Pecador

No fui un buen pariente,

un buen amante

ni un buen amigo.

No fui un buen hombre

ni fui un buen ciudadano.

Fui un ruido.

Los pecadores

no podemos ser capitalistas.

pecador

Confessing the psycotic reverb

Endless meaning

our time

shadow arising

ocean of deep rose lights.

Inner composition

inside us

flaming us

running us

heading us

to nowhere

where we build

love and hate.

Unloved and gifts

sent by God for a while

sinner tongue

sinner flesh

sinner vowel

our name and body

s

s

s

is not a kind of being

is all what we can keep now:

a piece of heart called solitude.

cocoon

Lectura en el ahora: La modernidad de lo barroco de Bolivar Echeverría

Una tarde noche de otoño del año 2000 caminaba por una de las recientes construidas edificaciones de la aquella ascendente y alternativa Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo en la ahora Ciudad de México, cuando enfrente de mí quedaron presentes un grupo de libros  del pensamiento contemporáneo en oferta. Eran ediciones españolas de Altaya, pero sin tener la más mínima consciencia de nada adquirí La condición postmoderna de Lyotard. La leí años después, para un trabajo de literatura y artes mexicanas en algo desembocado en un viaje a La Habana. Modernidad es el punto. en 2001 cursé una clase de epistemología de las ciencias sociales y obligadamente leímos el libro editado por Gedisa El final de los grandes proyectos, vaticinio de los ecos postmodernos en la discursividad humana. Para ese momento Enrique Dussel ya había publicado en La colonialidad del saber su estupendo ensayo sobre eurocentrismo y modernidad, aunque mis vestigios, torpes en muchas dimensiones, me condujeran a él mucho tiempo después, cuando leía La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies por allá del 2007 o 2008. De 1998 es la edición de Bolivar Echeverría que ahora he leído, la cual remite a este andar, ya desfasado y anacrónico, de mis pesquisas en las modernidades. No es una casualidad garante de fertilidad filosófica la que me induce a redundar en esta obra maestra del pensamiento transitivo al siglo XXI, puesto que su profundidad y urgencia explicativa, conducen invariablemente a los siglos XVI y XVII. No es gratuito tampoco que si en el pensamiento de Ignacio de Luzán no hay lugar para Sor Juana Inés de la Cruz, en el pensamiento mexicano, donde Sor Juana es Reina, no haya lugar para Luzán. Si asumir cuatro ethos históricos de la modernidad mexicana, barroco, clásico, romántico y realista, impele a revocar los síntomas axiológicos y materiales de la modernidad capitalista, también remite a un ejercicio demostrativo amplio y específico, donde se preve la transmodernidad de Dussel: para Echeverría la primera modernidad, esa que oscila del postridentismo, la contra reforma y la compañía de Jesús, como conglomerado de prácticas (intelectuales y económicas), que dotan de fisonomía el largo siglo XVII. Y así también remite a una conducta de mestizaje, de mezcla. La modernidad barroca no requiere de una representación ni de un referente real, sino que se desnuda en la alegoría, el adorno y el exceso, donde el remanso del atiborraje y el silencio bullicioso, recomponen la dimensión estética y artística, a expensas de la ruta religiosa y del rito católico. Echeverría consigue radiografiar los lindes de formulaciones histórico-culturales definitorias de una elaboración social propia, identidad y símbolo, construcción y recurso, ¿latinoamericano? mexicano, seguro. Lo impropio de mi reseña es que ya la modernidad parece un ethos transitorio que por mas que se reflexiona no conduce a ninguna parte. Al final de cuentas naufrago en lecturas que me invocan un pathos, el mío, ya fuera de sitio, en el acomodo laberíntico del cosmos humano.

 

bolivarecheverria_modernidadbarroco

Fósil

Ya no miro al cielo

para no ver estrellas

y no pedir deseos.

Miro al piso, sometido,

subyugado, absorto por

las determinaciones sociales

de un mundo corrompido.

Ya no sueño, ya no canto,

ni compongo armonías,

soy un ladrillo más,

un papel de baño usado,

soy el escupitajo de un narco

a su víctima, soy el desgano vital

de los sentenciados.

Aquí,

donde escribo los vestigios

de la más honda tristeza,

recalco la desolación

del castigo de nacer.

esclavo

Ahí era toda la eternidad 

Podría dejar de recordar

si tu ausencia no fuera

el recuerdo de nuestro baile.

Bailé como nadie. Perdí.

Llevo quince años con eso

dentro.

Enloquecí y ni me atrevo

a pedir perdón 

a los hombres.

No importa si entregas el alma

ni interesa al mundo del silencio

la dimensión de un ser que se desvencija.

Perder los años compone

una oscilación de lo que no fue.

Tú, para mí, por ejemplo.

Y me delata sentir culpa y vergüenza 

como quedar fuera del tiempo.

No importa si entregas tu alma.

La vida es dura y no importa.

Siempre hay alguien 

detrás de lo mejor

y hay alguien pertrechado en los rincones

del olvido quebrado que somos tú y yo

bailando hace 15 primaveras.

Debía ser distinto el camino,

el andar, el trayecto.

La escena cambia

pero no el personaje.

Soy todo un árbol podrido

de envidia y rencor

siempre así 

golpeado 

por un impacto inexistente.

Imagen de Azamat Méndez Suárez

Lectura en el ahora: Naciones y nacionalismos de Ernest Gellner

Decididamente estoy intentado construir un andamio intelectual para mi proyecto de investigación en cierto posgrado, aunque con certeza mi indisciplina vigente no es más que una esfumada silueta rotunda de la crisis que vivo. Y si pensar lo nacional —hoy postnacionalizado— implica intuir una modificación completa en los hábitos identitarios, económicos, políticos y empresariales, la lectura de Gellner remite con nitidez a un programa antropológico —por étnico y cultural— de análisis nacionalista. No es extraño que en 1983 se editara una obra como esta, pero si lo es que llegara a México hasta 1999, para no dejar de lado las inclinaciones editoriales que amalgaman las capas y los tejidos ideológicos, para mostrar como novedad algo que, en realidad, ya ha sido discutido y comentado hasta el agotamiento. No obstante, la propuesta de Gellner enfatiza claramente un postulado importante respecto al nacionalismo: la interconexión entre la cultura, el estado y la educación, como un trinomio de las sociedades industriales, que configuran y enlazan los aspectos principales de la modernidad nacional. En la medida que se trata de establecer una cultura homogénea, aun fincada en tradiciones —históricas y literarias—, en tanto refiere a la composición de un territorio definido y estable en su denominación de Estado, en tanto se trata de la posibilidad social, y sociológica, de generar especialistas a partir de una especialización común —para el autor el alfabetismo—, la nación engloba estas dimensiones como sus elementos intrínsecos, aunque el nacionalismo y lo nacional no remita a una forma de organización social natural. Resaltan también los comentarios anti-marxistas de Gellner, que nos hablan de que su lectura de Weber es más un lugar común en la fundamentación constructiva del análisis del capitalismo occidental, que de una posición crítica del mismo, aunque deberíamos sopesar el momento histórico del marxismo occidental, en la década de los 80’s en Inglaterra, aunque ahora nos resulte inútil evocar un librito adquirido de Perry Anderson. No es gratuita la conjugación del análisis antropológico y sociológico que Gellner materializa, al cristalizar una óptica que ofrece algunos ejemplos, aunque su planteamiento sea más bien teórico. Sin lugar a dudas, la reflexión nacionalista de finales del siglo XX debió encontrar en trabajos como este —descartando que el mismo 1983 se publico el libro de Benedict Anderson Comunidades imaginadas Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo— debieron nutrir una fase intelectual controversial, si no olvidamos la caída del muro de Berlín en 1989 y el proceso neoliberal de globalización y trasnacionalización, que configura, con el pitido ejemplo de la Comunidad Europea (aunque no tengo esta certeza), un escenario político, ideológico, económico y cultural, que quizá en este momento post-histórico (aunque ya he olvidado la lectura de Sloterdijk) se encuentra en vías de extinción, transformación o radicalización.

ernestgellner-nacionesynacionalismos

Translating the mute instinct

Suddenly a rising speech

developed inside me

one stepping way of being.

Without any sense

I build the skyscraper

called my shadow along the distance

of our tongues and I think we are lost

any time of the season that remains.

Unsense this called verse

a single word

regretting the pass of solid continents

above the selfish flesh of sorrow.

One truly love is dying around the corner

because I seek tits and bodies

either hope and bless. So on

I drove my mute instinct to shut down

my mind, anywhere I’ve been

I’ve made a kind of friend:

this solitude is just the ending phrase

into the landscape named my self shouted

to the universe.

duo

 

 

Historicidades

Este siempre nunca

llamado nosotros,

nunca beso,

siempre silencio,

ronca inserto

en eternidades

de alfabetos.

siemprenunca

Recordar la no instancia

Soltura el anhelo

cobija de luz

la cicatriz

emblema

instituido roce

como de galaxias

tiempo. Añoranza

esperar si los amigos no existen

si perdonar es cansancio

como silueta negra

al medio día eterno.

Cada vez que emerge

la costa del lenguaje

pérdida si alcantarilla de versos

la marea-enigma

de universos retorcidos

cosmogonía silente

si acaso horizonte iluminado

perplejidad ocaso si ramo

de imágenes inconexas.

Prófuga instancia

decir de los rincones

la faz tremenda del abismo

que es un nosotros ciego

perdido, si mitad de voz

hoz y camino, si dolor

tedio y espanto, porque

existir evoca, tronando,

la esfera del sol y los instantes.

recordarlanoinstancia

Lectura en el ahora: El discurso filosófico de la modernidad de Jürgen Habermas

Terminé de leer este impresionante trabajo de Habermas, inquieto por diversas razones. En principio el tema de la modernidad como una categoría de apertura del mundo refiere con nitidez a un conjunto de hábitos, pensamientos, normas y patrones conductuales. ¿Hice mal en leer primero a Lyotard y La condición postmoderna? Sería el momento de refrascarme en esa lectura para contrastar el meollo del planteamiento habermasiano. Como siempre voy algunos pasos atrás de los debates contemporáneos. Pero desde mis escasas incursiones en el estructuralismo distinguí hace tiempo un cierto afán a-histórico en los complejos ideológicos y analíticos estructurales de primer cuño. Quizá el único planteamiento estructuralismo que recuerdo con esbozos y argumentos históricos es el de Leví-Strauss. Pero Habermas ataca con claridad ciertos planteamientos antropológicos. No olvidemos, entonces, que la antropología poseedora fue quizá la primera disciplina en categorizarse como tal. En el peor de los escenarios, el mío, no hay elementos para sanar el debate entre postmodernidad y modernidad. De lo que no cabe duda es que se trata de un epicentro mas de las modas interpretativas occidentales sobre los cimientos de su cultura. El año de edición original en Frankfurt es de 1985, la primera edición en español de 2008 con una reimpresión en 2012. ¿No es algo tarde para México leer a Habermas casi 30 años después? Existe un capitalismo intelectual e ideológico y en las esferas del mercado de las ideas y de los modelos interpretativos no caben la sincronicidad global, el presente totalizado.

Los planteamientos de Habermas me parecen muy claros, con un riguroso sistema crítico, asumiendo una postura política frente a la crítica de la razón de la modernidad. Se distingue una lectura completa, fina y pulimentada, de los autores que comenta, contra argumenta y discute. Su ejercicio filosófico se moviliza completo y franco. No es sólo quizá la filosofía del lenguaje la que ahuyenta a ciertos lectores de los planteamientos de Habermas. Es también su cuestionamiento de las “novedades académicas”. El juego de los sistemas comunicativos y de interpretación de la realidad humana no escapa en absoluto de la la lógica del mercado. La modernidad no ha concluido, se ha fragmentado, particularizado. De ahí que las modas no dejen de tener sentido, comercial, ideológico y cultural, en mí opinión.

Leí a Habermas porque un querido amigo me recomienda libros que él lee. Ya con este van tres que he leído de su cosecha, incluyendo el acercamiento de Sloterdijk al capitalismo global y el proceso de la cultura y la modernidad de Josep Pico. Mi deuda no se remite a otra cosa que a un compañerismo. En un mundo donde todos leen a Foucault, a Derrida y a Heidegger, lee a Habermas. No es extraño, entonces, que este comentario desvariado resignifique la constante búsqueda de un universo expresivo y sus raíces nutrientes. Leer a Habermas siempre ha sido muy grato para mí, aunque no conozca mucho de su producción. Es impactante distinguir su pulimentada maquinaria analítica, pero sobre todo su compromiso intelectual en dos sentidos: en la lectura atenta de sus contemporáneos, para ejercer su crítica, y en el crucial de papel de interpelador de la escuela neo-estructuralista.

Siempre habrá quién esté a favor y en contra, siempre habrá debates. Quizá los hechos recientes, con la subida de Trump al poder, no pueda sino hacer remarcable el hecho del retrocedimiento a un dogmatismo racial sui generis y absolutamente envuelto en un misticismo supremacista. El efecto de leer un trabajo de 1985 tres décadas después no debe impedir comprender que la maquinaria de producción intelectual, de un hombre, en su obra, y de una sociedad, en su mercado editorial, pierda su sentido como eslabón fértil en vías de conquistar un conductismo comunicativo dialógico.

 

habermas_discursofilosofico_modernidad_2008

Irreverencia poética 17.1

irreverenciapoetica17-1

Luzanista: la cruenta historicidad de una crisis epistemológico-psicótica

habermas_cabecera_gardeniasEl conocimiento sobre Ignacio de Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea es una particularidad literaria y cultural del siglo XVIII en el contexto español. en 2007 o 2008, mientras cursaba estudios de lengua y literatura hispánica en la Universidad Veracruzana encontré en la biblioteca de la Ex-Unidad de Humanidades la doble re-edición del principal trabajo de Luzán: La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies 1737-1789 en la versión editada por Cátedra en 1973 o 1974 con el prologo de Isabel M. Cid de Sirgado. Por aquel entonces postergaba, como lo hago ahora, la reflexividad propia del pensamiento postmoderno y la crítica habermasiana del neoestructuralismo. En cambio había publicado algunos poemas en la antología Hasta agotar la existencia 3, magnífica compilación realizada por Aldo Alba en editorial Resistencia. También había estado en La Habana, presentando un trabajo escueto, simplista e historiscista sobre la narrativa que tildé de erótica de Alberto Ruy Sánchez. Trabaja arduamente con Héctor Miguel Sánchez en la elaboración de la revista electrónica Contra Réplica, aunque fue más un trabajo de este ahora desaparecido amigo de aquel 2008. En el verano de 2007 fui de paseo a Sudamérica: Santiago, Buenos Aires, Montevideo, todo en un mes. Ahí coincidí con Rafael Toriz no sé muy bien de qué forma. Conversamos sobre literatura y aunque no fue un encuentro extraordinario, sino más bien algo simple, se trató de una estable y lineal confirmación de alejarme del renombrado autor xalapeño por razones personales, más que creativas. Además de eso reiniciaba un periodo de consumo de alcohol y substancias, a sabiendas de mi proclividad a la psicosis, el desorden mental y la esquizofrenia derivada de esta situación. Sin entrar en más detalles, aquel verano (invierno sudaca) me tocó atestiguar en Córdoba, Argentina, la visión de la mujer fantasma, que no es Dariana, que me persigue hasta hoy. La inestabilidad era por todas partes un síntoma fértil de mi recaída y de mi adorado reflejo de un cierto clamor literario (mínima realización del mismo diría yo actualmente).

luzanyluzan1

De un momento para otro, sin echar mano de la cronología, nos vimos en la empresa catalítica de realizar nuestra investigación de tesis aquellos miembros de la primera generación del MEIF en la Facultad de Letras Españolas. Mi terquedad, empecinamiento e inmadurez me hizo balbucear en mis cursos de investigación que quería hacer un trabajo sobre algo referente a Luzán. Ahí empezó la doble debacle. Ni había leído a Luzán, ni sabía como hacer una tesis como la que me proponía y mucho menos estaba preparado, y en condiciones psíquicas y emocionales, para realizar ese esfuerzo. En ese momento fueron más las insuflas que la concreción real de una investigación tangible. Y escribí una reflexión sobre las vicisitudes de una crisis epistemológica, que más allá de la ontología cartesiana se me había revelado como una indescifrable pregunta y cuestionamiento: ¿porqué existe una poética escrita por Ignacio de Luzán y cuáles son los motivos de qué se encuentre un ejemplar de ella en Humanidades? Entonces comenzó mi fracaso en la Facultad de Letras, y sin pies ni cabeza en mi vida, con la premura de concluir los estudios y sin la más mínima idea de cómo entrarle a ese tema, claudiqué de los estudios literarios. En 2009 edité con la ahora editorial Fenix mi cuaderno de poesía Reuniones del Milenio que Termina donde mi estimado amigo Juan Ángel Torres Rechy contribuyo con un estudio preliminar, cuando recién iniciaba su periplo hispánico en Salamanca para desarrollar estudios de filología. Mi cuadernillo fue una experiencia tremenda por muchas razones. Lo importante ahora es distinguir esa crisis epistemológica, esa crisis del conocimiento, que tuve cuando me encontré con Luzán. No solo se trataba de comprender el pensamiento del siglo XVIII, sino de asumir una postura histórica. Todo el tiempo me pregunté si ese trabajo había llegado en un contexto más cercano al de la edición original a tierras novohispanas y bajo qué condiciones. No lo tuve claro muchos años después. rmqt2009Pero distinguí  mi pasión por la historia y reafirmé mi interés en los temas culturales. No lograba entender cómo Luzán, que hablaba de ciencias y artes, de cultura, de filosofía moral, pasará inadvertido en el ámbito académico. Y todo fue peor una vez que noté que en la Facultad de Letras no se estudiaba el siglo XVIII. Todo fue luzanista: la lectura, la crisis, la magnitud del desorden, el abigarramiento de la erudición (para Pedro Henríquez Ureña indigesta). Los años transcurrieron y después de muchas crisis en 2010 me rehabilité. Desde entonces mi vida tiene otro sentido. Realicé mi tesis de licenciatura sobre un tema relativo a Luzán y su recepción por los criollos novohispanos en el Diario de México entre 1805 y 1812. Al final pude obtener gran cantidad de fuentes y trabajos sobre el autor aragonés, que hace 300 años iría a instruirse a Italia. No soy un especialista ni tampoco un absoluto conocedor de la obra y el pensamiento de Luzán, pero leerlo cambio mi vida y mi forma de pensar el mundo, la palabra, la creación.