Enemigos

Quizás no eran mis enemigos

pero lo eran tal vez, quizás

no fueran hostiles o envidiosos,

pero lo eran. Quizás mi boca

no supo nombrarlos

quizá tampoco estuve cerca de ellos.

Quizá no tenían intenciones

de lastimarme siempre,

una y otra vez,

pero lo hacían.

Quizás simplemente

fui ingenuo

al creer que seríamos amigos,

pero eran mis enemigos,

siempre

cuando entre ellos se apoyaban

y a mi me orillaban a recluirme.

Quizá no estábamos destinados

a compartir la mesa y los libros,

la música y los momentos, porque

en la superficie decían que estaban

conmigo, pero contra mí estaban,

siempre, en sus actos y en sus decires.

Quizás no eran mis enemigos,

pero lo eran

cuando me expulsaban

de sus días y las noches

eran, sin mí, una colmena

de éxitos para ellos.

Me conocían, poco es cierto,

y sabían de mí

pero nunca me invitaron

a publicar con ellos

ni a sus fiestas

ni a sus reuniones

ni a un picnic sabatino

y yo, torcido siempre

en esta soledad

inmensa, ingenuamente dudé

que fueran mis enemigos.

enemigos

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