Mutismo de una micro poética inservible

Silenciar los abismos, los espasmos, de frases que mantienen un vínculo corrupto con la realidad. Estar inmerso en un fetichismo constante, sonoro y ruidoso, como maquinaria a principios del siglo XX, pero también sosegar los alientos personales, la grandeza interior, subyugando un atisbo de idea, de pensamiento, de oración, que suture los constantes movimientos del adentro zoológico. Y encima de la mesita de noche los libros que ya no son leídos, encima de los libreros los libros empolvados, encima de la mesa de trabajo un cúmulo de tickets y papeles, inservibles. Totalidad silenciada, mutismo, banalidad cruenta, la cúpula propia de una desvencijada retórica inapropiada, como calcetín roto, sin enmendar, sin esperanza. Dentro de los átomos psíquicos, el error de creer en una razón unívoca, para nombrar el universo, es sembrar entonces sílabas sin tonalidad, para desfigurarse el alma, contra el sentido de las manecillas del reloj, asumiendo una tétrica función inmanente al vómito verbal: las aristas propias de una herencia desequilibrada fungen como una tonada de ola marina que indaga los límites inscritos en una poética inservible, la poética desechable de la teoría inherente a la basura cultural.

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