Contra consciencia

Evadíamos el tiempo

porque éramos cicatrices

y acariciábamos el tedio

como rostro de niña sana.

Andábamos erráticos

contra la muchedumbre

el sábado por la noche,

pero una mañana gritamos

como perplejos y caímos.

Conquistamos el fracaso

trece millones de veces

para seguir cantando

baladas argentinas y nos hincamos

de frente al sol como en postura ritual

aunque tuviéramos el cutis

percudido de dolor.

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