La grisura está coludida con el aceite de oliva

Frágil el asiento de los días

la quebrada sinfonía del silencio

temor como chocolate espeso,

de los rincones la sabia

olvido totalidad certeza.

Andamios las cicatrices

los cantos y las orquídeas

floración de tristezas,

ninguna cúpula celeste

sobre el designio de nuestras almas.

Religión de una misma sintonía

la creencia del abismo donde

la turbiedad encierra las costas. Sonríe.

En cambio las monedas, que son infancias,

no piensan mucho más en el galope

de la inocencia, como si los grillos fueran robots,

conspiración de una voz interior desvencijada y rota.

Antes del atardecer las playas del sin sentido

mantuvieron activo el puerto de la razón

inútilmente, como ostión que se salva

de la pesca. Toda la existencia es un fritanga

en aceite de oliva, pero nunca dejamos de sentir

el sopor del tiempo que nos engulle.

 

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