Rómulo Pardo Urías escribe

Lumpen emoción

Bueno, podría creerte

pero no, porque es

una vez que conté

los números del sonido.

Porque una voz, una boca,

mantiene erguida la faz

del sillón donde fajamos,

pero espera, esto es un arrabal.

Cual cicatriz mi corazón

cual memoria tu vestido

cual espécimen nosotros.

A cambio del cambio de atuendo

la multitud vulgar, el vulgo llamado

te quería introducir en mis espejos

pero logré notar que no tengo clase,

más que la de nacimiento: absorto tiemblo.

Con el ácido del trotar los segundos

espero, porque una mañana aguardaba,

llegaste, subiste, ataste mis manos

con el cordón umbilical del erotismo

y me fui a las lejanas tierras del espejismo.

Nosotros, quizá, una vez, nunca, dijimos algo.

Tu manantial relució los efectos

de mi ramplona estética, verbalizada, canibal,

como si una vez los perros atropellados

en las carreteras se levantaran a mugirnos

convertidos en sus almas de vidas pasadas.

Karma, instinto, saciedad: contra marea y eco

fluir que es esta pensión alimenticia del desprecio.

En la economía individual de mis sentimientos

fluyes como río de sabiduría ignorada y te nombro.

Precisamente eres tú un nombre encriptado y fiel,

mutis, falacia, tautología amorosa, como mi fecalismo

afectivo, como mis borrachera emocional,

como el trino churpio, salado, improductivo,

que insulta la necrología anfitriona del torrente.

Eros que vomita y yo que me trago los restos

óseos de mi estructura pasional, aún encima

de las torres redacto ramilletes decolorados

de versos insufribles y caprichosos porque

una tarde andaba pensando que era tarde

y me decía a mi mismo: todo yo soy una dialéctica

emotiva de escasos recursos económicos y poca

credulidad porque soy un lupanar de emociones.

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