Mi hoy

Me encuentro transitando por una especie de depresión post-tesis, increíble, sorprendente, aterradora. La impulsos para concluir mi primer proceso de investigación profesional parece que darán sus frutos. Pero se trata de una empresa planteada, malamente, con muchos años de antelación. Conocí a Ignacio de Luzán en la biblioteca de Humanidades de la Universidad Veracruzana hace más o menos 8 o 9 años. Por aquel entonces estudiaba lengua y literatura y me encontraba indagando las particularidades definitorias de lo ‘poético’ en su acepción literaria, léxica, semántica y teórica. En esa medida mantenía una búsqueda desde el estructuralismo literario francés pero entendía que lo ‘poético’ podía hacer referencia a la teoría literaria, a la construcción de versos o al adjetivo de poesía. Entonces deambulando estantes de la biblioteca me encontré con la edición de Cátedra de 1974 de La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies de Luzán. Tomé el libro, abrí la introducción de Isabel M. Cid de Sirgado, la leí, y me fracturé la cabeza al descubrir mis nulos conocimientos. Por aquel entonces me encontraba a punto de iniciar el proceso de tesis en lengua y literatura y quería hacer la investigación sobre Luzán, pero a la par mantenía una actividad de consumo de drogas que me desorientaba y me desorganizaba en muchos aspectos. Inclusive llegué a escribir un breve ensayo sobre la crisis epistemológica que representó la lectura de la poética de Luzán. Todo fue una gradual obsesión que poco a poco tomó una forma abigarrada, hostil e inabarcable.

Terminé dejando lengua y literatura, en medio de una serie de crisis psicóticas y anímicas, que fraguaron mi distanciamiento de las aulas académicas, pero me mantuve escribiendo literatura. Para 2010 había publicado un cuaderno de poemas Reuniones del Milenio que Termina que en 2009 edité con Épica en ciudad de México. La desorientación, pero la constancia escritural, fueron una  moneda de mis días. Entre amores pasajeros, algunos pocos viajes, y lecturas dispersas, Luzán seguía interesándome. Al descubrir que en la biblioteca de Humanidades tenían otra obra del autor aragonés, no dudé en acercarme con el director de la biblioteca para pedirle me facilitara el documento y poder así fotocopiarlo. Entre los trabajos que conseguí de Luzán, su poética la retórica de las conversaciones, también fue indagando sobre los autores de su crítica, que me pudieran facilitar el conocimiento de sus ideas, conocer los comentarios sobre su obra y lentamente, en un proceso de estira y afloja, acomodar mis pensamientos. Volviendo a 2010 por aquel entonces tuve la oportunidad de tener un acercamiento con el maestro Sergio Pitol quien me acogió y me brindó su amistad. En ese momento, al morir Carlos Monsiváis, escribí un texto desgarrador, en medio de una honda tristeza y una psicosis intolerable, donde me propuse, como proyectos personales, tres cosas: escribir mi primer novela, próxima a publicarse en este año, hacer el compendio de las obras historiográficas de mi madre, libro pendiente de publicación pero en proceso editorial con la Universidad Veracruzana, y realizar mi investigación sobre Ignacio de Luzán en tierras mexicanas. Hace algunos meses escribí que estos tres objetivos los estoy cumpliendo a 6 años de habérmelos propuestos. Y esa es la raíz de mi depresión actual, de mi crisis personal, de mi presente sin proyecto.

Hay muchas posibilidades para mi presente, para mi día a día. Tengo algunas ideas, pero el vacío se siente, lo palpo cada vez que me encuentro con la pregunta ¿ahora qué sigue? Actualmente estoy aguardando la resolución sobre dos posibles ponencias para congresos donde aborde la temática misma de Luzán pero en contextos y temporalidades distintas a las de mi investigación, que se circunscriben al inicio del siglo XIX en Nueva España y al Diario de México y su primera época de 1805 a 1812. Afortunadamente he conseguido explorar distintos soportes archivísticos digitales para esta empresa y me siento convencido de que para mi se trata de un nicho intelectual y académico único que puede redituarme con creces. También está el proyecto de la publicación de mi novela, de próxima aparición, que me implicará un trabajo de difusión, venta, presentación, entre otras actividades para dar a conocerla y obtener alguna ganancia de este hecho. Además hay una biblioteca personal, y materna, que debe ser organizada, acomodada. ¿Hay tiempo para todo? Aguardo los trámites para presentar mi examen profesional y me quiebro cuando imagino qué más hacer con este blog mío.

A todos un saludo, desde la incertidumbre de mi hoy.

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