El monopolio de la desgracia

Hubo un tiempo

una conciencia

un hito

un envoltorio

todo

lo que la Historia nombró

la desgracia perpetua.

El principado de la tragedia

erigía los años siempre destructivos

como bombas atómicas esparcidas en la antigüedad.

Todo sufrir es una cadencia

deseo de evasión

enajenación

perpetua en el rincón que atisba

nombres de mártires y héroes clandestinos.

Eso que se sufre es la desgracia, inacabable, inacabada.

Su territorio, su geografía, es habitada por le hegemónica pobreza

que en el pueblo encuentra su sino, su faz, su rostro.

El monopolio de la desgracia es del pueblo

históricamente

socialmente

económicamente.

Pese a todo el pueblo sabe sonreír y festejar.

A veces incluso olvida que es el monarca

de lo aciago, para invocar algarabía tumultuosa.

Aunque sabe que no cambia

el pueblo emerge de las entrañas del mundo

y aunque sabe que es suyo el monopolio de la desgracia

el pueblo inunda su voz con la rutinaria sombra del instante.

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