Rómulo Pardo Urías escribe

No autodefinición

Elucubrar constantes espirituales

cada tarde dentro de trances

es componer desde el ruido universal

la sordera de los tiempos. Cansado

escribo una cotidianidad estéril

porque indagué demasiado en las fauces

de los infiernos que habitan la soledad.

Como hormiga obrera deambulo

en la faz cósmica del instante y respiro

lecturas incomprensibles. En mis intentos

todo sucumbe a una fechoría menor, alada,

cicatriz y luto, vivencia y torrente, amasijo

derruido contra el pabellón de la Historia.

Devano aquí un retórica podrida y una poética

baladí, contumaz irreverencia de proporciones

individuales, exclusivas y estridentes, a veces

chirrido demencial y otras un trinar de otoños

cuando la primavera extinguió, en el suturar

el fondo de mi existencia, la esperanza sonora,

vitalidad anulada por el despilfarro verbal.

Cruenta la boca de mi mente masculla porciones

de personajes y libros, de revistas y señales,

que marcan la tormenta misma del acto propio

de la ignorancia: contra ataca la simplicidad

cada vez que rebusco los fusiles y metrallas

de todos los rencores míos por todos los venenos

de todos los tiempos. Y escribo desde una lógica

desvanecida, pordiosera, empobrecida, porque

la estética del dolor compaginó sus renglones

con mi juventud y la poesía es una escapatoria

del mundo inabarcable que me engulle cada segundo.

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