Distorsión visual o de la irreverencia del pastiche fotográfico y su sátira

Dejar de fumar en septiembre

12 de septiembre ed 2018, año presente, 20 años atrás, inicio de un tabaquismo heredado. Muerte de cáncer, de mi madre, Margarita, mi padre, Rafael, oncólogo. Cáncer mi hermano Rafael, en Hong Kong. Fumar sinónimo de ser intelectual, dice una maestra, porfa de aquí, ser pose. Fumar, acto inherente a los humanistas ¿vivir? También. 

Cinta negra retirado, hace 18 años hacía mi examen de segundo Dan, al que renuncie. Micro procesos, micro estadías en el actuar fijo de una indómita escena. La drogadicción me vino del rock argentino, de Charly García, también hoy rehabilitado, imagino. Me vino de Fito Páez. Por eso cuando escuché a Spinetta “cuida bien al niño, cuídalo de drogas” entendí su resplandecer. 

Alcohol, marihuana, clase media, años de experimentación psicodélica falsa. Perro. sí. Caer en el acto de colonización pornonarcotecnocrata: distorsión de los afectos, pérdida del sentido de realidad, abismos existnciales. Todo un vigoroso joven renunciando a su vida por un ácido lisérgico. LSD-Silosibe Mexicana-Lophophora Williamsi, como dice el lema de la Universidad Autónoma Metropolitana Hongos, Peyote y Marihuana. 

Esquizofrenia, pérdida afectiva, bloqueo afectivo. Fumar. Mi madre muere por fumadora. Yo fumo. Castigo, sentencia. Deseos de ser escritor, de ser intelectual. Qué lejos está Murakami de mis modelos culturales, que lejos ser un runner intelectual. Falsificación, abominación, humo. La industrialización, la interiorización de la maquinización, mi maquinismo vital. Agencia Federal de Desahuciados. 

Cenizas dejó mi juventud
en este mundialista desgarre.
Hace 16 años, en Kyoto, quise dejar de fumar.

Ser entonces un instante, una muerte, una vida, ese despreciar el respirar, ese dolor de quedar parapléjico por momentos, ese autismo y paranoia televisiva, ese trance que me impedía hablar. Refugio cierto la nicotinización de mi cuerpo, mi vida inscrita en el péndulo del dolor. Con la gubia de los años tejer los asombrosos momentos del despilfarro. 
Axioma la ley quebrantada, axioma la traición, axioma ser de chocolate, axioma ser el elemento gacho, axiomática del sin sentido: verdad que no es lo mismo amar que ser amado. 

2009 poesía, 2000 cambio de milenio, dos mil quinientos versos dilapidados. Libros, turbiedad, dejar de escuchar música, perdido en la marea de los tiempos, no saber decir adiós. Viaje a Sudamérica: Chile, Argentina y Uruguay. ¿Más cigarrillos? Whisky también. Pérdida del sentido, espacio tiempo roto, rotura del ser, quebrantamiento de la armonía, espejismo, crueldad, salud quebrantada. Todos los momentos quedan resguardados en mis intentos previos. Crisis, 18 años, 19 años, 20 años, 1981 año de mi nacimiento. 

La mitad de mi vida he fumado, más de la mitad. Voy a cumplir 37 años. Deje el deporte, no los vicios. Deje la bondad, la belleza, la paz. Encontré el ruido, el salto a una existencia torcida, emblemática del horizonte plagado de decepciones, de tomaduras de pelo, de esa necesidad de fumar, de perderme en el aroma del tabaco. Mi necedad era necesaria. Pelear contra la vida, contra el arrojo mismo de mi instintividad, pelearme contra mi padre, pelear, no querer vivir. ¿Cuán lejos el presente se convierte en una esperanza? ¿Cuán cerca el olvido puede ser verdad? Todos los años, todos los días, le macanización, el terremoto fértil del desahogo, del desahucio, del sentir vergüenza, dolor, rabia, tristeza, rencor, resentimiento, pérdida, perder, sí, estar roto por dentro, disimular por fuera. Cigarrillo, ven, sí, aquí éramos una unidad como de mediados del siglo XX. Cigarrillo, fumar, dijera Shakira Fijación oral, dijera Freud, fijación oral, dijera Belinda ni Freud ni tu mamá, dijera el salto a un eterno retorno, el escarnio infeliz, el feliz instante vuelto fuga de sueños, mateo del tiento exacto, de la precisión esdrújula, del ser un hombre sin destino ni objeto: desobjetivación del materialismo histórico-postmodernidades. 

Comiendo hongos en Xico, hace muchos años. Fumando también. Contra portada de mi libro Reuniones del Milenio que Termina, Épica 2009. Los ayeres no viven para siempre. 


Pedanteria intelectual se apodera de mi tatalidad. Mi filosofía no había cambiado tanto en tan poco tiempo. ¿Acaso vislumbro, en una verticalidad ideológica, que mi espanto radica en un contexto vital que decide tomar las riendas de su propio andar? Los andamios de mi presente son una rendija por la que escondo las huellas y pistas de mi deseo. Promulgo entonces, desde esta monarquía de la nigunidad, el logro conciso, la conducta cierta, el dejar de fumar. Morir de cáncer también es parte de una línea directa, de una condición sanitaria y genética propia. Vivir ha sido hasta ahora una negación. Perdonar, si es realidad, impide un nuevo quebrantamiento. 

Fumar por 20 años
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