Información, suturación y localización

ojo2La retícula informativa del presente compone tejidos que van movilizando niveles de atención, de audiencias, de intereses. Por una parte existe en la digitalidad global una fértil tendencia a la charlatenería y por otra la compaginación pendular del registro del tiempo y sus hechos en las distintas latitudes del orbe planetario del siglo XXI. El problema en sí estriba en las grandes cadenas de información que ostentan una corporatividad saturante. La información no es conocimiento ni su moneda es otra que el efímero sentido ostensible en su comunicación.

Vivir en un entorno digital saturado, en donde es posible que ocasionalmente haya una dislocación estructural de los contenidos, nos implica considerar las dimensiones de una economía semántica que deriva en prácticas, gustos, hechos compartidos, referencias, símbolos, entre otras formas. En sí la saturación explica la ausencia de proyección generalista pues esta saturación digital nos impele a la fragmentación del mundo y a su circuito epicéntrico. Lo saturado en sus taxonomía está escrito, expresado, comunicado, pero también olvidado, enfrascado en una retícula informativa que demerita la originalidad en aras de una tendenciosidad fastuosa y abigarrada.

La vivencia de lo informativo en su dimensión saturada también define las posibilidades de ojoestructurar, identificar y localizar los nudos semánticos y las redes y tejidos en donde ejercen mayor o menor influencia. Si nos atenemos a una filosofía de las formas digitales, a una virtualidad exacerbada, nos implicamos certeramente en una discusión sobre el ethos anónimo, sobre el acto postmaterialista de la cultura y las ramificaciones sociohistóricas que los argumentos e ideologías vigentes ostentan. Axiológicamente parece que la vida en la red y sus digitalismos nos inducen a un estado de esquizofrenía conductual, siempre que lo que no está en internet no existe, y, por consiguiente, precisa registrarse, guardarse, almacenarse, para socializarse, difundirse y comunicarse. Los hechos trascendentes, entonces, inducen a la vivencia de la época posthistórica de la que habla Sloterdijk, pero también a un posicionamiento, opositor o favorecedor, de las agendas diversas y válidas en nuestros días. Pensar entonces en la construcción de un espacio cultural en la red o de un proyecto creativo, como este que intento, es políticamente incorrecto siempre que no se atiene a agenda alguna. Pero la reflexión y el pensamiento sobre la digitalidad y sus formas, rechaza toda aprehensión ojo3filosófica y es renuente a una exteriorización comunicativa simple y mecánica.

Si la saturación informativa puede formular lagunas, territorios desolados y tendencias proclives a la ignorancia, tal ignorancia no representa en sí un absoluto categórico sino que representa las dimensiones vacías, los huecos y las fisuras de conocer y abordar una metafísica moderna, definida por el progreso o los nacionalismos, puesto que las aristas comunicativas, vinculadas necesariamente con amplias cartografías referenciales, impiden que la construcción discursiva sea generalizada y que más bien se trate de discursos específicos con pesos ideológicos y culturales concretos.

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