Desde mi memoria musical o la nulidad del sonido en mí

Mi primer gran mentor de la vida fue mi maestro de Tae Kwon Do. Con él aprendí mucha disciplina y a dar karatasos. Pero también aprendí música. Me obsequió, aún en tiempos de caseteras y walkman, unos casettes con distintas canciones. Importante para mi fue conocer por ejemplo a David Bowie gracias a él, pero también otros cosas com o Judas Priest o Yes. Actualmente he perdido mi contacto con casi cualquier expresión musical. Casi por completo el silencio atmosférico se ha apoderado de mis días, de mi presente.

Con pocas personas compartí música, con muy pocas. Incluso llegué a escuchar la discografía casi completa de Pink Floyd antes de que se fuera tan alto, como lugar común, después de Big Brother. Y lo abandoné, hace tiempo, igual que a Talking Heads, con un disco doble bastante bueno en vivo que era de mi hermano Emiliano y que terminamos digitalizando uno amigo y yo.

También me perdí en los remilgos y excéntricos flujos del rock argentino, para mal, digo yo, porque ni siquiera puedo apreciar, ahora, lo que me motivaba a escuchar esa música. Es decir que he perdido mi tacto musical, mi gusto. No puedo negar entonces que en otros escenarios y ambientes he aprendido de música: como las sesiones de ópera a las que frecuentemente asistía apenas unos años atrás donde aprendí y escuché de cerca a Mozart.

Todo me condujo a un aislamiento snob, fresa, a una caducidad notoria. ¿Pero escuchar música es mi muerte mental y emocional gradual? Probablemente. En 2008 grabé un disco y algunas de esas canciones están en mi nube de souncloud. Nada serio. Decían que era bueno con la guitarra, que tenía estilo. Para mi la música es una cosa ya prácticamente extinta, mucho después que el cine. Muero día a día, en un cosmos de letras sin música. Y no puedo decir que sea un poeta interesante, porque no distingo la musicalidad del lenguaje. Totalmente en discordia con el presente no escuché completo ni a Bjork ni a Radio Head ni a Tool ni a todas esas bandas de han marcado el gusto del presente. No, yo en todo caso compré unos discos viejos de Fito Páez y de Soda Stereo hace unos años y no los escucho más.

Me extravié hace muchos años también en un rave escuchando a Alien Project. Todo fue un fracaso auditivo, todo fue aburrimiento, todo fue: quedarse en un viaje de LSD y desarrollar esquizofrenia. Y han pasado 14 años desde entonces y en verdad no sé qué coño suena en el mundo. Me volví sordo, del alma.

A mi maestro de Tae Kwon Do lo decepcioné hace muchos años, cuando tuve mis primeros problemas con Drogas. No lo he vuelto a ver. Es cabrón cuando la vida te orilla a dejar de escuchar música, cuando te vuelves objeto de un ostracismo auto inducido. Al final vivir avergonzado y arrepentido de tus hechos te conduce directo a la desecación del espíritu.

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