Pixel moment 17

image

Flowers on the road

Gibran Jalil Gibran quote

“Fama

Hay algo más noble y más grande en nuestra vida que la fama. Y ese algo consiste en los hechos elevados que la provocan”

Gibran Jalil Gibran, Los tesoros de la sabiduría, Madrid.: EDAF, p.63

No autodefinición

Elucubrar constantes espirituales

cada tarde dentro de trances

es componer desde el ruido universal

la sordera de los tiempos. Cansado

escribo una cotidianidad estéril

porque indagué demasiado en las fauces

de los infiernos que habitan la soledad.

Como hormiga obrera deambulo

en la faz cósmica del instante y respiro

lecturas incomprensibles. En mis intentos

todo sucumbe a una fechoría menor, alada,

cicatriz y luto, vivencia y torrente, amasijo

derruido contra el pabellón de la Historia.

Devano aquí un retórica podrida y una poética

baladí, contumaz irreverencia de proporciones

individuales, exclusivas y estridentes, a veces

chirrido demencial y otras un trinar de otoños

cuando la primavera extinguió, en el suturar

el fondo de mi existencia, la esperanza sonora,

vitalidad anulada por el despilfarro verbal.

Cruenta la boca de mi mente masculla porciones

de personajes y libros, de revistas y señales,

que marcan la tormenta misma del acto propio

de la ignorancia: contra ataca la simplicidad

cada vez que rebusco los fusiles y metrallas

de todos los rencores míos por todos los venenos

de todos los tiempos. Y escribo desde una lógica

desvanecida, pordiosera, empobrecida, porque

la estética del dolor compaginó sus renglones

con mi juventud y la poesía es una escapatoria

del mundo inabarcable que me engulle cada segundo.

Huída

Al tiempo colores,

plata siempre

las sonrisas.

Arqueada pasión

tú, compás de sol

y lluvia, marejada

entusiasta del ser,

existencia y terquedad,

mutismo interior.

Años como cristales,

polvo de vivencias,

anécdotas y frases,

como ideas enlatadas,

mina de vínculos y sentimientos.

Nos dejamos así: tiempo,

perdurar de actos contra el espejo,

tonalmente inmaculados

en la sinfonía de la estación: vida.

 

Bostezos

Llegas y levantas

las persianas,

fracaso de silencios,

complicidades, amores.

Umbrales todo tu estirar

la cima del cuerpo,

todo tú, efecto y borrasca,

del sueño prófugo, en ti

caída el andar las pausas matutinas.

Antes un alguien te miraba

siendo feliz como actriz en el espejo,

hoy un palpitar de músculos te llama

ya es momento de dormir.

Typing nothing

Here my long equality

deserves pleasant one thunder,

ashamed voices again, never

telling single words. I’m a hater

of time and life and air

because my broken tongue

disappoints you, attacks you,

blames you, once again,

when the sunset throw

kindly a thunder into my soul.

Where are the friends?

Where is the lovely solitude?

Nothing scape from people

never will be them

the last run against my head.

One single thinking

one single head,

my mental disorder

as a verbal fluctuant sorrow.

When do I follow the tense of present

or the shadow of solipsistic voices?

Nor my face or my mouth arise again

but I’m sure that we will be forgetfulness

at the end of the day, and no one will cry.

Caotización

Entonces colocas

adjetivos por doquier

emulando siniestras

proporciones y el verbo

lo rompes, todo como

pizza napolitana.

Envuelves las cacofonías

con telares silábicos,

parafraseas tipos grafológicos,

pero recuerda olvidar los garabatos

porque el signo mismo escupe

acentos y vocales. Perdona,

no es un acaso ni un sino el cuartel

donde la tregua del verbo exime al hombre.

Tremebunda seña la aneurisma

de un lenguaje sincopado y torcido,

frito como tocino en una pocilga

alfabetizada cuando el horizonte

imanta los errores de la ortografía mental.

Conclusiva

Desparramar la vida

entre calles y esquinas

con la silueta desvencijada

por alientos fortuitos

es trepar a la cúspide del día

sabiendo que la tormenta primaveral

aguarda nuestra esencia vital para mojar

el acto mismo de testificar los ciclos terrenales.

Lazos

Ahí donde escondemos

el trino infantil, donde

nuestras cobijas zurcen

laminas emotivas, ahí

parecemos payasos dominicales

contra el espejo turbio

de la otredad, y caemos siempre

en un abismo de ideas y frases

ininteligibles. Somos residuos

en otros todo el tiempo, como golondrinas

con el nido destruido, migramos

a la lentitud del saludo y esparcimos

recuerdos a la faz del vínculo.

Revolver

Hacemos un cucurucho

nuestra memoria

porque incendiamos

infancias, almas y quebrantos.

Desde el rincón y pocilga

del nombre, atisbamos silencio,

otredades, famélicas discusiones,

contaminando siempre

el verde aliento

con la fibra rasposa

de la razón. Y mentimos.

Cada vez inmersos

en azarosas ramas

olvidamos las caricias,

los sábados en la tarde

y el tierno remanso de un sofá,

nos adentramos,

como pordioseros en la calle,

en una turbulencia

mitad lápida de imágenes

mitad faz destruida del presente.

Caemos siempre dentro

la senda del equívoco,

erramos los cariños y mimos,

dedicamos horas a la infamia del ego,

como migración de patos

nos vamos a pasar el invierno

a un cuerpo menos hostil que el nuestro.

 

Aclaración

Por si el árbol gime
constricciones personales,
como el alma
luz y camino,
entonces 
rueca de fósiles instantes,
ancestros todos los segundos vivos,
la lontananza escrita como fuego
hiriente en la faz del ritual mágico,
templo y arrecife, momento de crecer.

Acid bullanga

Venid a la fiesta

del desconsuelo,

tomad píldoras

dolorosas, sorbed

el humor negro,

comprad licores,

enervad vuestro

pensamiento. Saltad.

Gritad al viento

somos robots,

escribid en la tierra,

odiad al género masculino

por encima de toda religión.

Acometed el silencio,

conseguid música, diversión,

excesos, arropad la tristeza

pero no dejéis de reíros

una vez en esta jornada

de bulla infernal. Soplad

los años eternos, juventudes

rotas, alquitranadas, enrrolaros

en el ejército destructivo

del plagio y tomad vuestro genoma

inventado hace millones de siglos

para que podáis triturar los ases

de vuestra conspiración: sucumbid

arrobados al frenesi de la carne,

por el amor de Dios, triturad vuestro ego.

Sopa de letras

Interna fase consciencia,

vocalidad, controversia

del llamar los lazos a la rendija

alfabética. Crispadura y nombre

escena misma del actuar los días

sobre el camino irradiado, conquista

siempre como fértil lote simbólico.

Esferas verbales y torrentes, lengua

punto y coma del pensamiento,

irradiación, silencio, compromiso

para existir en el ser dosificado.

Estereotipo escritura, famélica

añoranza de aprender a leer

las señales cósmicas, igual que las cartas

italianas de un diplomático, pero con

faltas de ortografía. Estúpida cantinela

esto que mengua en tu mirada.

Charcos

Esta es la mañana que nos habita, como nosotros somos trozos de papel incinerado. En el ahora, diluido entre cobijas y persianas, duermes. La lentitud presencia nuestro atisbo amoroso, entraña misma de una noche donde nos desvencijamos por el miedo a la soledad mutua, donde caímos en la torpeza de amar, de indagarnos, de perfumar una porción de universo con el aire mismo de nuestro esfuerzo amatorio. El sol ha salido ya desde hace 40 minutos. Desperté, intentando omitir que te irías pronto aquella mañana. En la cama voltee a verte, me inmiscuí en el escrutinio preciso de tu perfil, en la pesquisa perecedera de tus ojos cerrados, de tu torbellino de aliento que me rompió la noche anterior los paños mismos de mi pesadumbre. No puedo si quiera creer que en un par de horas ya no estarás más aquí. Y aunque todavía duermes en mis brazos, ya me siento solo de nuevo.

La lluvia anoche nos hizo beber whisky y fumar un porro en la calle, precipitados, envueltos en la mística psicodélica del barrio rojo donde nos encontramos. Todo fue un simulacro de ausencias, porque al final de los tragos, al final de la rumba, nos decidimos pronto a huir a mi casa, a perdernos lentamente en los besos que nacían ya, como golondrinas volando hacia el sur cuando llega el invierno. Nos precipitamos también en el taxi, siempre que tu boca —boca de arena y marejada de emociones— narraba tus peripecias en el mercado, en un callejón donde compraste tus inciensos, en el trolebús donde dijiste recordar el rostro de un niño que dormía plácidamente. Ese vehículo, ese taxi, donde la emoción traslucía tu mirada, donde mis manos anduvieron tus muslos, donde te desabotonaste la blusa y me dijiste que te besara como si fuéramos esposos y amantes desde hace miles de vidas. Teníamos 40 minutos de habernos conocido y éramos felices. Todo el trayecto me tocaste entre las piernas, mirando mis ojos con picardía y atrevimiento, hasta que susurraste en mi oído —te la quiero chupar hasta el fondo— y el taxista nos veía como dos extrañas islas de sentido, de emociones, de sexos entreverados con la noche. La tormenta duró hasta las 4:40 de la mañana y nosotros seguíamos amándonos, seguíamos explorando la infinita faz del caudal sexual. Tarde comprendí que no podía enamorarme, que debía mantener mi fuero interno intacto, porque después de comernos, me di cuenta que tenías los ojos más extraños y hermosos del mundo, los senos más morenos y torneados del planeta, la boca más sensual y el aliento más exótico de todos. Tarde porque eran las 6:30 de la mañana cuando finalmente quedamos dormidos los dos.

Nos contamos de todo mientras nos amábamos: anécdotas juveniles, sitios de interés, deseos y traumas, eventos importantes, todo lo que nos hace ser lo que somos. Enfrente de nuestra unión, en el territorio del sueño a tu lado, exploré también los efímeros paraísos de haberte amado con tanta enjundia y furor. Soñé que viajábamos a la India y que nos dedicábamos a vender nueces en un mercado de Coyoacán. Fueron los coloridos detalles de mi sueño los que me hicieron despertar súbitamente. Te encontré dormida y me fue posible evitar saber que seguías a mi lado. En poco rato te irás de mi vida, te irás y te llevarás la felicidad más grande que haya tenido, la ternura más trémula y la osadía más afortunada que me hubiera alcanzado a vivir. Sé que fuimos un cosmos, igual que los charcos que están ahí afuera, después de la tormenta, y que reflejarán tu andar, cuando yo haya hurgado en mi piel para encontrar tu perfume. Sé que te irás y me despediré dándote las gracias por haber desinhibido mi psique y mi cuerpo. Y los charcos se evaporarán pero durarán hasta la tarde y entonces sabré que no fuiste un sueño, sino que me deje llevar por el soñar tuyo de aventuras y regocijo.

Adiós adiós

Estornudan figuras

las huellas de tu ausencia

porque las lejanías del recuerdo

rematan la elocuencia nombrada

perforación del ego y antifaz social.

Y no hay más que mencionar

los ostiones ahumados y las galletas saladas

para desembocar en la insuficiencia pretérita

donde yace esmaltado el nombre que solíamos

utilizar para el recreo de las estrellas fugaces.

Aquella noche el universo desnudo nos escribía

versos plateados como salmones contra corriente.

Introspección panfletaria

Osada marcha el signo

propio, eso que de nombre

nombres astilla, personaje

locomoción derivada, sueño.

Si indagatoria la búsqueda del ser

tumefacta la aurora, columpio

donde fulgen marejadas de desprecio.

Todas las entidades inherentes, del

interior inmersas, corrompidas

contra el espectro franco de la miseria.

Atisbo, carcomida reflexión

una boca mascullando el te odio

por ser tú mismo, pero la mañana

debe seguir gris: insatisfacción y tedio.

Arancel de fatigas, lupanar de fauna traumática

eso hostil que evades diario, tu nombre

y el sabor amargo del desconsuelo.

Pérdida

fracasado despliegue de la imaginación,

osada marcha, mismo recuerdo

a renglón seguido del claustro-olvido.

Mención el polvo de amistades efímeras

arrinconada complicidad contra el pecho

de la autoestima mutilada, ansia de estar

entre el cajón fotográfico del ayer

y la neblinosa madrugada del porvenir.

Serie Neo Micro Poiesis Micro Poesía a.3.r

Error el estado contra

atacando el ser y la

cima de la existencia

rota como espejo

fortuna grisácea

lápida de libros no leídos.

Axioma inherente al adiós.

Cajetillas

Pulmones vaciados

contra el tenor, el asiduo

mecanismo evasor: mortandad

bronquial, definición, un acto

fumar. Parecido a los autos

—combustión interna en la vida—

parecido a las industrias

cajetillas vacías, rondan

los espectros mismos del aliento.

Cansancio, pero no de sufrir

sino de enmascarar traumas,

constante, pero no de la vida

sino de la orfandad y el abandono.

Remilgosos trozos de cartón

emblema propio, apropiación,

sedentaria marca intelectualista,

mariconada insignia del pasado.

Antes de la media noche

otra y otra caja, cajetilla de humo,

humo interiorizado como habilidad

del pensamiento, quizá menos consciencia

que la fertilidad de Cleopatra y los ejércitos romanos.

Mutismo de una micro poética inservible

Silenciar los abismos, los espasmos, de frases que mantienen un vínculo corrupto con la realidad. Estar inmerso en un fetichismo constante, sonoro y ruidoso, como maquinaria a principios del siglo XX, pero también sosegar los alientos personales, la grandeza interior, subyugando un atisbo de idea, de pensamiento, de oración, que suture los constantes movimientos del adentro zoológico. Y encima de la mesita de noche los libros que ya no son leídos, encima de los libreros los libros empolvados, encima de la mesa de trabajo un cúmulo de tickets y papeles, inservibles. Totalidad silenciada, mutismo, banalidad cruenta, la cúpula propia de una desvencijada retórica inapropiada, como calcetín roto, sin enmendar, sin esperanza. Dentro de los átomos psíquicos, el error de creer en una razón unívoca, para nombrar el universo, es sembrar entonces sílabas sin tonalidad, para desfigurarse el alma, contra el sentido de las manecillas del reloj, asumiendo una tétrica función inmanente al vómito verbal: las aristas propias de una herencia desequilibrada fungen como una tonada de ola marina que indaga los límites inscritos en una poética inservible, la poética desechable de la teoría inherente a la basura cultural.

Caos

Lengua milenaria

acomete el silencio,

salta, rompe, inscribe,

tropeles y ejércitos

de voces. Hueco —medio mudo—

ensombrecido de tiempo.

Galopar de la luz las galaxias,

escribanía oscura, mitades del sol

que fundaron el instante mismo del verbo.

Contra consciencia

Evadíamos el tiempo

porque éramos cicatrices

y acariciábamos el tedio

como rostro de niña sana.

Andábamos erráticos

contra la muchedumbre

el sábado por la noche,

pero una mañana gritamos

como perplejos y caímos.

Conquistamos el fracaso

trece millones de veces

para seguir cantando

baladas argentinas y nos hincamos

de frente al sol como en postura ritual

aunque tuviéramos el cutis

percudido de dolor.

Algo más de Margarita Urías Hermosillo, que la interpretación de su episodio guerrillero

Somos tres hijos de Margarita Urías, Emiliano, Luisa y yo. En años pasados me dediqué a realizar un compendio de obras dentro del archivo de mi madre, documento aún inédito y que esperamos sea publicado por la Universidad Veracruzana en fechas próximas. En 2010 mi hermana Luisa desarrolló un proyecto creativo multidisciplinario, basado en teatro, un libro y diversas plataformas, donde reconstruyó, junto a su equipo Lagartijas tiradas al sol el peor momento de la vida de mi madre: su participación en el movimiento guerrillero chihuahuense de los años sesentas del siglo pasado. Y más allá de posibles reproches o reclamos entre Luisa y yo, ¿qué sí hizo Margarita Urías Hermosillo? Además de su trance frustrado en la guerrilla ¿cuáles fueron los logros de esta mujer de la segunda mitad del siglo XX mexicano? Fue madre, fue maestra, fue investigadora, fue intelectual, fue sindicalizada, fue en muchos sentidos un mujer completa en su incompletud. Y lo que sí hizo fue dedicar su vida al personaje veracruzano Manuel Escandón, fue devanar la trama de la construcción de la nación mexicana en el siglo XIX, fue indagar la historia económica y social del desarrollo de la burguesía mexicana, fue también una mujer arduamente trabajadora, excelente compañera y amiga, muy buena escucha, que disfrutaba sumamente escuchar a Bob Dylan, los Rolling, Janis Joplin, Pink Floyd y otras tantas bandas musicales. Era una apasionada de los deportes, le fascinaba ver las olimpiadas, las finales de fut bol, tanto soccer como americano, le encantaba el patinaje sobre hielo y cada  que podía seguía la trama de las novelas de moda. Y se sumergía en los archivos históricos mexicanos, la colección Lafragua, el Archivo General de la Nación, el Archivo de Real del Monte en Pachuca, archivos notariales en Chihuahua y otros sitios, siempre con el firme compromiso de su hacer en el mundo, de su acto-existencia.

Uno puede buscar en internet Margarita Urías Hermosillo y notará de inmediato que no hay un artículo de Wikipedia que hablé sobre ella, que las noticias que remiten a esta mujer mexicana son mayoritariamente las referentes a la obra teatral el Rumor del incendio. ¿Qué más hay de ella en internet? Localizar las huellas de una mujer que no vivió la transición a la hypermodernidad digital es una tarea compleja, pero factible. Recientemente, más o menos hace un año, la revista Nexos publicó, en sus versión cibernética, la edición de agosto de 1979 de su revista, donde aparece el articulo de mi madre México y los proyectos nacionales, 1821-1857. También en línea se encuentra el libro de Patricia Arías donde colaboró Industria y Estado en la vida de México, editado en 1990, apareciendo su artículo El Estado nacional y la política de fabricar fabricantes 1830-1856. En el portal de Researchgate.com aparece su revisión historiográfica Los estudios económicos sobre el siglo XIX, trabajo de la década de los setentas. Además, desde la revista Historias del Departamento de Estudios Históricos del INAH, está disponible su artículo Militares y comerciantes en México1828-1846: las mercancías de la nacionalidad. También puede localizarse con facilidad una nota de 2002 donde se ofreció un homenaje a Margarita Urías, en Xalapa, a 2 años de su muerte, ocurrida en el año 2000. Igualmente debe mencionarse su aparición en el portal de la Red Nacional de Investigación Urbana, donde figuró en distintas publicaciones y cuenta con un perfil propio, recordando que fue parte del consejo editorial de la revista ciudades.

Todo esto puede ser parte de una hazaña de reconstrucción de la vida profesional de mi madre, Margarita, a quien merecidamente le deberíamos hacer justicia intelectual, profesional y académica. Esta breve semblanza de sus cosas en internet intenta dar cuenta de una ausencia más en el siglo XXI mexicano, para mí la de mi madre, para la sociedad mexicana, la de una mujer única, combatiente, inteligente, mordaz, astuta y decidida.

 

 

Enlaces de interés sobre Margarita Urías Hermosillo en la red, búsqueda somera e incompleta;


Revista Nexos: México y los proyectos nacionales, 1821-1857 
http://www.nexos.com.mx/?p=3407 

Libro Industria y Estado en la vida de México: El Estado nacional y la política de fabricar fabricantes 1830-1856 https://books.google.com.mx/books?id=23ukkASt9nIC&pg=PA119&lpg=PA119&dq=Margarita+Ur%C3%ADas+Hermosillo&source=bl&ots=zBb_NgZK5e&sig=o4thgHGCwZwQRaXh9cyzQb4Xgq4&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwjdlL74rpTMAhVoyYMKHcd7B0gQ6AEINTAF#v=onepage&q=Margarita%20Ur%C3%ADas%20Hermosillo&f=false

 

Los estudios económicos sobre el siglo XIX https://www.researchgate.net/publication/31710198_Los_estudios_economicos_sobre_el_siglo_XIX_M_Urias_Hermosillo

 

Revista Historias, DEH-INAH: Militares y comerciantes en México1828-1846: las mercancías de la nacionalidad http://www.estudioshistoricos.inah.gob.mx/revistaHistorias/wp-content/uploads/historias_6-49-70.pdf 

Red Nacional de Investigación Urbana:

Revista Ciudades:

1) http://www.rniu.buap.mx/edit/revistas/revistas1.php 

2) http://www.rniu.buap.mx/edit/revistas/revistas1.php

Más de la Red Nacional de Investigación Urbana:

http://www.rniu.buap.mx/edit/libros/libros.php

Perfil en RNUI: http://www.rniu.buap.mx/ficha/ficha.php?nombre=URIAS%20HERMOSILLO,%20Margarita

Nota del homenaje en 2002 a Margarita Urías Hermosillo:  https://www.uv.mx/universo/85/infgral/infgral21.htm

 

Gutural

Crujía la voz,

designio interno,

palpar el alma,

correr, hacia la faz

del rostro dúctil

del objeto del deseo.

Lírica de un mustio desengañado

Hace miles de segundos

la crispadura del alma

cobró insultos al sentido,

sentido de ser alguien

como persiguiendo aves,

perseguir incluso —éxito

riqueza y fama— a contra pelo

del tendón único del eros universal.

Tumefacta la memoria escolló

rostros de tiempos de guerra,

prefiguró esos millares de segundos,

construyó un jarrón de excusas,

cortantes, para componer el flagelo

mismidad de la torcida mezquindad

—aurea la imagen del infante que fuiste

extraviado en juegos y elucubraciones—.

Al fin, remanso entre tempestad de festejos,

la lontananza mantuvo intacta, por fértil,

la oferta misma del indómito camino:

bestialidad fue mencionar acaso

el sino desfigurado del presente,

como maquinaria aceitada, constructiva

y autómata, industria misma del verbo,

espécimen floral esa bocanada de hachís

—ausencia de silbidos por la función decrépita—

espasmo íntegro, el eco constreñido del andar.

En cuanto faltó la gloria, el reconocimiento,

sufriste entonces, un alguien tomó tu cicatriz

y la hizo estiércol emotivo, como si fuera

una ramplona versificación fallida del siglo XV.

Y no hay más que un refugio lúgubre

instinto trepidante, interior tuyo, mazmorra

identidad que surca las estrellas del conformismo.

Adiós fue montar el trozo de tu personaje,

el papel prefijo del cutis esbirro del corrupto

mantel donde tú eras el patrón contumaz,

el ansía misma de frenar una otredad impostora,

porque las rendijas aromáticas, nombraron en ti

una ficción irreemplazable, fue trotar hacia el monte

que dimanaba la acritud de tu voz y tu alma quería

colapsar un tropel de angustias, pero te fuiste

y hoy levantas tu erguido orgullo como un pañuelo

para despedirte noctámbulo de la pocilga del hoy.

Definición

Definíamos

una tarde

los rostros

prófugos

de la ternura.

Ignorar el trance

Así

una canción

esparce

aroma

de sexo.

Pero

dejamos

en el banco

los días,

las manos,

el cincel

del amar.

La rendija

somos

cuando

evadimos.

¿Acaso evasión

conquistas

recelosa

el beso?

Extraños,

amantes

siempre

en pleno vuelo.

Amasijo de caricias.

Micro filosofía de las formas digitales

Pensar en los actos digitales no impide insertarlos en su dimensión sociológica, en tanto productos de un estado civilizatorio, en principio, pero también en términos de los accidentes y las tensiones que producen. Los actos digitales, polidiscursivos, entropicamente organizados, cuentan también con una multifacética taxonomía. En esa medida regresamos a testimoniar el hecho imprescindible del acto de nombrar como un mecanismo inherente a la episteme digital.  En términos sociológicos y culturales se trata, además, de una incitación a lo público, a lo compartido, siempre inserto en al devenir dualista de la criminalidad y la legalidad, de la institucionalidad y la clandestinidad, de la legitimidad y la contingencia. Las posibilidades de análisis, atendiendo a una micro filosofía de las formas digitales, abarcaría no sólo las producciones de sentido, simbolismo y significado, sino la duplicidad y el instinto de copiar los productos humanos. La episteme digital impele a repensar los patrones de dominación, de alternancia y de configuración sociohistórica, siempre que las posibilidades cognitivas desde las digitalidades oscilan en una macro estructuración compleja, atiborrada de estímulos y saturada de mensajes. No es incluso la faticidad del canal comunicativo o la proliferación de los métodos persuasivos, exclusivamente, lo que mantendría la pugna entre las concepciones metahistóricas, metalingüísticas y metafísicas de las digitalidades, en tanto vehículos de estructuración cultural, identitaria y factual, del abigarramiento compendioso del catálogo totalizador internaútico.

En cuanto a las posibilidades interpretativas, algoritmicamente inabarcables, la dialéctica simple objeto-sujeto-síntesis, no puede abarcar un trinomio axiomático deducible, sino que constriñe la cosecha del tejido social a una mecánica de reproductividad cultural, ceñida a las macro y micro tendencias globales: informáticas, geopolíticas, culturales, históricas. Dando paso a una fisognómica histórico-cultural del rostro metafórizado de las digitalidades, metáfora escritura en la dialógica afrenta del ego y al colectivo, los rostros polimorfos de la información, de los hechos humanos, de la saturación discursiva, remiten incuestionablemente a un cúmulo improductivo de formas, de estructuras, de figuras y cuerpos. Estos en su conjunto no estriban exclusivamente en las posibilidades categóricas de lo virtualizado, sino, además, en las confluencias y divergencias entre lo posible digital y lo performativo digitalizado. Si nos atenemos al hecho de la desigualdad social, retomando el nivel sociológico, presente en la distribución, empleo, uso, accesibilidad y participación de la población global en internet, debemos asumir que en términos demográficos la exclusión de diversos sectores sociales de la vida digital, pernea también la lógica inherente, hypercapitalista, de los proyectos en las digitalidades. Pero también es posible distinguir que a través de constructor postdigitales distintos grupos vulnerables, inmersos en un anonimato cultural e histórico desde los planteamiento etnocentristas occidentales, han logrado hacerse un lugar en el mundo, generando sus propias representaciones y constituyendo esfuerzos, como el caso de distintos grupos indígenas, comunidades y tribus urbanas, grupos de intercambio académico, entre otros, que derivan en la composición social del tejido digital.  Si existe una episteme digital, un tejido social digital y un conjunto de hechos digitales, su filosofía debe abarcar el continuo inter-relacionado del proceso constructivo de conocimientos, de las dinámicas sociales y trasngeneracionales conformadoras del universo sociológico digital y de la dialógica estructural de la facticidad digital y sus accidentes.

Horizonte dualidad

Nombrar la lejanía

con trozos incendiados

por los tercos silencios.

Estar frente al eterno huir

del horizonte, mitad cielo,

mitad sol, espacio y signo,

movimiento. Hasta el lindero

preciso de la luna, el día,

hasta la noche inmensa,

la luz y los cantos, mensajes

todos del porvenir y el presente

efímeras porciones de la existencia.