Pornografía, drogadicción y esquizofrenia

Apenas unos días atrás un amigo de Facebook comentaba, vicios privados y virtudes públicas, respecto a una publicación mía. Pero yo tengo 7 años publicando mis vicios, mucho más tiempo, ejerciéndolos. También tengo virtudes, no interesa mucho la evidencia. La construcción psíquica es quizá un tema de lo más fascinante. La cognición es otra de las grandes preguntas que me asaltan. La vivencia de la pornografía, la drogadicción y la esquizofrenia, son elementos de mi vida como parte de una clase media xalapeña, como parte de un mundo influenciado por la psicodelia, por la “liberación sexual“, pero también por el subdesarrollo, mediado por la actitud machista, alcohólica y temeraria, en México.

Cuando tenía 16 años viajé al mundial de soccer en Francia. En 2002 volví a ese evento global en Corea y Japón. En ambos casos no me fue extraño el comportamiento machista y alcohólico de mis compatriotas. Y la iniciación al fetichismo sexual de lo femenina fue también por mexicanos con una intencionalidad bastante absurda. Y no olvido mi época de deportista alcohólico, adolescente y siempre fuera de las tendencias de moda, escuchando rock argentino como Sui Generis o Fito Páez o Los abuelos de la Nada, pero también saturado por la multiplicidad de exigencias en el mundo en que crecí. Las drogas me vienen también por esos descuidos de las generaciones precedentes a la mía en mi núcleo familiar, por haber crecido en una farmacia y robar constantemente medicamentos con sabores agradables como el extinto jarabe de rábano yodado, las botellitas de alcohol y diversos tipos de vitamina. Mis padres siempre estuvieron trabajando para darme “lo mejor” y cuando murió mi madre, en el año 2000, me derrumbé.

Pero volviendo al hecho de 1998 en Francia, uno de los acompañantes de viaje me quiso invitar a tener relaciones con una prostituta en Amsterdam, para iniciarme. Yo desistí de la oferta porque quería que mi primera vez fuera con mi novia de aquel entonces. Pero el porno y el consumo de substancias para evadir la realidad fueron una constante en mi crecimiento. No es extraño entonces que derivada de una crisis de identidad y de abuso de drogas haya desarrollado un tipo de enfermedad mental. incluso ahora en Facebook el neurólogo que me atiendo por primera vez en 2002 me tiene en sus contactos. Extraño pero cierto, la construcción de la psique depende de un ambiente nutricio, apropiado y eso sí, comprensivo más que vigilante y amoroso más que represivo. Cuando salí de la prepa en el 2000 mi teoría social estaba cifrada por la interiorización de la represividad en el individuo: la mejor forma de reprimir a alguien es enseñándole a reprimirse. No en balde mis intentos por alcanzar un estado de libertad fueron vanos, a pesar de leer a Erich Fromm y su Miedo a la libertad, a pesar de explayarme a una falsa psicodelia de principios de milenio, a pesar de contar con una educación privada y una condición “social” de bienestar. ¿Y todo es una rebeldía en tono de berrinche porque murió mi madre?

Del discurso pornografía me hubiera gustado hacer algo más que mis intentos de pornopoiesis. Me hubiera gustado escribir un libro, pero ya hay mucho de eso. La drogadicción es posible superarla, con esfuerzo y constancia. La esquizofrenia queda como registro y huella de mi pasado cercano.

Vivo medicado, asisto a terapias, incluso para mí escribir es traducir mi interior en una forma que me sea asequible. Vicios públicos y virtudes privadas, me parece más bien Ángel. No tuve educación religiosa, nunca me he confesado ni he comulgado ni creo llegar a hacerlo. Si el catolicismo mexicano fue revolucionario en 1810, hoy me parece la forma más rancia de contención y represión social.

Pornografía no es sinónimo de educación sexual, drogadicción no es sinónimo de expansión psicológica, esquizofrenia no es sinónimo de disfuncionalismo social. También tengo enemigos, también hay personas que me detestan, hay personas que no se tocan el corazón para dañarme. Para ustedes, queridos enemigos, aquí está mi vestigio. Pero mi corazón, roto ya hace 15 años, sigue introduciéndose en esta pesadilla de la mujer desconocida.

 

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