Neurótica saturación visual de un presente derruido

Ahora me dedicaré a escupir, porque no puedo pensar, algunos acertijos, por su alpha1.9condición retórica, de mis pesquisas baladíes, es

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decir, de este cúmulo de ideas, pensamientos, prácticas y modos de habitar, míos, lo sustancial, postmetafísico, de la existencialidad digital. No puedo negar que mis referentes a la instancia neurótica van mucho más allá de la dimensión artística o estética, neurológica, psiquiátrica o psicológica. Tampoco debo admitir filiación alguna con las tendencias psicoanalíticas profundas, herederas del siglo XX. alpha2.4

Cuando pienso en la neurosis recurro a una intuición literal, neuro-cerebro osis-inflamación. Osea que me atengo a un ejercicio ramplón, etimológico y fugaz, baladí como comenté. Hace años que el universo de las letras, lo literario en su dimensión material, ha sido suplantado por lo visual, lo fotográfico, en su dimensión también material. Quizá la escritura no dejará alpha1.2de representar la primera y más grande empresa de la virtualidad humana, el tránsito a las sociedades históricas, la conjunción de conocimientos, prácticas, técnicas, etcétera. La dificultad de la cultura alfabetizada es muy grande porque no es universal. De ahí la ganancia fotográfica, la materialidad que ipso facto devela otros horizontes y realidades. La fotografía, y después el cine, dotarón de sentido al universo de las culturas ágrafas, brindándoles herramientas de expresión que la cultura alfabética jamás pudo darles. alpha1.4

En su lógica occidental el capitalismo hipersaturado moviliza instancias que se inscriben en una lógica de desprendimiento emocional, en una regularización de los recursos inútiles del entretenimiento, inútiles al punto del neobarbarismo alpha2.2actualizado que podemos constatar en todo momento. Este proceso de regularización, técnico y expresivo, está diseñado contra las curvaturas propias de la especie, contra el veredicto unívoco de la transformación sociocultural. Se trata de una espiral que absorbe los impulsos, las energías, las pulsiones, canalizando sus productos, sus hechos y circunstancias, en tendencias fácilmente asimilables, en hábitos y conductas socialmente esterotipadas, en comportamientos familiares que imponen una alpha2.3normalización generalizada y global. Esto implica una doble ruptura, con la tradición, como mecanismo de asimilación social, y con la sorpresa, como mecanismo de cambio social. Y si pienso, desde Leví-alpha1.8Strauss, en la reproducción social, si asimilo los criterios inertes de una panfletaria contestación neurótica, es porque también la vivencia de la neurosis, menos aguda y grave que la psicosis, se expresa en las complacencias inherentes a las “conductas normalizadas” en el contexto de las culturas digitales. En ese sentido, la imagen, fija o en movimiento, describe, como forma de comportamiento, la alpha1.7escisión clara entre una cultura de la modernidad visual y una cultura de la neurosis fotológica, neurótica por sus dimensiones infinitas, saturadas y normalizadoras. ¿Acaso no era la neurosis una enfermedad? ¿No es cierto que la fractura entre la normalidad neurótica fotológica y la naturaleza visual de la percepción cerebral estriba en una alteridad quebradiza donde la imagen rompe la alpha2.6organización interna y externa del ente descrito, para volcarse la realidad en una mímesis irresponsable y escueta?

Los elementos normativos, restrictivos, prohibitivos, mediatizados por los canales propios de la institución, en su sentido etimológico y también social e histórico, muestra realmente una contundencia de la alpha3.2dimensión gregaria del humano. La dimensión polisaturada, neurótica, abismal y abismada, de la imagen, corrompe el acto de lectura alfabética, en la medida que facilita el discernimiento de elementos simbólicos que, no obstante estar presentes en la escritura, son expuestos y explicitados como “elaboraciones de retóricas alha2.1individualistas” que congregan cúmulos de sentido prófugamente, dislocando, de nueva cuenta, una modernidad visual, caduca desde los temperamentos firmes de las rupturas icónicas de los arquetipos, traducidos en metáforas disímbolas de la alpha2.8realidad. Entonces se trata de la dubitación de la existencia de esta metafísica real, de ese ethos externo al ser, movilizado por un pathos que dinamiza los niveles propios de la diversidad. Ya no es una la realidad, ya no es uno lo real, no hay vía media o camino, sino vías alternas, realidades, sujetos. Entonces emerge la intersección de la comunidad, del grupo, secretamente identidad compartida, secretamente aglutinación social, secretamente, por inconsciencia, móvil y alpha3.2eje articulador de sentidos. Se yergue también el sentido de alpha3.3pertenencia, la exposición y unicidad de un conjunto social, demarcado por necesidades, por gustos, por prácticas, por compaginación general de intereses, de hechos, de una historia colectiva e individual compartida, de recuerdos, como memorias o personajes, dentro de una malla social inabarcable, no ya como la de los tiempos modernos, alpha1.3escritura en vías de objetividad que se sutura en nombre de una desobjetivación materialista, de una hipersubjetivación infra realista.

La neurosis de la imagen puede asemejarse a una alpha1.5contaminación, a una huella humana, a una urbe, a basureros inmensos, tejidos en el espacio virtual del digitalismo. Neurosis en su dimensión narcisista, en su dimensión expositiva, en su dimensión de acaparación en vías de generar registros cuya función es compartirse, sin alpha2.7el soporte de una experiencia, vivencia o acto. El estar en todas partes es estar en ninguna, el registrar y compartir y crear, universos fotológicos múltiples, en sus temas, en sus ópticas, en sus técnicas, en sus microcosmos, abarca la modificación alpha3.1sustancial de la psique, de sus ramificaciones y de sus figuras elocuentes. La mímesis, la imitatio, el dar por hecho algo que es producto y no creación, concluye la senda del artificialismo, de la artificialidad, de la robótica escrita igual que el código bíblico: a imagen y semejanza. La tortura, en esta neurosis visual, es la mecanización, la automatización del ojo, del acto nombrado virtualidad, el cual en la cultura alfabética es primigenio y en la cultura visual es explícito. La proliferación visual que inunda todos lados es también un sentido, en su dimensión evolutiva expresiva, que conduce al enmohecimiento alfabético de la capacidad lectora, no ya como una actividad anatómica visual, sino como una instrumentación cognitivoformativa. Y si la cognición no es unívoca, si el pensamiento y el lenguaje sostiene múltiples canales, la visualidad de las cosas, su explicitación, es mucho más que una reticularidad circunflexa, que rompe los timones del pensamiento líneal.

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