Rómulo Pardo Urías escribe

Rescoldo postdata

Cegadora inflexibilidad

como añicos del alma

surca indómita el palacio

del pensamiento extinto.

Lozanía y terror, mismo elemento.

Dentro los maremotos de la imaginación

sortean el abismo luminoso.

Lúgubre y torcida cantinela de llanto,

mordaza, como comida enlatada -al vacío-

sin expediente de caducidad: la vida,

monotonía reproductiva, ansia, tropelía.

Pero las noches mantienen figuras y cumbres

de barros antiguos y remotas tribus,

porque instamos al dolor a pedir perdón

y sabemos, cruelmente, que las uñas

no dejaran de crecernos después de muertos.

Y reímos. Lloramos arqueados por la tragedia

-que es la nación despilfarrada- para dilapidar

los sueños en cansancio y torrentes de vaho

-neblina del alma, carburación motriz de los adentros-,

porque levantada la silueta del universo

nos carcome el trance de agujerar el cielo:

con la metralleta de las memorias y los atardeceres.

Y fingimos, pero mustiamente, que sabemos

para acumular títulos y nombrarnos. Y creemos

porque la esperanza nos nutre sin abandono.

Perdíamos los minutos en canciones de amor

y ahora encontramos el rompecabezas de la existencia

como torpe fragmento arqueológico no estudiado.

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