Apología de la distorsión

mystic-gallery1La pesada cortina que envuelve la realidad objeto no es un trozo de tela, ontológicamente, inmaculado o atravesado sin mácula. Existe una conglomerado de juicios que divergen ostentosamente del condicionamiento óntico de la realidad. La accesibilidad postmoderna divagará siempre en su complejidad diversificada, pero la realidad inmersa en el devenir temporal es siempre un constructo. La aprehensión de las ciencias sociales y humanas de las dimensiones, concretas y abstractas, de la realidad, deriva siempre en una lógica de observación inmanente al acto humano. Pero lo humano, actualidad y sombra a un mismo tiempo, carece de la previsibilidad y de las condiciones estrictamente necesarias para su observación. El cientificismo caduco nos condujo siempre a la falsedad de la existencia de una realidad metafísicamente elaborada. Por ello, la posibilidad de desobjetivar el materialismo histórico representa, también, un esfuerzo por imbricar el traslape óptico de la metaforización de la cultura. Porque nuestro tiempo, culturalista, ecologista, conservadurista, promulga una pureza intrínseca al terror y pánico a la diferencia. mystic-gallery4

Si el observador, analítico y concienzudo, desmenuza una parte de la realidad para describirla, metódicamente, el promover un arte desobjetivado, inmaterialista y atemporalizado, representa, en principio, una lógica dialéctica que convoca al acto de distorsión. La distorsión asumida como un elemento contaminante, sí, pero contaminante no en el purismo de la tradición sino en el saturado y abigarrado ambiente de la referencialidad. Las referencialidades, las intertextualidades y los poliductos inabarcables de la pastichisidad, inducen siempre a un vestigio que dejo huella y es recubierto, en un intento creativo, de un embalsamamiento estético que renueve los influjos estetiticistas en una lógica salubre, aséptica, inodora y insabora: es decir, la ralización unívoca del proyecto cultural globalista y sus directrices polucionistas y doblemente figuradas (y figurativas).

Entonces desfigurar, desestructurar, desmantelar (no en el sentido derridiano fonologocéntrico) es, mystic-gallery2por sí misma, una tarea e impronta de salvamento cabal del acto creativo, pero creador, en todo caso, de una proliferación inerme e informe de discursos flanqueados por los asideros descompuestos de una putrefacción sociogeneracional. La distorsión, desobjetivante e inmaterialista, absorbe siempre el fenómeno creativo en una retícula hyperdimensional que revoca el contrato verosímil y conquista un estallido semántico ocioso, improductivo, dislocante.  Si con el pensamiento postmoderno vivimos la fractura del ser y del tiempo,  con la desobjetivación materialista histórica estamos frente a la asunción del impoluto designio elemental de una teleología improcedente y raquítica,  que en sus dimensiones de distorsión (método, estructura, signo y significado), accede, como sincopa ideológica, al contenido perecedero, atómicamente intelectualizado, del acto creador.

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