La moneda del terror

La rectitud del asombro

parece una rama de sicomoro,

donde hicieron su nido

las golondrinas del fracaso.

Entonces arriba el atardecer del presente

mitad augurio mitad silencio,

cobija las angustias, renueva los pecados,

asombro y rectitud que galopan

en el corcel raquítico del espanto.

Del terror nacen los escondites

y de la vida las muchedumbres,

pero las montañas de fracasos

mantienen la esperanza de una noche

redactar una carta al amor imposible

y pegarse un plomazo en la sien.

Todo convive en la esfera mustia

de hoy, todo es la matriz púrpura

del desconsuelo. Por ello los fanatismos

reducen la experiencia a una aseveración

afirmativa, por ello las luces de las ciudades

esconden un sistema de explotación emocional.

Todos los nombres terminan en complicidad

con el séquito de intenciones y el marasmo

del ruido infértil, porque los ancestros

no tuvieron las mismas vistas o periódicos

y en cambio nosotros claudicamos al placer.

Encima de un hedonismo falsificado

construimos palacios de mentiras

que son historias y nombres y vidas cotidianas

también espejos del encorvamiento moral.

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