Rómulo Pardo Urías escribe

Proporción de la ausencia

Todos extraños algo en el mundo. A veces personas, a veces vivencias, a veces cosas, a veces momentos, a veces lugares. Extrañar es un acto natural, que en ocasiones puede ser enfermizo. La duda del presente o la añoranza de un pasado mejor, viven en nuestro inconsciente colectivo. La amalgama compleja de la experiencia vital humana, al traducirse en sentimientos, corresponde también a una compleja red emocional -aún para aquellos que sostengan la dimensión neuroquímica de las emociones. ¿Por qué a veces separarse de alguien es doloroso o costoso? ¿Por qué razón deseamos volver a un mismo lugar o comer en un mismo restaurante o visitar el mismo museo? ¿Por que podemos llegar a sentir nostalgia por otras épocas o incluso por un futuro esperanzador y prometedor? Acaso sea la ausencia una forma humana naturalmente aceptada como mecanismo catalizador, como acelerador de las emociones y las pasiones, de los recuerdos, de la memoria. Porque aún en tiempos posthistóricos somos seres históricos e historizantes, porque vivimos en una dimensión temporal y material que deja registro en nosotros mismos. A veces extrañar o sentir la ausencia puede ser una huella de que algo en nosotros ha sufrido una transformación, que ha quedado una huella cercana a nuestra experiencia de vida. No olvidemos el hecho de que no existe el olvido y que la proporción de la ausencia es inversamente proporcional a la dimensión del afecto.

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