Disyunciones

¿Cuánto es dicho ahora

en este mar

de letras y palabras?

Erguimos nuestras voces

contra el espejo de luces

—generaciones entreveradas

sacudimos recuerdos—

pero también callamos

un interior robusto de maquinaciones.

 

Todo fuera

mitad del amor al destino

pero es

maldición

trueque el asomo a las tradiciones

—del registro de Babel estamos inmersos

contra su olvido, siempre, acaso, ronca

imagen que raspa una pulgada de sensatez—

cifradas, encriptadas, desveladas,

mutilación la teoría de leer

los años con la gubia del dolor.

 

Y la tristeza

en los rincones

de las personas amadas

que no te amaron…

Y los reflejos

de reflectores indómitos

cazadores de novedades.

 

En este capitalismo nuestro

de los últimos siglos

somos un segundo horizonte

de fracasos, roturas, marcas.

Yo escribo desde el abigarrado

soplo de un mar quebradizo,

desde el ardor rugiente de un desierto,

desde la fulgente sospecha

de lo intrascendente.

Afila el tiempo

coordenadas inservibles

como juguetes baratos.

¿Somos baratijas literarias?

Sí, también eso, porque

está prohibido amasar instantes

y desde la anchura de la envidia

atraparse, capturarse, entumirse

en traumas anquilosados

como interpretaciones históricas positivistas.

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