Rómulo Pardo Urías escribe

Digitalidad letrada y barbarie digital

La falsificación de los proyectos neoracionalistas y postneoliberales, sustentados en diversos sentidos por la égida ilustrada occidental, no inciden en absoluto en una concepción estratificada del ámbito digitalista global. ¿Cómo concebir las atmósferas de las digitalidades globales sin atender los accidentados territorios y ambigüedades que oscilan en esta neometafísica? La pregunta es mucho más un sustento derivado de un retoricismo academicista que una introspección dialógica. Pero no es discernir entre la globalidad alfabetizada y la exposición del neobarbarismo lo que acomete los lindes profundos de este atisbo de pensamiento. No es tampoco la consideración de la deep web ni mucho menos la estandarización del espionaje digital el motivo de esta estratificación digital. Es en cambio la lógica dicotómica del sentido teleológico del alfabetismo el que demarca la balanza del declive. ¿Acaso yuxtaponer las dicotomías del pensamiento de la modernidad al presente no resulta una instrumentalidad anacrónica? Vale decir que la acepción alfabétizante de la modernidad no consiste exclusivamente en la dimensión histórica del conglomerado globalizante grecolatino ni tampoco el tan pregonado triunfo del occidente sobre la faz de la tierra. Acaso la digitalidad letrada funja como una argamasa unívoca que dislocada en multilingüismos sacude las entrañas de estratos de la sociedad global diversa. Si la disyunción entre alfabetizado y subalfabetizado puede fungir como parámetro de división social, pensar en un ethos de la barbarie digital implica considerar una realización que desde el 2001, con la caída de las Torres gemelas de New York y las diversas expresiones terroristas, incluye también una estratificación social de la economía de la tetricidad humana, como vestigios fantasmagóricos del capitalismo salvaje y caníbal de nuestro hoy. Y la categorización como ejercicio de simplificación y clasificación no puede negar, entonces, que el ámbito de una barbarie digital denota un conjunto de actos, personas, instancias, derivadas de la promiscuidad monetaria, de la prostitución del lenguaje y de la vacuidad existencial traducida en fanatismo, racismo, clasismo, sexismo, entre otras modalidades del pensamiento salvaje occidental. El problema profundo estriba en la dimensión consistente de la civilización occidental, del proyecto general del desarrollo humano bajo los modelos de agendas políticamente disformes, educativamente disímiles de la referencialidad presente, económicamente explotadoras. La transformación del humano en ser dota de sentido una inmensidad de experiencias en las que la barbarie juega un papel crucial para nuestros sistemas metafísicos digitales. Barbarie sexual y narcótica, barbarie mercantil y esclavista, barbarie política y monetaria, barbarie ecológica y social, barbarie terrorista y militar, nada nuevo en su esencia y raíz sino en los renovados métodos y aproximaciones de praxis que la metafísica postdigital permite.

La digitalidad letrada en cambio se moviliza con causas, por senderos que trascienden los eventos instintivos a cambio de presencias perdurables, de transiciones vigentes en una proyección trasngeneracional, en la dimensión del areté y la paideia griegas, en tanto modalidades herederas de las distintas tradiciones socioculturales. En su dimensión temporal la transfiguración al capitalismo cultural no puede negar la dimensión letrada del cosmos digital. Los aspectos elementales del alfabetismo -subalfabetismo-transalfabetismo-hiperalfabetismo-hipoalfabetismo-disalfabetismo no se reducen a una actitud alfabetocéntrica en donde la moralidad queda despejada de la ecuación vital y comunicativa, sino que la mayor incidencia de la oralidad, en ocasiones, desfigura el alfabetismo. La digitalidad letrada entonces no consiste en una medición fiable de los patrones de conducta alfabéticos, sino en una composición multiestratificada de la población alfabéticamente activa en la metafísica postdigital. La valoración negativa de la barbarie y la valoración positiva del alfabetismo son herencias ilustradas occidentales. El presente polisaturado y multifacético, sin considerar las dimensiones audiovisuales de las expresiones contemporáneas, debería describirse como una teatralidad que surca los caminos infinitos de la existencia introspectiva para comunicar al exterior los hallazgos, fortuitos o no, de la distopía del presentismo.

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