Rómulo Pardo Urías escribe

Lo difícil no es perder a tu audiencia sino volver

Meses sin escribir, sufriendo, deprimido. Ahora en crisis, tremendo. ¿Olvido tan pronto lo que me alimenta? No puedo vivir sin escribir, no por eso seré escritor. Y pienso en los textos que emergen de mis adentros, ahora con una trayectoria mucho más lúcida, no por eso más madura. No importa el hecho del reconocimiento social, aunque en ocasiones es importante socializar los hechos. Al final de cuentas aquí estoy, y el mundo, allá, yo distante, él en crisis.

Vuelvo con un torrente torpe, torcido, de mi ser y estar en el mundo, de mi participar, de mi contender por un puesto en la pelea de la vida. Muero hoy también, vivo, lloro, me revuelco, pierdo, no sé, es un espasmo el recuerdo de mi formación.

En noviembre recogí un certificado mío de cuando estudié antropología y no pude evitar recordar lo que me hizo dejar de estudiarla. Y como ahora pretender meter mis papeles a un reconocido doctorado no pude sino sentir el peso de los años. Es una doble cuchilla la que vivo: la de ser un simple licenciado, sin puesto ni plaza ni sueldo, la de ser un joven creativo fuera de las circuitos oficiales. Tienes talento me dicen. ¿De qué sirve tener este blog? Dudo mucho que no sea más que una forma catártica de obsoletas proporciones. No es que m perezca increíble que haya jóvenes talentos multipremiados, multiaclamados, multicitados y traducidos. Yo no figuro, no soy, no estoy, no pertenezco. ¿Lo he intentado?

Y como este escupitajo gramático me impone la ardua precisión de establecer una pauta, ¿tengo futuro? No es un desaliento, no es una situación revolvente, no es sólo la posibilidad del fracaso. Es todo eso y lo que resta de mi existencia. Quizá debería abandonar las letras, no sirvo para expresar la belleza, los sentimientos, la pesadumbre, el amor, el odio, la muerte, la divinidad, para sentir tampoco sirvo metido en dinámicas sociopatas absolutas. Soy un fumador y como tal, una clase en peligro de extinción que se mata a sí misma. Perdí, pierdo el fondo, la superficie y el tacto. Todos moriremos, ¿todos seremos alguien en el mundo? Es también ser el entrometido de la historia. Si hubiera dedicado mi juventud a las artes marciales quizá hubiera sido distinto. Pero ya no sé cómo traducir el mundo, ni mis sensaciones. Absorto estoy, pero vuelvo aquí. Perdonen el vómito.

 

egopaticamente

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