Crónica de un fracaso editorial

Este 2016 tenía planeado realizar la edición de mi primera novela. Para eso el año pasado gracias a mi amiga periodista Livia Díaz pude ponerme en contacto con Marcos Merino, editor y director de la empresa editorial de Río Blanco, Veracruz, La Cosa Escrita. En mi comunicación con Marcos quedaron fijas de antemano las condiciones de la edición y me pareció algo bastante positivo ver que él invertiría para que el tiraje fuera mayor, dejando una parte del mismo para mí y otra para él. En mi visión se trataba de crear una empresa cultural a partir de editar en forma de libro mi novela. Desde ese momento comencé a promover, sobre todo en mi blog, una sinopsis del trabajo y realicé un book trailer para emprender una campaña de obtención de recursos. No fue el gran crowfounding pero me permitió conseguir algo de fondos para arrancar los trabajos. Todo iba razonablemente bien, aunque Marcos me había comentado que la impresión se realizaría por su hermana. Los trabajos editoriales transcurrieron con algo de lentitud, advertí, pero no había indicios de que algo “terrible” fuera a ocurrir. De esa forma cuando todo indicaba que ya quedaría listo el libro comenzó la pesadilla.

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Marcos trabajaba con una chica editora, de otra editorial, Sikore, una mujer de nombre Estephani Granda Lamadrid. En las conversaciones que tuvimos Marcos y yo personalmente ella salía a relucir como la co-editora. Se encargó del diseño editorial del libro y sería ella quien lo imprimiría. El tiraje constaría de 1000 ejemplares, 600 para mí y 400 para Marcos. Marcos, de La Cosa Escrita, me dijo que Estephani había duda de la calidad del trabajo y que él había hecho varios esfuerzos para mostrarle que mi novela, con título de registro El Olvidado Imperio Natdzhadarayama, era algo más que una saga del tipo de Crepúsculo. Además la susodicha Estephani colaboró con la importante editorial de poesía Verso Destierro, así que eso le daba un plus a que hubiera aceptado editar mi novela y compartir la empresa. Yo en ningún momento la conocí, ni hablé con ella personalmente. Todo el tiempo la relación fue a través de Marcos.

En junio de este año Marcos esperaba tener listos los libros pero comenzaron a suscitarse una serie de retrasos. Marcos me contó que los libros fueron impresos y que únicamente faltaban los acabados. De buenas a primeras comenzó a parecerme sospechoso que los libros no estuvieran listos. Una tarde, cuando Marcos había ido al DF a ver lo concerniente a los acabados de los libros, por la tarde recibí un mensaje de su parte, donde me avisaba que vendría a la ciudad de Xalapa porque tenía que hablar conmigo. Lo esperé toda la tarde. Llego por la noche, sin haber comido y con malas noticias. Lo poco que supe fue que su co-editora, Estephani, había sido embargada, que había desaparecido y vendido los libros impresos como papel de segunda. No olvido la sensación que tuve cuando imagine 1000 ejemplares de mi novela triturados como papel inservible. Al final Marcos tuvo la decencia de apostarle a otra propuesta editorial o al reembolso definitivo.

Después de intentos más o menos agónicos por sacar adelante el proyecto, Marcos y yo terminamos aceptando las condiciones de un reembolso de su parte, que si bien no está cubierto al 100% ya está en camino. Lo triste, en todo caso, fue que perdí mi empresa productiva este año y que la edición de mi novela se postergó. Pero voy viendo posibilidades de sacarla por otro lado. Al final de cuentas me dije a mí mismo, era demasiado bueno para ser verdad. Cuando menos me sirve de experiencia y aprendizaje.

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Lisonja culturalmente en masa

Las pantallas impregnan

su aura en los rincones,

que de polvo y sexo,

nombran vida el cautiverio.

Toneladas de carne viva

son amantes

y los tipos cursis

amalgaman fortunas

en discotecas berlinenses.

Pero un día eso será el fastidio

de las masas nutrientes de la barbarie.

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Muletilla de un desfalco psíquico espasmódico

Entonces la reiteración

fabrica torpezas

del corazón corteza

ramificación espiritual,

falange de mutismo, tronco

mitad del encierro mental.

Ruinas ideológicas como arquetipos,

dentada imagen, ser estancia

del estar: existencia

tumefacta cicatriz de una libreria de viejo.

Respaldo el arco preciso

de hojas y cartografías. Languidez

escueta, memoria turbia,

alquitranado saco de mentiras.

Muletilla

si redundancia

pleonasmo galopante

versificador del tiento,

mudo, ese que marcha

con el sombrero gris

a la tumba de las editoriales.

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Archivar los espejos

Todo dice —nombre,forma—

contiendas del ser. Ego

roto el inmenso mapa

del desencanto, furia, si vocal,

torrente si imagen, río descolgado

en las persianas de madera, de humo

afluente. Sobre la silla, vieja de relatos,

inmensas cúspides reducen a un soplo

la narrativa de la suciedad —ropa en desorden—.

Cuando cae el silencio, como estrella fugas en la noche,

cae en la brisa del estar

la molienda de lenguajes extraviados y muertos.

Así por doquiera los reflejos inducen a creer en otras

pantallas, como itinerario improvisado

en el viaje polvoso de las páginas de la existencia.

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Diagnóstico

Severa crisis
del ser nombre vacuo,
figurín de polvo
es tu silencio,
una hondura
cubierta de flamas
viles por inocencias rotas.
Consumada la diáspora
del lenguaje, mutación
invertebrada del universo,
severa crisis cristalizas
el ánimo de vomitar injurias.
Perdona vida, realidad perdona,
el sino estéril de esta vocal,
torpeza cierta, si calambre del corazón
también resquemor de fracasos,
saco despabilado de mutismo.
Severa crisis
columpio al éter sombrío
la lengua ancha de tu adherir
los días al remanso turbio
de las palabras, mitades de silencio
este capital desierto,
de la calle las luces ensordecen el instante.

 

diagnostico

El big bang monetario

Tronamos el presente

igual que escupimos

rostros a la esencia

del abismo poético.

Sueños nos endulzan

el tren amargo del ser

porque en la cima,

que es el aturdimiento,

florecen los verbos derrotados.

Desfiguramos caricias

con la manopla oxidada

del desprecio a nosotros mismos,

porque fuimos un manantial de dicha

cuando en el fondo se nutría

nuestra desazón por vivir en el pecado.

Fluye dentro del silencio

el magma estéril que corrompe

juventudes: capitalismo siempre

desde hace siglos, la vocal tensa

del decurso humano, falacias.

Dios vino al mundo para decirnos

ustedes no merecen la justicia de los cielos.

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Ataque al teclado

Sí, por eso me escondo, solitario, inmerso en una nulidad, luminosidad, esperpento, torrente. Este fastidio de intuirme comulga en el trance ignoto de seberlos. Rompecabezas de silencios, alientos entrecortados, pulsasión de recuerdos frustrantes, esmalte y resina en la pátina del dolor. Todos estos años aquí, absorto, abyecto, absuelto, absorbente, en el tufo roído que es mi nombre.

Esconde por si acaso las lenguas vacuas del sentido, porque mi semántica carece de emblema, porque carezco de la etnografía pertinente a la destrucción del presente. Desde un pasado quebradizo arremeto contra los fulgores de la iluminación. Entonces mis libros son un montículo de vapores de otras vidas que subyacen a la monotonía del instante.

Camino los deteriorados momentos del estar, conspicuo me embalsama el árbol de la existencia. Dentro de mí yacen las momias metafóricas, blandengues y oscurecidas por la irradiación histórica del humanismo español. Evoco sin querer al arbusto torpe que fuera injerto en la biblioteca de Alejandría, porque entre las calles del ahora y las luces del ahora y la ceguera del ahora todo es un ramillete de insufribles compaginaciones algorítmicas.

muchedumbre

Escritura reflejo mareo

Erguir con los días

la pluma,

alzar las ideas,

cumplir

condena

como de silencios

marea

la circunstancia

nombre.

Ninguna estrella

es grafía:

ser pieza

contra reloj

meta designio

ramal inmenso

el asombro.

Torcedura del alma,

esbelto maremoto letrado,

invocación, ánima y mundo,

mapa de la cosmografía

inserta en una página rota.

Blanco su enigma

lenguaje

este castillo de metal.

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Por eso parte

Desdice montículos en páginas

esa conquista, cicatriz, reflujo

e insomnio, que es la derrota.

Si como cielo azul, pintada la boca

de nostalgia, esgrime una vista

de fugaz acento el columpio oxidado

sigue pasajes de parques

existencia misma, quebranto,

miel de otoño, la pinta rubricada del agua:

cristal preñado de vaho, lontananza de silencio.

Aquí hubo tiempo y ternura,

hoy nariz de cirugía y poltrona de crisis,

pero hay fracasos hoy

como ramillete de novia pobre

y el arroz, vuelo y platillo, no está cocido

está quemado por los siglos de los siglos.

por-eso-parte

Vengo

Quebrado en esquirlas mi espíritu palidece, mengua mi afán, mi terquedad. Con el rumbo extraviado, en sí extravío sin forma, mi presente es un periplo roto entre vuelcos de papeles y cigarrillos. Heme aquí, un mes ha que escribí, mas no dejo de saber que me extingo, que se extingue en mí el impulso. Dudo de tener un derrotero cierto y seguro. Dudo de mis creaciones. Dudo de mi blog. Dudo de mis ideas, de mis pensamientos. El problema no es dudar, es frenar. Y frené, rotundo, porque languideció mi ánimo y porque mi espíritu aguardaba otro desenlace.

Estuve de viaje por Quito, presentando un ponencia en un congreso internacional de Historia. Dudo, como dije, de editar mi novela, de sacar a la luz mis creaciones. Ayer un joven escritor, de aquí de Xalapa, ganó el premio Herralde de novela y yo me sé insignificante, me asumo así. No importan los títulos nobiliarios ni los galardones ¿por qué entonces, remilgoso y raquítico, me embauca la desazón y me siento un abandono nuevo en mi lista de abandonos?

Dejé de leer también. Me sumí en una depresión rotunda, equiparable a la crisis que vive Veracruz, el estado donde vivo y donde el último gobernador, ahora prófugo de la justicia, vacío las arcas como nunca antes nadie lo había hecho. ¿Importa en algo que un joven mexicano averigüe el significado y conocimiento americano sobre Ignacio de Luzán? Pienso que no debería remitirme más a una obsesa minificción teorético-literaria. Pienso que el blog iba jalando, pienso que todo yo colapse con el fracaso de la edición de mi novela, es más pienso que no debía tomarlo tan a pecho. Pero la depresión es así, fulmina.

Al final no sé qué tanto futuro pueda tener mantener este sitio si al final de cuentas deseo ingresar a un posgrado becado, lo cual me impediría dedicar tiempo a mis explayes poéticos y literarios.
Ya iremos viendo, quizá en el futuro algo se aparezca, aunque lo dudo.

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