más que la crítica al conocimiento nihilista, mucho menos que un hombre en busca de construir un criterio del mundo asumiendo que los libros deben leerse tres o cuatro años después de adquiridos. Proyectos de lectura que no acompañan el fértil camino presente.

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Anexo digital

 

Rainar Maria Rilke

Rainer Maria Rilke

6515-cartas a un

 

 

 

 

Hermann HesseHermann Hesse

El juego de los Abalorios

 

 

 

 

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ifromme001p1

Erich Fromm

FROMM El Miedo A La Libertad

 

 

 

 

 

carl-gustav-jungCarl Gustav Jung

90083714-Arquetipos-E-Inconsciente-Colectivo-Carl-Gustav-Jung

 

 

 

 

habermas_youngJürgen Habermas

habermas-sobrenietzscheyotrosensayos-120620170749-phpapp01

 

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