Rómulo Pardo Urías escribe

Los segundos en la lata del silencio

Pasan

porque una vez un gorrión

volaba

pero pesan

contra los dentados pliegues

del canto mismo del árbol.

Recio enlatado, mutismo, nunca

estar inmerso en la colina del sol

¿por qué los atardeceres nos gustan tanto?

Acaso saber que la vida es gris, triste, miserable,

pero explota alegre y demencial, todo olvido

es presente, cuando deja de existir.

Como arena de playa, llena de colillas, amargura

expresso cortado, just a cloud please, té a la inglesa,

prefigurando los símbolos del mañana.

Torpeza de los estratos débiles del pensamiento

aforismo estar en tus pechos reclinado

para demarcar las atmósferas de tus esferas.

Lontananza esparcida en tu mirada, mi mirada, tuya

esta casa que soy todos los domingos. Sin ti, una vez,

pensé que era hora de ir a la ducha, pero falle, como Jordan

pero al revés y todos me omiten, me olvidan, nombre perdido

soy gamuza de sensaciones torcidas, imán de aire, vientos y sueño.

Así, la lata, es todo un candado que resguarda los trineos del amor.

 

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