Biblioteca materna tu voz en mi presente

Escribo desde la posibilidad de remembranza que me ofrece arreglar nuevamente la biblioteca de mi madre. Temas, autores, ediciones raras, todo es un coctel inmenso de conjeturas sobre su pasado, sobre su andar en el mundo de las ideas. La primera vez que ordené estos libros tenía menos de 20 años o estaba en ese margen. Los años pasaron y constantemente ordené y desarreglé los libros en un afán de mudanza interna que no tenía píes ni cabeza. Hoy todo es algo más quieto, más calmado y ordenado.

Ordenar los libros de alguien más, los libros que fueron una herencia obligatoria, más no obligada, es un acto de fascinación. Pero el estado actual de la biblioteca es producto de años de descuido, llenos de polvo, desordenados, mezclados unos con otros. Descubro gradualmente las temporalidades y predilecciones de una mujer protagonista de la segunda mitad del siglo XX mexicano. Sin una intención de averiguación me doy cuenta de una cierta filogenética personal, de una cierta filiación con los vestigios y cúmulos de informaciones de esa biblioteca. Literatura, urbanismo, sociología de la familia, historia latinoamericana, antropología, marxismo, comunismo y socialismo, chamanismo y mucha historia de México son algunos de los vericuetos por los que anduvo mi extinta madre. Distinguir casos raros de ejemplares únicos o exclusivos, algunos firmados por los propios autores con dedicatorias y saludos afectuosos, me hace preguntarme por los círculos intelectuales y académicos que frecuentó mi madre, por las relaciones y vínculos que estableció en su devenir profesional.

Y me invaden unas ganas furibundas de leer lo más que pueda, de naufragar en esa vida de libros, en esos ejemplares tan especiales. Pero noto que mis intereses son distintos, en gran parte. Admito que la curiosidad me invade, que los deseos de indagar y leer más de un tomo me impelen a proponer una clasificación bibliográfica un tanto más minuciosa. Pero desisto del impulso biblioteconómico y más bien acomodo según entiendo los flujos temáticos y académicos, regionales, historiográficos, intelectuales. No es fácil ordenar libros que tú no compraste, libros que no te pertenecen, que no son enteramente tuyos. No es fácil porque es como adentrarse en el pensamiento y la vida de alguien más, adentrarse en una cúspide de dudas y suposiciones sobre qué fue leído, qué fue consultado, qué fue lo que construyó esos criterios de búsqueda y elección de libros. Finalmente una biblioteca es una colección, un ensamblado de piezas, de preferencias, de indagaciones, de actos y eventos, que conforman un rompecabezas longitudinalmente temporal, espacialmente definido y finito en términos materiales más no en términos del pensamiento.

Ordeno los libros de mi madre, Margarita Urías Hermosillo, que murió el 1 de noviembre del año 2000, antes de la transición democrática panista, mucho antes de la corrupción evidente de la izquierda mexicana, mucho antes de la renovación partidista del PRI, antes de la visita de Juan Pablo segundo en 2002 a México para la canonización de Juan Diego. Acomodar los libros de una guerrillera, intelectual, historiadora, madre soltera, académica, maestra y formadora de generaciones en distintas instituciones, es un reto deducido de haber tenido la distinción de ser parte de sus días, de ser uno de sus retoños, de estar, también por qué no, en el proceso de asimilación del legado que dejó una mujer entera, valiente, excepcional y olvidada en muchos sentidos por sus contemporáneos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s