La armazón de los rincones

Cansada, Efigenia recorre su departamento. Está al borde de una crisis monetaria. Faltan cuatro días para la quincena. En su recámara hay un retrato de sus padres y un óleo viejo de su abuela, que era artista y tuvo renombre. Efigenia sabe que un día llegará a ser una excelente investigadora. Pasa un momento al baño y concluye para sus adentros: seguramente Javier no se llama Javier sino Jonas. En su balcón hay una bugambilia pequeña y una gardenia que aromatiza cada mañana al salir el sol. Pero Efigenia está consciente de que no todo es esperar la quincena.

Ayer por la noche compró una botella de vino tinto, unos ostiones ahumados, algo de humus y pan de centeno. Caminó al edificio de su departamento y justo cuando iba a ingresar un hombre le colocó un filo en la espalda y le susurró al oído: dame todo lo que tienes pendeja o te carga la chingada. Efigenia se preguntó ipso facto si eso incluía su despensa delicatessen. Saco de su pantalón su cartera y le respondió al hombre: tengo 500 pesos, te los doy pero no te lleves mis identificaciones. El hombre respondió: rápido culera o te voy a picar, dame la lana. Después del evento Efigenia subió a su departamento con su despensa de manjares intacta y sin haber perdido sus credenciales.

Pero aquella mañana mientras recordaba el asalto de la noche anterior Efigenia sintió un profundo deseo de ser amada dolorosamente. Se angustió un poco de saber que Javier pudiera llamarse Jonas y fuera el ex amante de su amiga Constanza. No importaba tanto el engaño como el hecho de compartir la cama con un hombre que conocía a su mejor amiga. Entonces Efigenia se sentó en la cocina, destapó nuevamente la botella de vino y tomo un poco del licor. Cuando se dio cuenta era ya el momento de salir a la calle y encontrarse por ahí con Javier o Jonas, pero en el fondo sabía que el asalto la había dejado sin dinero y que quizá el hombre mentiroso pudiera prestarle algo para llegar a la quincena. Efigenia salió de su departamento y supo para sí que si Javier le decía que se llamaba Jonas prefería estar pobre unos días antes de la quincena que volver a acostarse con el ex amante de Constanza.

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