Rómulo Pardo Urías escribe

Chatarrismo, digitalidades y vocalidad discursiva

La vivencia de los fenómenos digitales, proclives a una tendencia polihédrica y fractálica, incluye una corporatividad del hecho cultural inserto en el devenir de la obsolescencia y la caducidad, lo cual genera un chatarrismo cultural, una residuocidad. Esta situación conduce a la diáspora de reminiscencias en todos los niveles de la creación humana, que en el caso concreto de la vida animal, por ejemplo, construye zoológicos virtuales. La desaparición de los referentes, como enquistamiento ideológico, permea la conducta informativa, la tendenciosidad discursiva, generando un vocerío polifónico, creativo en ocasiones, otras veces destructivo y necropático. La imposibilidad de categorizar los hechos digitales, de rotular, por inabarcables, los hechos de una taxonomía cultural de un presente donde la sincronía es amplísima, genera también la dubitación, en principio, pero además constriñe los asideros saludables, en la marcha voraz de la caducidad, de lo obsoleto, de lo que pasa y deja una huella, rastreable, verificable, cuyo destino es lo deleble de su existencia.

La vocalidad discursiva se erige entonces como una actualidad apegada a la multiplicidad de la oferta y la demanda de los mercados diversos: delictivos, educativos, literarios, fotográficos, audiovisuales, mercantiles, entre otros. Esta vocalidad, esta oferta de voces que irrumpe en el presente, en la sincronía de las digitalidades compuestas por un registro escritura milenario que se aproxima al último segundo presente de forma saturada, esparce sus dólmenes de sentido, construyendo archipiélagos de significados y referenciales. Los ecos del chatarrismo cultural, de la basura cultural, son una parte crucial de los impulsos sonoros de estas voces de la digitalidad, construyen, al tiempo que dislocan, las redes y flujos conformadores de un gusto, donde el eclecticismo es una moneda, donde la heterodoxia y la multiplicidad, la heteronomia, mantienen la posibilidad de construir identidades, colectivas e individuales. Estos hechos reflexivos, no obstante, carecen de una conducta que anule el postulado de la saturación abismal, icónica en el caso de referentes sólidos, etérea en el caso de referentes socialmente menores, que circundan las distintas aristas del presente referido a miles de millones de personas con entidades psíquicas, identitarias y preferencias en diversos ámbitos, que derivan, por tanto, en una puesta en escena, experiencia y construcción, de las digitalidades contemporáneas y su vocalidad discursiva.

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