Luzanista: la cruenta historicidad de una crisis epistemológico-psicótica

habermas_cabecera_gardeniasEl conocimiento sobre Ignacio de Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea es una particularidad literaria y cultural del siglo XVIII en el contexto español. en 2007 o 2008, mientras cursaba estudios de lengua y literatura hispánica en la Universidad Veracruzana encontré en la biblioteca de la Ex-Unidad de Humanidades la doble re-edición del principal trabajo de Luzán: La poética o reglas de la poesía en general y de sus principales especies 1737-1789 en la versión editada por Cátedra en 1973 o 1974 con el prologo de Isabel M. Cid de Sirgado. Por aquel entonces postergaba, como lo hago ahora, la reflexividad propia del pensamiento postmoderno y la crítica habermasiana del neoestructuralismo. En cambio había publicado algunos poemas en la antología Hasta agotar la existencia 3, magnífica compilación realizada por Aldo Alba en editorial Resistencia. También había estado en La Habana, presentando un trabajo escueto, simplista e historiscista sobre la narrativa que tildé de erótica de Alberto Ruy Sánchez. Trabaja arduamente con Héctor Miguel Sánchez en la elaboración de la revista electrónica Contra Réplica, aunque fue más un trabajo de este ahora desaparecido amigo de aquel 2008. En el verano de 2007 fui de paseo a Sudamérica: Santiago, Buenos Aires, Montevideo, todo en un mes. Ahí coincidí con Rafael Toriz no sé muy bien de qué forma. Conversamos sobre literatura y aunque no fue un encuentro extraordinario, sino más bien algo simple, se trató de una estable y lineal confirmación de alejarme del renombrado autor xalapeño por razones personales, más que creativas. Además de eso reiniciaba un periodo de consumo de alcohol y substancias, a sabiendas de mi proclividad a la psicosis, el desorden mental y la esquizofrenia derivada de esta situación. Sin entrar en más detalles, aquel verano (invierno sudaca) me tocó atestiguar en Córdoba, Argentina, la visión de la mujer fantasma, que no es Dariana, que me persigue hasta hoy. La inestabilidad era por todas partes un síntoma fértil de mi recaída y de mi adorado reflejo de un cierto clamor literario (mínima realización del mismo diría yo actualmente).

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De un momento para otro, sin echar mano de la cronología, nos vimos en la empresa catalítica de realizar nuestra investigación de tesis aquellos miembros de la primera generación del MEIF en la Facultad de Letras Españolas. Mi terquedad, empecinamiento e inmadurez me hizo balbucear en mis cursos de investigación que quería hacer un trabajo sobre algo referente a Luzán. Ahí empezó la doble debacle. Ni había leído a Luzán, ni sabía como hacer una tesis como la que me proponía y mucho menos estaba preparado, y en condiciones psíquicas y emocionales, para realizar ese esfuerzo. En ese momento fueron más las insuflas que la concreción real de una investigación tangible. Y escribí una reflexión sobre las vicisitudes de una crisis epistemológica, que más allá de la ontología cartesiana se me había revelado como una indescifrable pregunta y cuestionamiento: ¿porqué existe una poética escrita por Ignacio de Luzán y cuáles son los motivos de qué se encuentre un ejemplar de ella en Humanidades? Entonces comenzó mi fracaso en la Facultad de Letras, y sin pies ni cabeza en mi vida, con la premura de concluir los estudios y sin la más mínima idea de cómo entrarle a ese tema, claudiqué de los estudios literarios. En 2009 edité con la ahora editorial Fenix mi cuaderno de poesía Reuniones del Milenio que Termina donde mi estimado amigo Juan Ángel Torres Rechy contribuyo con un estudio preliminar, cuando recién iniciaba su periplo hispánico en Salamanca para desarrollar estudios de filología. Mi cuadernillo fue una experiencia tremenda por muchas razones. Lo importante ahora es distinguir esa crisis epistemológica, esa crisis del conocimiento, que tuve cuando me encontré con Luzán. No solo se trataba de comprender el pensamiento del siglo XVIII, sino de asumir una postura histórica. Todo el tiempo me pregunté si ese trabajo había llegado en un contexto más cercano al de la edición original a tierras novohispanas y bajo qué condiciones. No lo tuve claro muchos años después. rmqt2009Pero distinguí  mi pasión por la historia y reafirmé mi interés en los temas culturales. No lograba entender cómo Luzán, que hablaba de ciencias y artes, de cultura, de filosofía moral, pasará inadvertido en el ámbito académico. Y todo fue peor una vez que noté que en la Facultad de Letras no se estudiaba el siglo XVIII. Todo fue luzanista: la lectura, la crisis, la magnitud del desorden, el abigarramiento de la erudición (para Pedro Henríquez Ureña indigesta). Los años transcurrieron y después de muchas crisis en 2010 me rehabilité. Desde entonces mi vida tiene otro sentido. Realicé mi tesis de licenciatura sobre un tema relativo a Luzán y su recepción por los criollos novohispanos en el Diario de México entre 1805 y 1812. Al final pude obtener gran cantidad de fuentes y trabajos sobre el autor aragonés, que hace 300 años iría a instruirse a Italia. No soy un especialista ni tampoco un absoluto conocedor de la obra y el pensamiento de Luzán, pero leerlo cambio mi vida y mi forma de pensar el mundo, la palabra, la creación.

 

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