La pulcritud oscurecida de una prosa inservible

Aquí estoy, desempleado, con mis proyectos editoriales truncos, en la incertidumbre de la vida, bajo el yugo rotundo de un presente desfigurado. Mantengo quizá intentos prófugos de significado, porque dentro de mí no habita un alma limada y sobria, porque no estoy configurado para ennoblecer niñosel pasatiempo predilecto, porque soy poeta y no cobro, porque desde mi ventana no se ven las montañas. Estoy aquí, con una especie de cansancio verbal y estético, estilizando siempre las vistas contusionadas de mi ahora. Construcciones generacionales me decantan a estar aislado, a estar recluido en obras y vidas que no dicen nada de la actualidad: ¿por acaso habré intuido que una vez tendría que pagar el precio de toda mi desobediencia? Quizá también la exclusión social es parte de esa factura de los otros, de una otredad que me juzgo toda la vida, qué más da. Empero me zambulló en los actos inservibles e inútiles del devenir, de la actividad deambulatoria, existencia y carroña del alma que desvencijada escupe formas no cristalinas. Todo termina siendo este vómito recurrente o quizá el intento de carrossalpicar al universo digital con los anfibios marasmos de mi ego raquítico y petulante.

Pero también me envuelve una halo de ingratitud y permisividad que irrumpe en el día a día, como la estuviera esperando a la cigüeña a que trajera los papeles extraviados algún día en la faz del tiempo. Y acaricio lecturas y autores, acaricio tiempo y distancia, acaricio lentamente el hecho de estar desocupado, promoviendo mi ocupación letrada que no es más que el acto reflejo, de indagatoria personal, que me remite a este sitio digital, donde nada digo, donde no hay nada nuevo. Al final convierto mis intentos en una pocilga de frases y oraciones que no remueven cicatrices ni recuerdos.

Entonces ese arrepentimiento perenne, esa desdicha que tiene nombre de ilusión y transfiguración mutante, remiten a la intermitencia del ser que perjudica la esencia motora, vital, en donde no interesa mucho conocer los distingos. En el peor de los casos alguien vendrá aquí, leerá esto y sabrá indiaque no hay realmente un mensaje, que no hay algo de fondo en esta expresividad mutilada. No se trata simplemente de la manutención gramática o sintáctica o lingüística, se trata también de la deformidad ontológica que permea la indiscutible poltrona actual. Insigne vestigio de lo dicho la perseverancia remota al fichaje mental que no registra sueños sino estas dislocaciones prosaicas.

Por debajo de las confecciones interiores, de las máscaras, de los entresijos que promulgan el acto del silencio, las dimensiones irrealizables de la publicidad, de lo público, configuran en mi presente una amalgama deteriorada de afectos rotos y de personajes mutilantes: los nombres propios que evado, las relaciones que no cultivo, el ejemplar distorsionar imágenes, totalidad plena de una mente que no se desquicia ni se acomoda. Al fin de cuentas hoy he fumado quizá menos que hace un mes, he comido, he estado al borde de instruirme en versificación. Hoy, por remembranza, me defino escritorcillo, aunque mi aliento no alcance si quiera a penetrar en el marasmo de la realidad. Tiento feliz el augurio de los residuos que ostenta mi biografía, para deshilvanar el trozo de Historia que me atañe y desfigurar la presencia de toda esta audiencia inexistente.

arboles

 

Resignificación obtusa

Esta oscura visión,

entre nombre y papel,

ronca el devenir cantado

de consciencias llovidas

cuando los atardeceres,

de la Historia amantes,

rondaban escenarios.

Trozos de tinta seca

son la enramada sinuosa

donde abyecto queda,

como de puma abierta la boca,

ese tentáculo mitad nombre

mitad añoranza. Porque esculpe,

silueta la atmósfera impenetrable,

lánguidas voces el destino,

contra sentido siempre, marca y signo,

la escueta luz, irradiación y sombra

en una concurrida factura de los años.

Su oscuridad, visión quebrada, nos habla

por los codos de una metafísica corroída

que prorrumpe cierta hacia la inmensidad

absorta, como lengua y tropel hambriento,

de estos ejércitos que firman —signatura

eólica de costas desvencijadas— las nupcias

inmoladas al dios del estiércol citadino.

Osada neurona su recuadro, renegrido

insuflar tediosas cicatrices en el alma,

circundante foso, de tinta la mano envuelta,

como si todo los sonidos de la eternidad

hubieran conspirada en el alzamiento

del sombrío anclaje que remonta la marea,

figura y toque, licuada en el idéntico colectivo

que es el paso del pensamiento al papel.

Understanding recalls

Meme Poética 97

modulo3

No caber en la tristeza del mundo

Como río seco

contaminado

el presente

emerge surco

de dolor y quebranto

manía o tacto.

Esparcida tristeza

como silueta

opaca, la marcha

del segundero,

remate cruel

el hoy roto y profundo.

Sin remanso,

acaso piel o camino,

andar esbelta

la mirada, turbia,

ora aguacero

de rabia o funesta

treta del destino,

ora soltura

inmensa de llanto

o reboso de hiel.

No caber en la tristeza

del mundo

inmaculada ausencia

como automóvil

destruido, chatarra

del instante, marea

de no ser

con el fluir incesante

humana: torcedura,

siempre vestigio

espacio enhebrado en heridas.

modulo1

¿Arte, muerte o revolución sin devolución?

No inquiero ni supongo el hechizo momento que proseguirá mi intento fallido. Es más, ni siquiera comprendo o asumo una teleología estética y, por tanto, carezco de definición lógica, semántica y conceptual, propia de un ensayo que pueda proporcionar una referencia válida de sentido. Pero si el arte es un instrumento de transformación, o de negación, de la realidad, deberíamos asumir que la proliferación discursiva estetizada no es un asidero seguro cuando de revolucionar el presente se trata. Si desde mi postura, snob, anquilosada y raquítica, no me es dable observar el péndulo transgeneracional del simbolismo actual, más allá de las dimensiones tangenciales de mi pensamiento hay una posibilidad realista de asociar el producir estético con la nutritiva sabia del ser. En esa medida el arte no es ya más que la imitación de lo imitado, es también un refrito renegrido de la polución masiva global. Los recursos no faltan ni las tendencias son absorbidas, pero navegamos en el extravío cotidiano que brota en sus caretas estéticas, en las axiomáticas figuras del discurso transmutado en expresividad comunicativa, carencia misma del estercolero de la aldea global. Desde la productividad fecálica del arte, las aristas posibles de la estratatificación jerárquica del pensamiento deniegan autoridad a la doxa, ámbito que también el arte, y sus técnicas y métodos, ha visto llegar a los extremos del maniqueísmo somnífero y trasnochado de un siglo XXI mutilante, heterofágico, glotón y supurante de basura legitimada institucionalmente como “creación”, “arte”, “literatura”, “teatro”, etcétera.

aficheninguno1

Discursos al efímero trueque

Pensar el desayuno eterno

del universo, trascendencia

la espuma de los años.

Ansía el reflejo

un algo, llano.

Plenitud absorta,

como figurines

rotos, y el bajo fondo

del misticismo desvelado,

irredenta y marchita

la lozana fuga al laberinto del amor.

Torpeza inmensa

la llanura que oscila

de la audiencia

al mundo, cosmos

que flagela la lengua

balanceada en retóricas

áureas e impostoras.

envoltorio1

Irreverencia poética 12

Investigamos umbríos

ejércitos, marca

en reloj un infatigable

trance, nosotros,

pérdida de distancia

o corporeidad caduca:

zarpar entonces,

abigarrados de demencia,

al escombro fijo

que nos esconde

la raquítica silueta del destino.

Irreverencia poetica 11

Fragmentos del corazón baldío

Era de imágenes

y de quebrazón

la marcha ignota,

disímbola del aire,

como humareda

de sueños

la barca del existir.

Flácida memoria

languidecer los días,

según las normas

del calendario,

emblemática sombra

el artefacto del alma.

Pedazo desfigurado

e irreversible la

conquista esférica

del espacio. Sonoridad

espolvoreada, del eco

tormentas, arrecifes

todas las fugas al imán

descifrado. Los segundos

comunican aromas

de siluetas esparcidas

en el haz de luz

que el polvo revela.

houses

Teoría del instinto mutilado 2

1

 

Palidece el vértice del amor

cuando la desdicha promete

canciones y borracheras, todo eso

que ruge con el labio partido.

Intacta la marea sonámbula

desdice efectos arbóreos del alma.

Nos incumbe permitir al acto

del olvido, de la soledad, del inmenso

trote campirano del ser y la existencia.

Perdíamos los soles cuando andábamos

cayendo siempre en una geometría dudosa

del verbo y la razón, pero decíamos

que acaso las mañanas debían seguir grises.

discoruido1.1

 

2

¿Recordamos las avalanchas primaverales

como residuos de la ventisca amorosa?

Intuimos que una vez más el soplo

nos induce al amor, que nos dice

parezcan sonrisas pero dejen de lado

al rocío y su conjuro. Por que una vez

nos amaba el creador y otra vez saltamos

tibios al vacío del verbo y caímos saltando

renuentes al fondo de los tiempos. Y morimos

igual que otras figuras y otros seres y otras vidas,

morimos porque dejamos atrás el eco ancestral

y perdíamos, también, la sombra eterna que

nos dijo: deberán partirse el alma contra el espejo

de las mañanas y saciar el peligro de vivir soñando.

 

discoruido1.2

 

3

Un dejo de luz arremete las rendijas

por donde anda nuestro aliento,

nos conquista, con su toque divino,

nos impele a viajar, a la sonda

misma de los abismos. Perdemos nuestro

nombre cada vez que nos llaman, callamos

siempre que nos decimos otros y languidece

el signo de nuestra voz, como espirales

que surcan el cielo y elevan fuegos

a la multitud de dioses existidos y presentes,

que son ausencias y universos perennes.

discoruido1.3

4

Nos dicen los periodos insalubres

del éxito y la gloria, de la fama y el prestigio,

que hay noticias que no son nuevas, que hay

actos que no son nuevos, que hay hechos

que no son, pero que existe un fondo, mitad silencio

mitad ruido, donde predice el destino

la rueda fatica de conjuntos paradójicos.

Nos dice el silencio y el ruido que buscamos

divinidades porque estamos hechos de sólida

materia que invoca y ritualiza los pasos y las voces.

Cansada una mirada es siempre un sueño

pero nosotros, extravío y boca torcida, somos

una especie de mutilación, una mutación a ninguna

parte que carece de significado, que es ininteligible.

discoruido1.4

Especie de contacto

Caminaba lento aquella tarde, como si una hoja desprendida de un árbol cayera en el otoño, aunque la primavera relucía su magna frescura y delicado reverdecer. Eran las 6 pm y aguardaba un momento para retomar su lectura. Su libro, de poesía checa, la hacía pensar que nunca llegaría el momento en el que un ser amado pudiera tocarla. Pero resistía a los versos y a las tempestades de la adolescencia, guarecida en la concupiscencia de literaturas exóticas o al menos de difícil hallazgo. Tenía en su mente la libreta donde llevaba un diario, que a diario nutría con pasajes de cuentos y leyendas germánicas, porque creía firmemente en la decisión de estudiar en Alemania, aunque sus padres no estuvieran de acuerdo. Y cada mañana se rebelaba a los huevos fritos y estrellados, cada mañana despreciaba la malteada de banana, cada mañana se decía, prefiero un poco de té verde nipón que estos desayunos agobiantes de triglicéridos.

Al dar la vuelta en la esquina de  la calle Franklin, dirigiéndose al parque de las Naciones, noto tardíamente que su libro, en el bolso de su chamarra, estaba doblado de una página. Pensó para sí que había sido un descuido introducirlo en su chamarra. Lo saco de ahí y decidió seguir su caminata leyendo un poco. Al abrirlo, el libro estaba en blanco. Desconocía los fundamentos propios de la teletransportación, desconocía la desmaterialización textual, pero intuía que todo era parte de una reseña literaria de un universo desconocido. Cerró el libro, ya no sorprendida sino entusiasta, caminando en busca del parque de las Naciones, donde finalmente encontró una banca y destellando sus ojos miró el atardecer. El libro se había vuelto una hecho mágico, que le hablaba de lo perenne de las mutaciones, de sus inexorables filias por el ritualismo textual, por la vivencia, a sus 17 años, del enciclopedismo letrado universal. Recordó que una vez había rechazado leer a Góngora, que había preferido omitir a Garcilaso de la Vega, que tampoco le había gustado nada del siglo de oro español, de lo que conocía, que prefería a Shakespeare y a Bacon y la tradición inglesa, porque leer en inglés le había abierto las puertas al viejo continente.

Se detuvo en una banca del parque de las Naciones y después de admirar el atardecer, volvió a sacar su libro y noto, ahora sí asombrada, que las letras de sus páginas habían vuelto. Todo parecía un conjuro divino, un acto de magia, que de soslayo le hablaba de su aura luminosa, de como ascender, mediante un numen checo, al portal de la trascendencia, la había convertido en un ser, testigo y hecho, de la transmutación textual, de la teletransportación letrada hacia lo blanco, lo puro, lo irreal de la desaparición. Pensó para sí que todo había sido una especie de orfandad momentánea, recordó alguna novela de Hermman Hesse o de Thomas Mann, añoró entonces los paraísos urbanos de Berlín o de Viena, y refunfuñó para sus adentros los últimos versos que recordaba de Rilke. Con el libro abierto frente a su cara, reconoció las grafías de Borges y sus ecos en aquel escritor checo que hablaba del infinito y la eternidad, del olvido y de laberintos compendiosos del ser y la nada. Leyó para sí un último poema de aquel poeta checo y con su vista entornada por lo vivido aquella tarde, desando sus pasos y volvió a casa, donde le aguardaba una noche más de sueño y esperanza, para despertar a la horrenda pesadilla de los huevos fritos y la malteada de banana, aunque quizá eso también pudiera desaparecer un momento para que ella fuera feliz.

ella1

Este inmenso spam que soy

Petrificó mi nombrar

la isla torpedeada de la

decepción y caí, sólido,

al barranco del tedio.

La enfermedad mental

carcome mi alma, segundo

a segundo, palpita mi cornamenta

rota, de alce fugitivo, que es

este desfiguro ideológico del estar.

Terca manía

levantar el cigarrillo

por el futuro ansiado

y canceroso, despilfarro,

contra marea, mi voz.

Una bocanada silente,

muerte y esbelta fuga

de inquirir los pasajes

en la escalera a ninguna parte.

Ansioso perito del instante,

locomotora de tiempo endeble,

nombrar, así la luz conduce

a los sueños y las córneas

del lenguaje indican siempre,

frágiles de pereza, la salida torcida,

imán de agua y vapor, costra

indagatoria del ser: profesionalismo

de la nada envuelta en mi carne

y mis adentros todos calcinados

por el forúnculo emotivo

que es la gloria ajena, enajenante.

Aventurar constricciones propias

como galletas molidas, es creer que

la harina cocida de mis sentimientos

induce al vómito versificador,

pero en el fondo, es silencioso ruido,

este ápice de eternidad que refulge

en mi poltrona generacional y ruge,

cual tridente en el océano del verbo,

junto a la mecánica tuerca del universo

inmediato y raquítico de amistades.

 

dilusión imagio

 

Atmósfera derretida en un acto

perdida1

Podría creerse que la falta de sentido en el ámbito creativo es una derivación extensa de los fragmentos rotos que sucumben en un intento de teorizar la sensibilidad. Pero no hay un lugar común a la presencia ignota de la inspiración, no al menos en cuanto que deviene en un sin fin de actos, emergencias y situaciones. Propiciar la rememoración con la creación es un cuchilla mental, en mí caso, cuya inflexión de apropiación del significado de la experiencia puede muy bien circunscribirse en un acto reflexivo. En todo caso el semblante de mis carencias ideológicas, especialmente políticas, remite a una constricción volitiva de mi ser en el mundo, un tanto burgués, un tanto parcial, un tanto quebrada de los flujos informativos, de los hechos vigentes. Pero en el acto creativo, en el impulso creador que sigo, que persigo con mi automatismo escritural, no existe una premonición latente ni un fondo instantáneo que surque los océanos del ancho mar digital. En mi feudo creativo las exploraciones realizadas pueden muy bien ser legítimas o no, pero en el peor de los casos se trata del impulso catártico que, orillado a la necedad de un acto distorsionado, promulga los epicentros, ora lúgubres ora luminosos, que demarcan los linderos de mi discursividad.

Mantengo un impulso neto de exposición verificada en donde es posible localizar un influjo constante, en ocasiones falaz y otras veces pleno de sentido. Hay también un intervalo que oscila del lenguaje, del pensamiento, de las dimensiones interpretativas del ser y del mundo, a una estética cardinalmente solitaria, emblema mismo de un arte quebradizo, de una arteria sensible fugitiva, de una espiral ininteligible. Por la construcción sin agenda ni itinerario, mi arte, mi poesía, mis creaciones, no responden a la realidad ajena, al mundo externo, a la metafísica internáutica, sino que son porciones todas de mi interioridad, de mi instintividad creadora, de una especie de vivir el presente que no tiene nada que ver con el presente, una fórmula negativa, por dialéctica, de la asunción del tiempo y de sus marcas en el ahora. Lo instantáneo figura como un producto realizable, pérdida de simbolismo y de abstracción, surco y manantial de frases, versos, prosas, imágenes, orillas mismas del acto de desahogo incesante, infructuoso, ocioso, extravío y sombra de la torcedura del alma que me invoca cada vez a nombrar, a decir, a poner en juego una red de impulsos estéticos de dudosa procedencia.

perdida1

Esperar la idea

muralista1

Entre tejida la voz

puebla años tercos,

pensar es una rebelión,

instintiva marca

el antes de la lucha.

Ennegrecida la vista,

nocturna insignia,

contra el espejo

de la Historia

el ansiado instante

del bautizo: éramos todos

un espectro de injusticias

y soñábamos con el fastidio ajeno.

Trepamos por el abismo del sol

con las quejas de generaciones

yermas y soltamos el amarre

del aliento que nos unía

a las cadenas del pasado.

Fruncimos el semblante

caído en el rostro inerme del

aroma putrefacto que era nuestro verdugo

para saltar a la vida y entender

que una esfera de silencio

cobijaba la espera de una idea,

la idea del trotar los campos

universales del tiempo.

muralista1

Irreverencia poética 11

Tropezar con el tiento

del amor, soltura

la mano, esbelta

la desgarrada imagen

del segundo inserto

en la faz del beso.

Ansiedades torcidas

la derrota del imán

que es un cuerpo

frente a una vida.

Extraña pieza

estar en cinta del alma.

dilusion3

Alma de closet

Renombrar espacios,

engendros y torceduras

es manosear memorias,

siempre brotando

la cloaca de los recuerdos.

Un almacén de amigos desechables

escupe siniestros vocablos.

Todo era la loma pelada

del desconsuelo y subimos

al aposento donde aguardó

el aroma sangriento del olvido.

figuración1

Lectura en el ahora 2: Benedetto Croce

Benedetto Croce

Exposición personal

PANO_20160624_212250546

Desde la pieza contigua al presente, registro y vocalidad del pensamiento propio, personificación y escenografía, costal autográfico, lontananza mía, que de silencio cobijo cada vez que versifico mis desquicios. Aromática y presentimiento de una alza en el costo del sentido, símbolo perdido, extravío ideológico y locuaz tenacidad de enarbolar la dicha regocijante del lenguaje. Culturalmente árida la tropa mental, fauna interior desde el aposento de la memoria instantánea.

Estante a ningún lugar

librero

Repartidor de alientos

este vendaval de sentido,

sentir, escueto trance

lapidario, de la esencia

mutación, algoritmo

del verbo. Tropiezo,

fertilidad irradiada,

cobijo ontológico,

escueta memoria, como

si llorar fuera una alternativa

a la crudeza del mercado.

Ninguna parte, estadio

de un alma desvencijada

entre conciertos librescos.

librero

Genealogía de lo inútil

arbolperdido

Constricción, aroma de tedio,

la cicatriz del olvido

nombra asiduos

promontorios oníricos.

Despilfarrar, acto constante,

como industrial mecánica,

la voz interior que, ruta

fructífera, sacude

el lote baldío del ser.

Pensamiento oxidado

como lápiz con punta rota

o intentona de escribir

en la agenda del terror

una nota de alegría.

Soporífera mansión

este redactar en verso

las pocilgas de la existencia.

Ansiedades perdidas

en el quebrantar la silueta

de los rumores, urbanidad

esparcir afectos y perderlos:

terco instinto —¿qué número

sacude la poltrona de la vista?—

esta melodía vacua del significado.

arbolperdido

Inducción a la despedida

novoimagio1

 

Porque alzamos bocas

al viento, porque escribimos,

porque nos parece imposible

dejar de pensar o decir,

porque estamos hartos

de la publicidad, por eso

callejoneamos el instinto

entrecortado de silencios.

Elucubramos la soltura

y cobijamos el musical

axioma de la palabra.

Y nos enreda la vida

en su ajetreo y nos decimos

poetas y nos esparcimos

lecturas y métricas

y callamos la furia del mundo.

Decimos adiós y creemos

soplar un pastel de cumpleaños

porque un día dejaremos

de hacer nuestro legado

de versos y metáforas.

Diremos adiós

terrón de sueño

y nos invadirá la

escena de la despedida

cuando abstengamos

el alma de sus cicatrices.

novoimagio1

Mendigamos lectores

novoimagio3

Somos una plaga

estos bloggers del presente.

Creemos pensar

y decimos

caídas al espejo

del lenguaje.

Nutrimos subjetividades

que amamantan el ser

y la existencia nos permuta

la voz. ¿Somos como palomas

en el parque o la plaza

dispuestas a comer arroz

del público sabatino?

Mendigamos lectores

como visitantes y audiencia

porque creemos ser

únicos e inigualables.

Oh bloggers del presente,

yo acaso escondo

en mis ventosas palabras

una espera que me dicta

mutar los años en sincopas

de alma rota, como rotura

que esparce semillas.

Y la esperanza, no dicha,

es menos que atraer

personas del mundo,

es expresar y contraer

el universo unívoco

del lirismo globalizado.

novoimagio3

 

Putrefactum

novoimagio2

Lazar la cloaca del alma

con la pútrida forma

es una alquimia olvidada,

entre callejones y plazas,

con el vuelo de las palomas,

cadáveres del horizonte.

Pero destella el apunte

de la libreta marchita

del hedor de los sentimientos.

Y a mitad de la escena,

oh prefijo dislocado,

el poeta remienda su verso

porque una indigente

se da a la fuga de la policía.

Todas las sombras citadinas

respiran dentro, amasijo

de soltura desagradable,

la injusticia reclama

un espacio en el tránsito

cotidiano… y nos escupe

a la cara sus formas contiguas.

novoimagio2

Novo especulum

novocontinente1

A la vista perdida

mácula absorta,

molécula de infamia

el despertar del reflejo.

Ensimismada la voluta

del aliento, cansino templo

el arrojo a la otrora paciencia.

Péndulo cristalino

temporal de follaje ideológico,

la plácida conquista

devenir en el fondo

de un abismo terco:

el asombro consuela

la mirada, siempre aquí

un alguien, como fuego

apagado, siempre aquí

un hueco, constreñida

la esencia, partimos

al rincón de la imagen.

novocontinente1

Causas

Cuando Efigenia azotó la puerta aquella tarde, Raúl supo que algo se había roto para siempre. ¿Fueron las constantes llamadas perdidas un síntoma de la evasión que hizo a Efigenia surcar los mares de la furia? Raúl cursaba el último año de carrera y ella había sido el amor más plácido y más extremo que hubiera tenido. Al salir del departamento de Raúl, Efigenia entendía que no habría marcha atrás, que todos esos años invertidos en lecturas compartidas, comidas mediterráneas y películas de arte acababan de irse a la basura. La borda a la que remitía los esfuerzos de 6 años de noviazgo parecía una maleza púrpura carente de algún atisbo de ternura y luz. Aunque Efigenia mantuvo en alto la frente, dentro de sí un sentimiento erguido asemejaba su vivencia reciente a una ostra lista para el caldo. Tomó de su bolso las llaves de su auto y decidida a no caer en el impulso de emborracharse, a medio llanto y gimoteando, subió en el vehículo. Antes de arrancar se detuvo en el asiento un momento para ojearse en el espejo retrovisor. Se preguntaba qué podía ser tan malo en ella como para que Raúl no le hubiera prestado atenciones en las últimas 3 semanas.

Detuvo el llanto, limpió su rostro de lágrimas, se arregló el cabello y encendí el automóvil. Comenzó entonces su peripecia urbana, sin rumbo fijo, sin destino. Pensó en visitar a Mónica, contarle todo, desahogarse, pero en cambio se dirigió a ver a Sebastian. Cuando tocó el timbre del departamento se escuchó en el interfón la voz rasposa y aguardientosa de Sebas. En ocasiones él le regalaba bolsitas de cocaína o marihuana cuando estaban de fiesta, aunque Efigenia prefería tirarlas a la basura después de haberlas probado varias veces y no comprender la finalidad de emplear el contenido mágico de las bolsas para recrearse. Sebas bajó del quinto piso, en bata, despeinado y como recién despierto. Abrió la puerta a Efigenia, le hizo una seña para que pasara y le preguntó si estaba bien. Efigenia no dejaba de pensar en las últimas vacaciones al lado de Raúl, cuando fantaseaban con concluir la carrera y hacer un posgrado becados en el extranjero. Ahora todo era una nube de tristeza y desolación. Sabes le ofreció un poco de agua, la hizo sentarse en la sala y le dijo si había problema en que fumara algo de yerba. Efigenia contestó con la nostalgia desnuda: Sebas, terminé con Raúl. El amigo fiestero, alternativo y hippy de Efigenia vislumbró en su rostro el terco deambular de los recuerdos. Aguarda, ahora vuelvo, respondió. Efigenia veía en derredor suyo como extraviada en un laberinto de pulmones secretas e inconscientes que nombraban su desgracia con el mutismo de un espejo. Sebas volvió de su cuarto, cargado de un bong, lleno de agua. Traía en sus manos una bolsa de tela. De ella sacó un bonche de mota, la puso en la rejilla del bono y le dijo a Efigenia: mira mujer, Raúl es un buen partido, pero también es un terco, anda, fuma conmigo. Efigenia se sentía inmersa en una especie de sopor, entre el entumecimiento del alma por los eventos recientes y la idea de pertrechar su alma en los impulsos ocultos que la acometían. Está bien, fumemos, agregó Efigenia. Sebas prendió el artefacto fumatorio y ambos fumaron plenamente aquel material que venía desde Michoacán. El ambiente se relajó, Efigenia rompió en llanto y Sebas se acercó a abrazarla. Quedaron un largo rato en silencio, mientras los efectos de la yerba hacían a Efigenia creer que todo era pasajero. Pero no había vuelta atrás en el tema de Raúl y ella lo sabía.

Pasarón tres horas en las que Efigenia, después de haber fumado constantemente, llorado y confesado su dolor y tristeza a Sebas, se había finalmente quedado dormida. Sebas se duchó, se puso rompa limpia y fue al Oxxo por unas caguamas y cigarros. Cuando volvió encontró a Efigenia despierta y algo ansiosa. ¿Quieres un poco de cerveza?, agregó. Ella respondió que sí, pero que debía volver a su casa manejando. Pasaron dos horas más, conversando de música, de vídeos y payasadas televisivas. Después de eso Efigenia volvió a su casa. Cuando llegó había un mensaje de Raúl en su teléfono, el cual había apagado todo este tiempo, que decía: Efi hermosa, no te pido perdón, te pido que regreses. Efigenia tomó su teléfono y le marcó a Raúl. La llamada no entraba y remitía al buzón de voz. Entonces dejó un mensaje a Raúl: te equivocas conmigo, pendejo, no vuelvas a hablarme.

La noche iniciaba su trayecto y Raúl sabía que era tarde para ellos. Efigenia se duchó, tomó un té con galletas de chocolate y empijamada durmió tranquila, después de fumar lo de una bolsita que le dejó Sebas aquella tarde.

CjGPsnmUoAAdOE5

Video poema Licuar el presente

 

Solturas inmediatas

circulo floral

 

¿Recordar saltos

al terreno del nombre,

que de figura tiene

siluetas y cenizas, es

colgarse el amuleto del sueño?

Nacimos un día cualquiera

con la cara prófuga del pasado

y la lengua esmaltada de gritos.

Pero sentimos el paso del instante

que devana nuestra alma y soltamos

el ancla del desconsuelo volátil:

eso que son los corazones rotos

y el aliento canoso de cigarrillos,

contra el tonelaje del silencio.

Arrullamos perpetuos el devenir

con nuestras acciones, mas

un eco nos guía al destino

—construcción esférica—

que irrumpe en nuestra morada:

cuerpo que es nuestro vehículo

la palabra inserta en la otredad.

circulo floral

Si desvarío trompo de voces

city continente1

Espera, en el hoy un residuo,

tensa que devana soles,

malabar certero, tiempo

insolente frote de galaxias,

como si trampa fuera

la distancia-inercia

de la vida axioma conquista.

Reflujo parecido al magma

del dolor, anteriores vocales

del alfabeto, consanguíneo

para sí un ramillete de olvidos,

pétrea sensación interior,

mutismo que no cesa

en el ruidoso vendaval de los recuerdos.

Dicho adiós es pasar las cúspides

sonoras del tedio

a la banca del torbellino,

si trompo de voces desvarío,

de multitudes rabiosas desmantelando

la estructura del salto al anonimato.

city continente1

Azuladas

elipsis azulada1

Las fuerzas armadas

del sin sentido,

locomotora audaz,

desempolvaron cicatrices,

como de océanos antiguos,

orillas en el cuerpo pasado

del rincón histórico del ser.

Fuerzas trepidantes

auguran entonces

soledad y melancolía,

que del día y las estrellas

conforman ansias,

siempre fastidio

nostalgia-nombre

como del otoño las islas constantes.

elipsis azulada2