Pisando

Sin extravíos

perderse

en el camino,

atisbo

siempre

certeza

el paso.

Dar habla

a los actos

soplar

esperanza

de vida.

Contrario al vuelo

el paso

pisando

los rincones

de un presente

memorable.

Gracias San Cristobal, gracias Naufragio

Presentamos ayer El olvidado imperio Natdzhadarayama en la cervecería Naufragio en San Cristobal de las Casas. La presentación fue cálida, emotiva e íntima. Se reunieron algo más de 15 personas en el local cervecero, donde leí el texto que a continuación presento:

El público de la presentación en San Cristobal, en la cervecería Naufragio.

Caracterizando Naztdzhadarayama

 

Confesaré ante ustedes un remilgo anecdótico: no la fonética de natdzhadarayama, por el contrario la mitopoiética, o uno de sus rasgos, de esta civilización. Las criadillas o testículos de toro en el México del XX, la barbacoa, aunque de tigre, la observación astronómica, el desarrollo urbano, el poder, la guerra, el carnaval, el ritual de la sangre, la prostitución, el machismo, los excesos, ¿algo más?. Si lo lees con atención este texto puede ser irreverisible.

El mito del toro, cretense, helénico, la castración. Comer, cocinados, los testículos del toro. Remiso a España, a la tauromaquia, pero ¿con un jaguar mesoamericano?. De ahí la barbacoa, lo por debajo de América, pero lo alto del inquieto murmurar de la invención. Imagen, la señalización: testículos de tigres fritos. La fritanga es intencional…

Barbacoa de tigre, ¿rito alimentario?. Por otra parte el discurso del carnicero: esa colonialidad asumida en el sostén desabrochado de la certidumbre. Un martir, también, empoderado, ciego, villano improvisado, el carnicero.

Entrada al palacio del búque, de la marmita rural, la carne felinesca, no de Fellini sino de felino. ¿Han estado en la tumba de Homero?.

Desfigurar también la memoria: el Popol Vuh, la dimensión inverosímil de la empresa del ejército femenino, el comercio sexual o eso que llamo teibolización de la vida, el líder, entre idiota y tarado pero siempre por encima de todo, incluso de su muerte.

Natd-zha-da-ra-ya-ma, Netzahualcoytl. Barbacoa, palabra del siglo XV para occidente: Cristobal Colón, el exotismo etnocéntrico y el inicio de la era moderna.

Además la presencia de una ritualidad frustrada, irrealidad de un presente donde la mitología termina siendo un drama académico, el de Lingüineto Violatore, o eso que es la obsesividad por un tema de investigación. ¿Algo más? Iré más despacio.

El imperio fue un territorio y lo conocemos por dos vertientes narrativas: la de los hechos, trágicos y fatídicos, y la de la historiografía de los hechos. Los hechos son simples: iban a depilar los testiculos de un tigre en una celebración milenaria y la emperatriz, de incógnito y embarazada de 7 meses, aguillotina al tigre, lo castra pues, y todo se viene abajo. El tigre tiene su historia, de una banda farandulera llamada the Marveolous Chichi’s Band. Y en el rito frustrado participa este carnicero que se convierte en un lider inusual, el lider de un ejército de mujeres y fritangueras de testículos de tigre. Así el carnicero también tiene su historia, sobre todo con la capitana, oposición completa (mujer, inteligente, astuta, sensible, maga) de este personaje. Pero, además, está la emperatriz, con su historia, con sus 7 meses de embarazo, con una expedición que termina mal. Y el contexto, un poco de él: el emperador Wing Chang Chek, revueltas populares, estado de guerra, invasión interplanetaria, fantasía vamos, ficcionalidad de un imposible realista: la alianza de la Tierra, Marte, Neptuno y Saturno, una cuarteta de ejércitos invasores del territorio imperial. Aparece, entonces, el tercer protagonista. Historiador interplanetario, con un nombre sexualizado pero contrario a su esencia racional, Don Lingüineto Violatore. A través de sus escritos conocemos, o eso es lo que él intenta, la situación del imperio cuando se avecinaba su fin. Y somos testigos de su vida, de su autobiografía, somos testigos de sus aprendizajes, al grado neurótico de conocer la lista de materias que cursa en su primer año de carrera universitaria en la Universidad Imperial de Mineí.

Narrar no sólo es hilvanar fragmentos de una historia, nudos anecdóticos y recursos estilísticos, sino también la capacidad de invención de estructuras, desde el detalle mínimo hasta la máxima expresión del contenido del relato. La secuencia propia de este libro intenta recrear las posibiidades de imaginación en distintos niveles: fonéticos y estilísticos, con una serie de nombres y referencias, mitológicos y civilizatorios, con detalles culturales e históricos sobre la cultura natdzhadarayama, aventureros y bélicos, con el ejército de mujeres, la inconformidad popular y también con la erotización del grupo miliciano femenino de fritangueras, irreverente con el principio ontológico de la narración que es la castración del felino y la depilación testicular, por nombrar solo algunos de los rasgos estructurales que componen este universo, esta cosmografía peculiar que incita a imaginar un universo satírico de la realidad humana, en principio.

Hablaré, finalmente, de las ilustraciones a todo color del trabajo, realizadas por el pintor coatepecano Azamat Méndez. Su trabajo muestra una complementariedad a la narrativa mostrando elementos pictóricos explícitos: el carnicero y la sangre, la capitana y la voluptuosidadad, Lingüineto Violatore y la erudición, la emperatriz y su censura, una chichi hecha de muchas chichis como la banda de la Chichi Maravillosa, el ejército de mujeres y su desfile sexual, una biblioteca y archivo, por decir lo menos de las imágenes. Pero el estilo, crudo y mordaz, auténtico, de estas ilustraciones sugiere una lectura del tiempo y de la fantasía natdzhadarayamamítica que funge como contra peso al tono discursivo verbal. Colores, formas, figuras, representan una aleación al texto, inserción de una discursividad apropiada al tono de la narración. Conocemos, de entrada, al emperador, conocemos una ciudad, conocemos los rostros de los personajes principales, excepto el de la emperatriz, y vivimos en carne propia las correrías que se suscitan en el relato: el ataque de los tigres al comboy de la emperatriz Drendovskaya Darayamamita, la imagen del estudioso Violatore indagando sobre el final de los tiempos imperiales, los hallazgos de las primeras expediciones interplanetarias (entre ellos un 69 lésbico), pero sobre todo, las ilustraciones de Azamat sugieren una realización estética proporcionalmente inventiva y consolidada de la invención narrativa. Siguiendo el guión de la narración, aunque con su propio mecanismo interpretativo, Azamat logra plasmar instantáneas cruciales dentro del devenir de la historia, esta historia de una civilización lejana, perdida, olvidada, que en el siglo XXX, y de la mano de un estado tiránico interplanetario dominado por los terrícolas, será desempolvada, estudiada y recreada por este académico con nombre sexualista, en un claro simbolismo psicoanalítico: la castración, la mercantilización sexual femenina, un parto prematuro y el estudioso cuyo nombre remite a una condición lingüística de violencia sexual pero cuyo referente más bien es el cultivo, la paciencia, la obsesividad racionalista, la búsqueda en el pasado para mejorar el presente y fomentar un futuro pleno.

Claves más, claves menos, la invitación es a leer esta novela como un divertimento, como una especie de catarsis irónica, dislocada de modas literarias juveniles, excéntrica y hasta cierto punto experimental, donde quizá se encuentren algunos instantes de risa, de tristeza, de erotismo, de aventuras y, en el mejor de los casos, de recreación y disfrute.

Muchas gracias.

A mi lado estuvo Diego Prado, compartiendo ideas e interpretaciones sobre mi trabajo narrativo, en un tono de charla, de conversación, para acercar al público a esta cosmología irreverente, loca, desquiciada, frente al drama académico serio, racional y profundo. Dimos paso a una sesión de preguntas y respuestas con el público, que fue fructífera, intercambiando opiniones, ideas, dudas y comentarios sobre los ejes que vertebraron la presentación y respondiendo a inquietudes sobre lo expuesto.

En un tono de mucha familiariadad, de mucha calidez, se trató de una iniciación en muchos sentidos: fue la primera presentación de un libro de Diego y la primera presentación cultural en Naufragio, además de la primera exposición pública de mi novela fuera de Xalapa de esta, mi primera novela. En esa medida estoy muy contento, satisfecho y agradecido, con la flota de San Cristobal que ha hecho posible la realización de esta presentación.

Quedaron ejemplares a la venta en la librería Chilam Balam y en la librería Sol y Luna, ambas del centro de San Cristobal. También mi hermano, compañero y amigo del Naufragio, Eric, estará vendiendo algunos ejemplares del libro.

Quedo contento y pleno, con esta aventura de mostrar al mundo a mi hijo, mi novela, que sin pretender los grandes vuelos da vida e intenta abrir un cause a la imaginación.

Despedirse de Rita y Lucha, mis hijas

Me voy a Zamora, sin ellas, triste. Ayer lloré porque estaré lejos de ellas 6 meses. Se quedan en buenas manos. Ayer lloré porque no estoy seguro de si podré llevarlas conmigo después, pero también por la despedida. Mis hijas, mis perritas, mis hermosas bestias. Lloraba y le decía a Lucha que me iba, le decía a Rita, me voy. Llorar no está mal, no está mal despedirse, no es malo cambiar, aunque duela. La historia de Rita, que acaba de cumplir 12 años, es heroica y realmente de admiración. Lucha es la mal educada, como todo segundo hijo. Y yo me encuentro aquí, desconcertado por la empacada, vislumbrando horizontes, intuyendo, viviendo, sintiendo. Sin ser presa de la incertidumbre o la inseguridad, camino, muevo, coloco mis energías.
El viernes encontré un departamento en Zamora, lindo, individual, bien ubicado. Me voy y estoy triste pero estoy contento. Ellas han vivido conmigo y ahora se quedan aquí en Xalapa ¿temporalmente?.

Ayer lloré con Lucha y con Rita y ahora me toca irme.

Rita a la izquierda y Lucha a la derecha, cenando

El pórtico del vuelo

Devana mi presente

enquistes de recuerdos

contra el escalpelo triste

que es mi fantasma.

Fulge la incisiva imagen

otrora orfandad y horrores

hoy proclama de esperanza.

Invadida en este pórtico,

que dejo,

una viga es pedestal

para un nido.

Aves ven en este lugar por abandonar

un lugar para la vida… y sonríe

mi corazón, envuelto en acertijos

históricos y pañales académicos.

Los polluelos crecen y deberán volar:

como yo vuelo, pronto, quizá

como nunca antes, otra vez.

Rebano contra tiempos

en la esfera culminante de los otros

porque en cinta está mi futuro

de una alfombrada señal

que es facto saltimbanqui.

Aventura ahora el insomnio

nuevos salones y viejos ojos

leyendo, aventura paseos,

personas, indagatoria nueva

que es vejez por ser olvido.

Y este nido de aquí es la metáfora

del nido que tuvimos, pero también

realización del nido temporal —abandono—.

Repito contra mi pecho

el signo de una primavera

quinceañera donde bailé

como nadie y entre los fetiches

del sol y de la tierra, del agua

y la madera, esparzo nostalgia

como si comprar tamales de elote

no fuera ya un símil del hogar.

Consanguínea mi paranoia y terror,

mi depresión, mi tristeza, mi ruindad,

emiten una sinfonía monocromática

pero que es la marcha previa

al horizonte nuevo, al vuelo

de los polluelos, próximo.

¿Vivirán? ¿Viviré? Sueño

con una esperanza que no sea política

como si de las fauces de la tragedia

mi destino pariera indómitos festines

luzanianos, literarios, provincianos.

Me voy y en el pórtico de esta casa,

nuestra casa Emi, Lu, Mague,

hay un nido donde unos polluelos crecen.

Vuelo pronto, también, con pendientes

y adeudos morales, con el tino prístino

de un gemido y ese poema de historiadora

que es mi más valioso tesoro, al fin…

Al fin llega un verano y suplanta ese verano.

Llega un ave, confía, arma su nido, sus polluelos

están ahí y les doy avena y temo que su madre

sea cazada por un gato,

que muera de pronto;

me invade la aprehensión de la vida

y los polluelos pían inclementes

—hambrientos y ciegos—

pero el nido soy yo también:

un lugar donde nacer es propicio

y volar la próxima estación del panorama.

Suction

There where we love

we build black holes.

We will always live

in someone else memory

but we couldn’t be happier

than an eagle flying.

We deserve this suction

called living as we put

into others life sense

the tiny pieces of enlighten

hearts. We can always choose

inner destruction or love suction.

Porciones

Importa de los años

el saltar las épocas.

No es dura la dicha

es duro nombrar

atisbos de porvenir.

Importa de la vida

la siembra y la cosecha.

Importante insignificar

en otros todo el tiempo

lo mismo que en nosotros

lo contrario: contrariedad

importar saber gozar

el instante fino, finito

grano de amistad sonrisa.

Embodegar una biblioteca por una nueva vida

He hablado otras veces de los libros de la casa donde habito, estos libros de mi extinta Margarita Urías, una impresionante colección. También yo tengo mis volúmenes en esta casa de madera y ladrillo, muestra de mis búsquedas y de mis snobismos literarios e intelectuales. Hoy me toca embodegar, con naftalina y plástico, mi colección pitoleana, hesseiana, lemaziana, ruy sancheziana,  motemayoriana, y un largo etcétera. Y embodego porque me encuentro en un punto de transición a una nueva vida, como estudiante de doctorado en el COLMICH, llevándome entre otras cosas historias literarias, tomos de estética, compilaciones historiográficas y la fuerte esperanza de salvaguardar mi intento académico hasta cumplirlo cabalmente. Por consiguiente, esta catarsis prefigura el acto de memoria que invita a recordar, por ejemplo, la adquisición de Sholojov y El don apacible, en la librería Da Vinci de la ciudad de Xalapa, cuando en ella se encontraban cosas bastante mejores que las de ahora. Recordar también esas caminatas al CIESAS-Golfo cuando trabajaba con el Dr. Mariano Baéz, cuando transcribía la Literatura Universal de Arqueles Vela, editada por Botas, cuando leí La vida es sueño de Calderón de la Barca, junto a textos históricos y mis incursiones graduales en la obra de Sergio Pitol. También esta manía, este consumismo bibliófilo, es un vestigio que me ha permitido hacerme de un acervo documental importante, sin descartar mis afanes lingüísticos y semióticos, de filosofía del lenguaje, de antropología, pero más en los últimos años de literatura e historia española. Entonces se encuentra los libros que se van conmigo a la aventura académica, y los que quedaran en el sótano temporalmente.

Mis búsquedas en la tradición literaria española son islotes insignificantes de vestigios que más que dar una sólida forma a mis ideas muestran una tergiversada maniobra de asimilación ecléctica. Entonces ¿por qué no asumir que los nacionalismos representan diferencialmente categorizaciones absolutistas que rompieron las lógicas geopolíticas para delimitarlas a las dimensiones cartográficas de los derrotados y los vencedores? El particularismo nacional me ha invitado, además a revelar algo más que las maniobras coloniales y asumir que el tiempo histórico también puede aprehenderse desde una particularidad desatendida académicamente. Es entonces el conglomerado intelectual del siglo XVIII uno de mis principales apoyos y resortes en mi aventura académica: español, con Feijoo, Jovellanos, los Moratín, Iriarte, pero sobre todo Luzán, francés, con Voltaire, Rousseau, Diderot, D’Alembert, alemán, con Kant, Fichte y sin ser estrictos con Hegel, italiano, con Vico, Muratori, novohispano, con Clavijero, ante todo, pero también con Humboldt, Alzate, Boturini, entre otros. Y también es la historiografía, aunque desde lo político económico, como Sarrailh, Bazant, Vilar, entre otros.

Es incluso este acto el rememorar que hace 17 años estábamos llegando a esta casa Luisa, Margarita y yo, cuando concursé en el premio de ensayo del CIDE y quedé finalista. Es recordar que tocaba las canciones del disco Enemigos íntimos de Sabina y Páez, como el viaje a las cercanías de San Marcos para buscar orquídeas y fauna para construir nuestro jardín, con esos platanares de ornato que duraron unos años. Es también recordar la caoba que traje de la playa oaxaqueña Ventanilla un año después, ya sin mi madre, que terminó secándose entre 2007 y 2010. Empacar es deslindarse, conquistar, reflejar, momentos, encontrar notas, ver postales viejas, de amores, de amigos, de cuando la vida era un amasijo de amistades, hoy ya distancia y torpeza, desconocimiento. Empaco entonces porque me voy al COLMICH a estudiar el posgrado con todo el gusto y dolor que eso conlleva.

 

 

Punto de fuga

Mira acaso ocasion

tu faz dintel de alientos:

acudir al baño del solsticio

eres al ser ninguna treta.

Verdad angostura -contra flujo,

increpar las tildes terrenales-

tu laberinto insalubre escribe

disimbolos arquetipos: cielo

¿eres tu nomenclatura estrellada?.

Pisa entonces paso

corte cubierto trenzarnos

este camino color añil,

vida volátil supura:

triturarnos contra el polvo

inseguro que es fruto

alfabético-alfabetización 

del silencio interno- o esa

voz de mantel manchado 

con la jamaica de la tristeza. 

Acuciosa lentitud, frenar 

de la materia el instante

como del método el mecanismo

frena impulsivo el dicho

que siempre sala el aliento.

Lectura en el ahora: el periplo italiano de Elena Croce

Dentro de una actitud crítica y con una elaboración de juicios bastante prometedora la estudiosa italiana ofrece un recorrer la idea de la narrativa italiana de finales del medioevo y los albores del renacimiento. Recabar un corpus de obras, donde encontrar a los clasicos italianos, implica un esfuerzo de historiar la literatura frente a postulados tradicionales que niegan la existencia de una narrativa italiana en esta temporalidad. Y en la revision de Croce, que pasa por Settembrini, no faltan Dante, Bocaccio, Ariosto, Boiardo, y otros muchos prosistas italianos. La lectura implica el esfuerzo de interpretar comparativamente la narrativa que surge en España, Francia y Alemania, por ejemplo, con las producciones italianas. Ágil, documentada, inquietante y convidadora, la lectura de Croce esparce huellas de una tradición literaria que no se cifra necesariamente en el canon nacional italiano sino que muestra los lados flacos de dicha elaboración. Aguda, atenta, plena y contagiosamente crítica, la andanza que ofrece este periplo nutre la comprensión de la literatura italiana en sus expresiones cuentisticas, novelísticas y prosísticas, que establecen un gusto y una creatividad inteligente mayor a la construcción identitaria de la literatura   referente a Italia como nación.

Decir de uno los abismos

Vuelvo al punto

donde inmersa lucha

cifra interiores flacos.

Caminé ruidoso

por el vendaval 

y la juventud no perdona

los amores imposibles.

Decir los abismos

como la vida dicha

resto y desgarre,

entre las ramas

del árbol ancestral.

Ser caída y rincón,

nombrar los dialectos 

del insomnio, espejo

la órbita del tiempo.