Las digitalidades como fundamento de las torpezas comunicativas

Al final vivir una metafísica ultrahermeneutizada, saturante de interpretaciones, inflinge las formas simbólicas clásicas y tradicionales para dotar de sentido a entidades semiotizadas que no alcanzan a definirse por referentes estables. Si la ambientación de la digitalidad es además una escenificación de un pantallismo voraz -monetariamente lumínico- la esquematización del circuito de la comunicación es fileteado como trozo de res ante la múltiple oferta cultural. Si en el ámbito del deep way of life existe toda posibilidad de existir, traficar, adquirir o mercadear, los cúmulos temático-taxonómicos de la existencia digital, sus características oscilan, desafortunadamente, entre las tendencias moralmente aceptadas y las inmiscuidas en una sistematización ultra conservadora de la información. El meollo no es la tradición o tradiciones o su conservación sino que, en una égida movilizada a partir del boom comunicativo, los sistemas de información inciden en el comportamiento cotidiano dando paso a una tecnologización de lo cotidiano y a una des-significación de lo trascendental, ya no entendido en su dimensión religiosa sino en su capacidad de articulación del acto sorpresivo, transitado y superado. La lógica moderna abría muy bien el paso a la novedad como mecanismo de control de la información pero hoy en día las modas parecen aplastar, mucho antes que en el siglo pasado, a las tendencias reivindicativas de un ethos alterno o de un pathos lógica y moralmente cuestionable, que surca las profundas aguas del anything goes desde la cuantificación totalizante del acto inventivo llamado hiper productividad salvaje. De existir un intervalo saludable, deberíamos pensar mucho menos en la capacidad articulatoria del desquicio digitalista y considerar en cambio el abismo polisígnico del neoinvencionismo presente. La posibilidad categórica no impide, entonces, que los actos comunicativos representen islotes que en ocasiones puedan resquebrajar el acto de habla pero que también pueden oscilar de un aplanamiento simbólico a una saturación neobarroquista o incluso a una minimalista reiterativa. Sin ir más allá de las coordenadas posibles de una filosofía de las digitalidades, la metafísica digital no puede ser asumida como algo asequible, equiparable o cuantificable, y por ende cuestiona rotundamente la finitud del acto comunicativo humano y también sus posibilidades expresivas.

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