Anachronistic soul

Everything happens once
on the face of the planet,
once everything is time and action.
Behind the universe rules
everything could collapse once
and the inner solipsism
betrayed our body and shaped
the meaning of being a lonely sparkle
of symbols and nothingness. We cry
even when we have reached
the sense of love and life.
And we left our tongue in the sky
because we speak any kind of way
that flows above times and circumstances.
So the golden energy arise inside us,
melting our destiny to the colorful river
of existence and shine under our soul
the unreachable hair of wellness.

Motores lógicos

No hay frases

sino arte de pensar.

No hay símbolos

hay versificación y silencio.

Todo estriba en el acomodo

de los significados… y del sueño.

Poema de la percepción del tiempo inexistente

Orilla y manantial

del ser, contra reflejo,

esparcida la semilla

soplo y caminata, arder

solo el instante amar.

Contracción y esperma

del verbo, del andamio

luminoso, palabra y fertilidad,

cosmos encubierto, amores

al árbol del conocimiento.

Inscripción tu faz, tu letrero

el símbolo partido, la mecha

encendida del saber, terquedad

y descanso, como soleada colina

reverdecida de esperanza y aliño.

¿Cuándo partimos el as del sentido

contra la efigie del sonido? Dejamos,

entre el salto al infinito de la existencia

y la locura de la presencia, las uñas y

los pasos llenos de entredichos.

Merodeamos entonces las esferas

de una geometría universal y silente.

 

Distemporáneidades

El diálogo sostenido entre tiempo y realidad oscila, navegante de una multitud de sentidos, en un océano de interpretaciones. Nos extraviamos de pronto en una ola de significados, porque el silencio no existe más, aunque en la totalidad de las voces presentes haya registros inexistentes. Y caemos, lento, en un marasmo de obras, de pensamientos, de autores, de sistemas y códigos. Un torbellino de existencias arremete contra el tiempo, saturada realidad de muchedumbres y de alientos que circundan los fosos de la expresividad. ¿Por qué no incitamos un eco de otredades múltiples sino que nos perdemos en el designio y tortura de una simple y unívoca seña? El tiempo, su maquinaria cultural, sus acertijos, nos devastan. La pesadilla malthusiana vuelta realidad es un almacén de palabras, de imágenes, de subjetividades. Nosotros conquistamos los espacios, los lindes precisos de una elección definida, a veces arbitraria, a veces selectiva.

No existe entonces el pasado ni el presente ni el futuro, sino que habitamos distemporaneidades polihédricas, multifacéticas, pluridimensionales, en un tejido de luz y de contrastes, abismal, imperecedero, voraz. Porque nutrimos el tejido vivo de la digitalidad y sus facetas, pero también volcamos nuestra persona, nuestro ser en el mundo, desde una presencia que se convierte en diálogo o perece en la marginalidad del soliloquio. Con el esmero ortográfico de la gramática de la existencia global, podemos saber qué pasa en Hong Kong o indagar el clima en Australia o enterarnos de las informaciones de las dictaduras en Argentina y Chile o simplemente escuchar a un afroamericano rapear. Y la diversidad incluye tener acceso al pensamiento presocrático o al milenarismo chino y al mismo tiempo poder leer el último artículo del columnista del New York Times. Todo además se convierte en un aposento orgiástico, la orgía de lo humano, culturalmente traducido en actos de habla. Todo es comunicación, pero lo distemporáneo se asemeja a un enjambre de nudos y listones, que conforman una urdimbre donde lo presente es inaccesible y lo pasado se subdivide en tendencias y mitos, en arqueologías disímbolas por la proliferación subjetivista.

Aquí estamos, a veces extraviados, a veces satisfechos, a veces en busca de un incentivo que nos expurgue el aburrimiento o nos ofrezca un arte o un culto o un mito para saborear el atardecer o un libro o una película o una obra teatral o simplemente la sonrisa del objeto del deseo, de la mujer o el hombre amado. Y todo es sin tiempo porque todo es una exterioridad y el interior se convierte en una fábrica simbólica de arrecifes de significados. Y moriremos, también.

No poesía

Esta cadencia monótona

no es rima ni verso

no es nada descriptible o soleado.

Todos los días grises de la vida

conspiran porque hoy es más rancia

la existencia, porque encima

de las lucubraciones indagatorias

-esos rumores de muchedumbre

hostil al tacto de la mañana- canta

una perla de silencio las agonías anquilosadas

de la demiurgia del ser: todo un envase

demacrado por el cartón del alma.

Enquistada la vista, remite a una rama

torcedura del árbol del conocimiento,

pero entre las acciones del ayer

navega torpe el cansancio del mañana.

Esta monotonía que no es poesía

porque la rima golpea, es el tedio

del acto más torpe del mundo:

la verbalización de un estado mental

raquítico, que deviene una llamarada

de aburrimiento continuo todas las tardes del sol.

Eusebio Leal Spengler quote

“El subdesarrollo genera una amnesia social que favorece la expansión de conceptos tales como: «tenemos poco, o casi nada», «lo nuestro vale menos», «nuestras antigüedades son meras curiosidades ante otras que son las verdaderas».  Por lo que llevo dicho, estas iniciativas están urgidas de sustentarse en nuevos conceptos de autoestima y en la prédica insistente de que cuanto poseemos, o poseen otros, no ha de ser comparado miméticamente. Hallar y defender el encanto de la diversidad, promoviendo así el respeto de la posesión del otro, es una base ética que nos salva de esa oleada de mercaderes que desean comprarlo todo  y que desde hace siglos van de una a otra latitud arrebatando, a cambio de cuentas de vidrio y fragmentos de espejos, las pieles, los colmillos, los objetos depositados por la piedad de las tumbas. Oleada que no se detuvo ante templos, columnas, claustros íntegros de viejos monasterios; fenómeno que en su día asoló el legado de las civilizaciones clásicas de Europa, Asia y el antiguo Egipto, y luego de comenzada la modernidad se abatió sobre África y América”.

Eusebio Leal Spengler, La luz sobre el espejo, Ediciones Boloña, 1996, La Habana, Cuba, p. 80.

Exploración

Exploración de miradas

de márgenes ambiguos,

exploración de silencios,

quiebre de soledad y vacío.

Como otredad descubierta

exploración y amalgama

de vistas, corazonada,

flechazo al corazón radiante.

Micro poema nulidad

Anular la nulidad

nula característica

de anulación infinita.

Lo negro racional

Esa razón que tienes

esmaltada, indecisa,

es un trono de silencio,

una valija a tu indiferencia,

que te hace saltar, poco,

a tiempo siempre del café.

Esperas un tronar de significados

pero mantienes empolvados

los estantes de la imaginación,

¿por qué amasas los sentidos

inversos del mal? Nadie escuchó

la figura de tus sentimientos

y te volviste un abrir de cúpulas

hambrientas de luz y carbón.

Si desde el origen de la eternidad

contra atacaste los efímeros galopes

de letras y discursos, no desististe

de nombrar una totalidad quebrada,

mitad voz y mitad boca, para que luego

de la caminata, donde marcharon los

silabarios más antiguos, recogieras

las piezas de tu rompecabezas

y levantaras tu alma al cielo, con

la zozobra del conocimiento y de los astros.

Encima de tu cuerpo, que es también

escritura con mutismo y realidad,

el ocaso del silencio fabrica una desembocadura

fértil y plena, donde conquistas el aliento

de un lenguaje radiante y luminoso, mitad

éxtasis mitad zona de franqueza, y te asumes

viento y remolino de obras, experiencias

y señales, afrontando el temor del ser,

de la existencia los maremotos y significados.

6 minutos

Rápido construir los tendones

de visiones arquetípicas

porque el cielo padece las mareas

contra el espejismo turbio

que es el reloj conquistando el presente.

Lástima de cuerpo y de fotografía

pero ¿hubo acaso una sílaba demente

cuando en el salón decías el nombre

de tu peor pesadilla? Canta la tarde

su aposento nublado y llueve.

Dentro de los vasos y los sentidos

hay un líquido mañoso y caracolino

gradual y lento, humedad de ancestros

y vocerío de lo no hecho, de lo no dicho.

Cuando perder el carisma es una consigna

redactar hacia dentro los canales  del olvido

es radiografía una carrera de miradas agitadas.

Chatarrismo, digitalidades y vocalidad discursiva

La vivencia de los fenómenos digitales, proclives a una tendencia polihédrica y fractálica, incluye una corporatividad del hecho cultural inserto en el devenir de la obsolescencia y la caducidad, lo cual genera un chatarrismo cultural, una residuocidad. Esta situación conduce a la diáspora de reminiscencias en todos los niveles de la creación humana, que en el caso concreto de la vida animal, por ejemplo, construye zoológicos virtuales. La desaparición de los referentes, como enquistamiento ideológico, permea la conducta informativa, la tendenciosidad discursiva, generando un vocerío polifónico, creativo en ocasiones, otras veces destructivo y necropático. La imposibilidad de categorizar los hechos digitales, de rotular, por inabarcables, los hechos de una taxonomía cultural de un presente donde la sincronía es amplísima, genera también la dubitación, en principio, pero además constriñe los asideros saludables, en la marcha voraz de la caducidad, de lo obsoleto, de lo que pasa y deja una huella, rastreable, verificable, cuyo destino es lo deleble de su existencia.

La vocalidad discursiva se erige entonces como una actualidad apegada a la multiplicidad de la oferta y la demanda de los mercados diversos: delictivos, educativos, literarios, fotográficos, audiovisuales, mercantiles, entre otros. Esta vocalidad, esta oferta de voces que irrumpe en el presente, en la sincronía de las digitalidades compuestas por un registro escritura milenario que se aproxima al último segundo presente de forma saturada, esparce sus dólmenes de sentido, construyendo archipiélagos de significados y referenciales. Los ecos del chatarrismo cultural, de la basura cultural, son una parte crucial de los impulsos sonoros de estas voces de la digitalidad, construyen, al tiempo que dislocan, las redes y flujos conformadores de un gusto, donde el eclecticismo es una moneda, donde la heterodoxia y la multiplicidad, la heteronomia, mantienen la posibilidad de construir identidades, colectivas e individuales. Estos hechos reflexivos, no obstante, carecen de una conducta que anule el postulado de la saturación abismal, icónica en el caso de referentes sólidos, etérea en el caso de referentes socialmente menores, que circundan las distintas aristas del presente referido a miles de millones de personas con entidades psíquicas, identitarias y preferencias en diversos ámbitos, que derivan, por tanto, en una puesta en escena, experiencia y construcción, de las digitalidades contemporáneas y su vocalidad discursiva.

Micro espacio ingrávido

Hacían los años

un nido, una amalgama

tejían las vivencias,

cada vez escrita dentro.

Y las estrellas eran

piezas de un corazón enamorado.

Opiniones

Devenir en los flujos

de gente, romper, abrir, castrar

la voz interna, repetir: toda

maleza de signos, ramos de significados.

Anterior al decodificador de palabras

la manta ennegrecida de luz, oscuridad

de luces, ceguera de luces, luces todas

infección proporcional en almas enlatadas.

Cansancio, escritura como saliva de perro,

hostilidad marchita, afrenta, trote, instinto

queriendo aventar un mascullar de años.

Convertido en rumor de milenios

el ajetreo del compás llamado

hoy la noticia no es sorpresa. Murmurar

por sí mismas las entrañas de los hechos

nauseabunda instantánea de la actualidad.

Bocanada ilustrada pero con un toque de marfil

Proclama una personificación

el ser y sus desperdicios, porque

dentro del universo -como clavel

rojo y seco en un vaso enmohecido-

abandonaron las esquirlas de virtudes

a la suerte, que usaba un patrón

algorítmico para distraer las almas.

Existen porciones de experiencia

intransmitibles, existen, en el huerto

del interior, también rayos de luz y

prefiguraciones oscuras, como máscaras

africanas -la serpiente emplumada no calló-

para que las fuentes y los jardines

escriban su paciencia en nuestros rostros.

Actuamos y los actos comulgan con el destino.

Sonríe la flor y el silencio conquista

-ápice de esperanza llamado amistad-

porque una vez escuchamos un cuento

donde mencionaban una canción

y un hombre tocaba la guitarra

para que una niña -mujer de cuerpo

pornográfico, pero inocente- durmiera.

¿Es polvo el residuo de los huesos y los días

que recorren las islas secretas del tedio

y los sonidos de la muchedumbre sabatina?

No son oasis espirituales ni panfletos sexuales

los que desmienten una cristalina y opaca

torcedura del existir y los alientos invaden

la cofradía binocular del amor y sus fantasmas.

Dicen que hubo un árbol del conocimiento

y dicen que rompimos el surco inocente del saber

y dicen que todo fue la pesadilla cierta

del destino bífido, pero los libros remueven

las cicatrices de las épocas infecundas.

 

One age of full meaningless

The age of references

is dark of light and sadness,

because it is full of non sense.

Unmeaning anything, reaching

nothing and teaching saturated

culture, as a broken machine

locked on movement killing

people, all those meanings,

that means the same that poverty,

climbs the mountain of letters

and books and images and names.

An we are scared of being anybody

because we eat vegetables and salads,

because we avoid smoke and excesses,

because every breath we take is narrow

of pollution and our bodies are shaped

by some cartoons and some sports,

but we build a post petroleum society and

individual too, and we fill our eyes of light

again and again and again until we are blinds.

An this age is blind as a nobel price said

and we don’t seems to get any love ever

because when the sun born we begun to rise

a shading rumor called words and verbs.

We are chased by our equals every second

reaching cool flows of time, but the locked machine

broke our hearts and the flesh, spiritual body,

collapsed into a febrile way of misunderstood.

Why do we felt that God is with us?

Because the blindness of our time

is a road to nowhere and an trip

to the certain stage of being an hologram.

 

 

 

¿Podré?

¿Podré algún día

leer a Góngora y Garcilaso?

¿Podré aprender

a hacer versos menos malos?

¿Podré una vez comprender

la métrica castellana?

¿Podré abandonar esta poética

torcida sin metro ni verso ni rima?

¿Podré en algún momento

decirme poeta? ¿Podré si quiera

decir qué es poema? ¿Podré,

poesía, marcar la quieta onda

de las sílabas? ¿Podré algún día

fraguar un libro que sea poesía?

¿Podré poesía ser poeta contigo?

¿Podré sin ti? ¿Podré quizá

decir poemas de memoria?

¿Podré? ¿Podré? ¿Podré?

Guerra interior: un ensayo sin cabeza

Pensar en los efectos propios de la creación literaria, de la construcción de una identidad literaria, de la personalización del tejido literario, ¿no es acaso una compilación de los retazos que construyen el criterio personal y propio de los rincones, autores, obras, por las que se ha transitado? Existen los lugares comunes, las modas, las tendencias. También existen los abandonos y el exotismo, no siempre fiel al mercado. No se trata de ser un autor de culto o de retratar, en términos estéticos verbales, las aristas de experiencias convencionales o de pasajes cotidianos. Existen las escuelas también, que nutren a la personalidad literaria de un algo que define sus impulsos creativos.

En lo personal no soy una persona que haya estado fielmente adscrito, convencidamente definido, por alguna tendencia o por alguna generación o corriente. He construido un perfil sinuoso por mis obsesiones humanistas que me han hecho intentar tres licenciaturas. Me la he pasado leyendo teorías sobre la realidad y sus formas explicativas, he conocido, mayor o menormente, autores, ideas, pensamientos. Pero me he mantenido alejado de la creación y sus círculos institucionales. Desconozco las tendencias actuales y no soy parte de ningún nicho ampliamente reconocido. Escribo porque no puedo vivir sin ejercitarme en la escritura y porque no puedo concebir el mundo sin letras. ¿Qué es la escritura para mi? Es una forma, con diversos mecanismos, de traducción. Puede ser un acto explicativo, expiatorio, pero también una formulación carente de sentido. Puedo de pronto creer que escribir es mucho más que un instinto, pero no olvido que también es un don.

El problema con las escuelas, con la institucionalización de la creación literaria, es que se generan circuitos y agrupaciones, con valores morales, con criterios estéticos y estilísticos, con una especie de intelectualidad creativa orgánica. Cada quien juega el papel que desea en la sociedad. Yo considero que no está mal pedir becas para crear porque también vivimos en una época donde las oportunidades están más cercanas al mundo en general. Lo malo es que siempre sean los mismos los beneficiados ¿por qué? Porque vivimos en un tiempo conservador donde los “nuevos valores literarios”, jóvenes de entre 20 y 40 años, se han apoderado de un nicho creativo concreto. Los que no cabemos en esos nichos, los que nos mantenemos en un intento poco ortodoxo, poco convencional, por decisión propia, debemos buscar otros medios de difundir nuestras ideas, nuestras expresiones. Y es duro saber que en esta ciudad, Xalapa, existe una élite creativa a la cual medio mundo desea pertenecer y que si no perteneces a ella simplemente no existes. Eso ha pasado toda la vida y en el fondo se trata de una vivencia de la modernidad centralista, que descarta los intentos periféricos y los margina por sus rasgos, características, formas, estructuras, contenidos. Muchos creadores se dicen activistas sociales y terminan siendo los peores censuradores o los críticos más comprometidos con promover a sus amistades. Por todo eso puedo pensar que sin cabeza escribo esto, porque mi necedad no me permite ser políticamente correcto ni optar por los canales estables de una creación mansa, pagada, orgánica al sistema y el mercado culturales.

Balada del antes y el después

Blandir el eco

tu nombre, cierto

insigne amor,

nosotros: torrente

cúspide de cielo.

Antes de ti

la nada, ningún foso

de vida galopante,

ninguna esquirla

de latido, corazón

batido contra la raza

del abandono: dolor

inquebrantable esperanza,

tu boca y el beso tuyo.

Cansancio previo

de años almacenado

que infiltró los tendones

de la miseria. Después tú,

nueva, noticia, novísimo impulso

nosotros, besarnos, como niños

inexpertos amar, te amo entonces.

 

Imaginación a ti イマジネーションます

Nombres desiertos
navegan tu imagen
estar con tu recuerdo
el signo de mi fantasía.

 

砂漠名
あなたのイメージをナビゲート
あなたの記憶であること
私の空想の兆候。

Pixel moment 14

image

Garden review

Micro nada

Así

es

esto

del

abandono

existir

contra

toda

máquina

de

gas.

Silencio.

Micro estridencia panfletaria de una apología al frijol enlatado

No podemos intuir que las semillas germinadas en nuestra infancia perduren todo el tiempo. Pero cuando disponemos la olla exprés y colocamos frijoles ¿olvidamos su metafísica, ósea nosotros? Redoblamos los esfuerzos por conquistar las cumbres de la fama y del éxito y acaso no podemos degustar un bisteck a la mexicana con sus frijolitos y unas tortillitas de mano. Es por eso que cuando llega el momento del chile, oh chile picante, redondeamos nuestra lengua y el paladar zurce el picor inmanente. Porque una vez creíamos que la política se refería nada más a votar y someter a la anarquía el sistema, pero en la olla exprés, en los frijoles, está la revolución. El afán localista, mexicanista, remueve los torpes caireles de las señoritas que dicen: no como frijoles, me producen pedos. ¿Y no es un pedo un síntoma de estar vivos? Olvidamos por completo que si bien el rechinar de las llantas en las calles empedradas es una oda a la magistratura del conductor, nuestros días inmiscuidos con hombres, mujeres y personas -seres de inmensa pluralidad- es una fórmula mágica que nuestra tierra del nopal nos proclama cada vez que decimos en las comidas corridas: ¿tiene frijolitos? ¿Dónde quedó la estridencia? Precisamente en eso que brilla cuando nos enfrentamos a la vida, a la ardua labor de mantener el paladar con el tacto y el gusto inoculado de sabores. Porque no podemos rechazar tortillas de mano, porque amamos el maíz, porque nosotros inclusive distinguimos socialmente a los que comen de los que no comen frijoles. No podemos generalizar, pero ¿cómo viven en otros países sin maíz y sin tortillas? Vamos, se trata de nuestra raíz mesoamericana, de nuestra herencia cultural más prístina, de la raigambre culinaria que nos dota de sentido. Comamos frijoles entonces, no los olvidemos ni con el chilito relleno ni con al arrozcito ni con nuestras tortillitas, por favor, promovamos las enfrijoladas -rellenas de pollo- y conquistemos, gradualmente, la metafísica de la olla exprés. Y si nos creemos autosuficientes, migremos a otros países con nuestros frijoles enlatados o envasados, plastificados, porque no dejaremos de ser mexicanos si vivimos en Andalucía o en Wisconsin o en Sao Paolo o en Lima o en Winnipeg o en Sidney o en Viena o en Edimburgo o en el lago Victoria o en Deli. Vivamos la festividad del frijol, llevémoslo con nosotros a todas partes.

Reflexividad irrestricta ahumada

Nos doblegamos al ser

¿lo pensamos?

Acertamos las noches

que fabrican encuentros

como si una gaviota,

marina envestidura,

nos guiará al cofre del tesoro:

pérdida del ego, ser entonces

los restos de vidas y personas.

Esculpimos nuestro personaje

¿lo pensamos? ¿Cómo si los episodios

-nuestros dientes amarillos también-

hilvanan el olvido que nos carcome

-en el presente mismo de la combustión-

los adentros imantados a la nada?

Preguntamos y existimos.

El ego se doblega y el ser se redime,

las almas aguardan, esperan la lucha

contra el incidente luminoso, y reímos.

Cada minuto queda como vestigio de paso,

paso de angustia y placer, porque el ego

-eso que nos nombra, distante, soberbio

pordiosero de nuestra historia-escritura-

está atado a nuestra lengua, es nuestra boca,

la que debemos domeñar y rendir al flujo

racionalista. Reflexionamos, indagamos,

perdimos los indómitos verbos del actuar

en la marea del vértigo, del abismo mental,

pero somos, estamos, pensamos, nos desdoblamos.

Encima del álgebra personal -nosotros, mitad número

mitad numen- acuchillamos páginas con la mirada

y decimos: ¿hoy es más tarde para descubrir

nuestros adentros infectos de envidia o es más

temprano para decir que adentro -interior

remilgoso y pocilga de ausencias-

estamos guarecidos de la tempestad social?

Nadamos circunferencias sonoras,

cada vez, cada mañana, y amanecemos

torcidos del corazón, con una mueca turbia

-escupiendo nuestro espíritu quebrado

de sombras y pasajes frustrantes-

cuando metemos nuestra lengua

en una balada del siglo anterior

para conquistar el fértil y mortal

-tóxico sobrante- torrente de humo

que nos indaga la boca y nos dice:

nunca fue temprano para despilfarrar

el ser que somos ni el ego quejumbroso.

Libresco y tendido en mares de signficados

Conocer el alfabeto

no es suficiente

acaso debamos

rendirnos al socavón

de autores, aguardar

la cima de los pensamientos,

trocar las señales en atisbos,

certezas y emociones.

Pudrimos los ojos con tanta letra

sorbemos figuras retóricas

y escondemos límites cuando buscamos

esculpir un verso. No somos poetas,

ni somos escritores, ni letrados, ni

tampoco somos alquimia de silencios.

Navegamos en un tedio fluctuante

desembarco de tiento y lectura,

como acaso desembarcaron

los refugiados españoles en México

en 1949. Nutridos nuestros alientos

por el compás de los hombres, de las

mujeres, de los infantes, rugimos.

¿Seremos capaces de absorber

una idea que ya de vieja es universal?

Toda la caminata nos conduce a las librerías,

perdidos, practicando los ecos de otros años,

columpiados en ayeres que fabrican

ópticas ya hoy desvencijadas por las luces.

Y cabalgamos silentes letras y símbolos.

Toda la teatralidad de nuestra vista,

nuestra visión ramera de palabras,

es una canción cansada, un aburrido

corcel medieval, una lucha entre obreros

y burgueses, es toda la complicidad

de los hechos humanos y su registro.

Acampamos en las épocas, en los siglos

y la tempestad de un antes y un después.

Los hitos nos marcan -ora Cervantes

ora Shakespeare, ora Newton ora Kepler,

ora Bacon ora Descartes, ora Gibbon

ora Feijoo, ora Balzac ora Leopardi-

para rellenar el aire que rugimos dentro:

eso que es nuestra alma esparcida

por los canales de Amsterdam

o de Venecia, olvidando siempre

que Tenochtitlan era la ciudad más grande

del mundo en su época. Cada siglo

repetimos los nombres, las obras,

contra nuestro destino que es perdernos

en la marea de tradiciones que ya de viejas

hieden a un epicentro carroñero y sobrante.

 

Cosmic planet: textualized universe

cosmic planet 1.6.89

Nanopedia

¿Toda infancia

es absoluta e inmensa?

Finalmente

toda infancia

es sonrisas.

Después de leer una tesis doctoral

Qué grata sorpresa

encontrarlo todo,

ese todo que es mi nada

objeto de estudio, sucinto,

pulcro, amplificado y radiante.

Qué asombro y proeza

la discursividad del pasado,

los hombres, las obras,

las interpretaciones,

atisbo de colecta bibliográfica,

más que un rescate una pieza

del conocimiento necesario.

Deseos que ahondan mi ser,

la llamada a profundizar

el entramado libresco:

neoclasicismo

ilustración

siglo XIX

prensa

periodismo.

Indisociable de mis criterios

esto que leí me cimenta,

desbroza mi camino, me alienta.

Soy feliz con el trabajo de las ideas

y me doblego a la fascinación por conocer.

 

Postrer almacén de silencios

Una vez hecho

lo dicho compone

una fragancia

quebradiza y móvil,

llamarada y llamada,

instinto y sueño,

soplo y calor.

Pero lo dicho es

tenue cobija y frágil

cortina, de deseos

huracán, a veces, otras

sin sabor, insalubre peste,

rumor e incendio, escándalo.

Lo dicho posa y deja de ser

al haber sido hecho, al estar

compone un tono y vocaliza

rincones, trances y momentos.

Lo hecho con palabras responde

a una geografía personal próxima

al radio mismo del ser en el tiempo.