Los libros, la comida, el cigarrillo

No puedo desligar mi pensamiento de una reflexión sobre el tabaco y la modernidad occidental, no sólo en la dimensión simbólica sino también en su influjo significativo como aditamento cultural, como fetiche de elegancia, como representación de alcurnia, prestigio y distinción. Pero el cigarrillo, el tabaco, la cultura del tabaquismo en la modernidad, es mucho más que una simple causa de las políticas antitabaco, mucho más que el acto generador de la investigación oncológica, mucho más que un ritual caduco hoy en día. ¿Por qué no pensar en la triada libros-comida-cigarrillo, como un triángulo cultural? De existir una modernidad tabaquista no podría disociarse del acto gastronómico y culinario, del acto de la ingesta de alimentos, al menos en la medida de la función digestiva del tabaco. El acto del tabaquismo iría adherido al ritual de la comida, como un epígono natural, como una conclusión ad hoc en términos del reposo digestivo. Si bien no sería exclusivo del tabaco un sitio de distinción en este terreno, pensando por ejemplo en su complemento natural que es el alcohol en sus diversas presentaciones, la comida y su finalización abren la ruta del fumar, del degustar un humito, del encender un cigarrillo en vías de socializar. La función del tabaco, que ahora es sustituida por otras instancias, era la de promover la socialización entre las personas, especialmente adultas, considerando que era deseable fumar como un hábito promovido desde esa modernidad postindustrial en donde el humo, indisociable de la máquina, era un signo de avance, de progreso, de refinamiento, de poder.

En otro extremo localizar a los libros, en tanto objetos privilegiados del conocimiento en la sociedad de la modernidad postindustrial, implica también valorar las tendencias comunicativas de la intelectualidad y la farándula del pensamiento, también vinculada nítidamente al consumo de tabaco. Los libros, en tanto objetos intelectuales naturales, igualmente promovían un cierto tipo social de hombre y mujer que fumaba. Escritores, historiadores, antropólogos, sociólogos, científicos sociales, humanistas, filósofos, en su mayoría eran los que mantenían un vinculo emocional y afectivo con el cigarrillo, con el tabaco y el acto de fumar, como medios de socialización, nuevamente, pero esta vez de las ideas, las investigaciones y los avances del conocimiento. No es extraño ver en intelectuales y profesores de la década del 40 del siglo XX un habano o un cigarrillo. Fumar representaba una forma de tener estatus y de mantener protocolos y ritos de socialización.

Pero el dicho mexicano no puede estar equivocado. después de un taco un buen tabaco.  Así, los libros, la comida, los cigarrillos fueron parte de una época donde no existían las posibilidades comunicativas saturantes y saturadas, donde la oferta cultural estaba definida por medios masivos de comunicación que no alcanzaban a una totalidad tan amplia y abarcadora, en diversidad temática, como la presente. Tabaco, intelectualidad y comida: una triada cultural de la modernidad postindustrial, podría versar el título de un artículo donde sería problematizada la relación entre un acto fisiológico, comer, un acto mental, la lectura, y un acto de entretenimiento, fumar.

 

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